Tomado de: http://www.prpop.org/noticias/sept07/norma_salazar_sept15.shtml
Escritos desde el cuerpo: documento
y testimonio en el libro de Norma Salazar
Por Jaime L. Martell Morales, Ph.D.
Universidad de Puerto Rico, Mayagüez
La folklorista Norma Salazar presentó su libro en el Museo de la Historia de Ponce.
(Foto J. Rodríguez)
Antes de comentar el libro “Tite Curet Alonso: lírica y canción” de Norma Salazar, deseo describir lo que éste significó para mí a lo largo de su lectura, y al final, cuando traté de esquematizar lo que leería hoy. Para esto, y como en muchas composiciones musicales que comienzan con un preludio, quiero comenzar esta presentación, aunque a capella, con el cuarto soneo de la canción “Anacaona”, que magistralmente interpretó el ponceño José (Cheo) Feliciano en su grabación discográfica de 1971 titulada “Cheo”:
“Esa negra que es de raza noble y abatida,
Pero que fue valentona, Anacaona”.
Esta cita, que en principio constituye un canto tributo a la memoria de la brava Anacaona, india no negra, cacica de Santo Domingo, es en el fondo un canto de reivindicación de aquellos que por su bravura han defendido lo suyo, y han perecido por ello, muchos, olvidados por la historia. Sospecho que además, en ella se conjuga el anhelo del compositor que espera un acto similar de sus otros, los puertorriqueños de un lado y del otro, en clara manifestación de su bravura y determinación al defender y conservar su raza y su cultura.
En el texto de la canción, captamos también la bravura de su autor, que contra cualquier gesto de dominio o de desvaloración persigue reivindicar, valorar y dar a respetar su “raza noble y abatida”, según se aprecia en muchas de sus otras tantas composiciones, así en “Las caras lindas”, “La Perla”, o la que para mí es emblemática y descriptiva de lo que fue Curet Alonso y sus composiciones, la titulada “Profesión esperanza”. En éstas como en otras letras de sus canciones se manifiesta el amor y el gesto “valentón” del compositor al referirse a su raza y a los componentes de su cultura. Gesto que en esta composición atribuye a Anacaona. Considero, además, que esta canción con su complementaria “Canoabo”, en la que el cacique llora la pérdida de su esposa Anacaona, se aproximan a aquellas narraciones de amor mediante las cuales se ficcionalizó la historia de las naciones latinoamericanas, siempre contada en relatos y novelas como la historia de amor afortunada o frustrada de dos amantes. Considero también que esta composición, como las de otros compositores y poetas puertorriqueños, como Lloréns y Corretjer, entre otros, dota a nuestra memoria histórica y a nuestra historia literaria, de una poesía épica que no tuvimos.
Años de estudio, investigación y vivencias-
El libro de Norma Salazar, que tiene un notable carácter narrativo, constituye a mi modo de ver, una respuesta y concreción de esa memoria, de esa historia de amor que debe ser contada y conservada para la historia. El libro, como una de sus virtudes, constituye una compilación simbiótica del amor de Norma a Tite, del amor entre ambos y de ambos a su raza, cultura y patria, así como del amor de todas las voces que transitan por las letras de las canciones de Tite y que, además, se escuchan en las voces de los cerca de 200 intérpretes y orquestas que el libro registra.
En el “Prefacio” a su libro “Tite Curet Alonso: lírica y canción”, Norma Salazar comenta los factores que originaron la obra; estos son “muchos años de estudio, investigación y convivencia”. El libro, de esta manera, surge como un producto de convergencia entre lo intelectual y lo vivencial. Es una obra en la que se aúnan la investigación académica, la búsqueda documental de los hechos, y el testimonio producto de la vivencia, de lo que se conoce y transmite por lo que se siente y vive. El libro se escribe entonces desde el cuerpo, con los signos que han quedado impresos en la memoria, y que llegaron a ella por los trazos que el tiempo, la vivencia y los sentimientos marcaron en la carne.
El libro de Norma Salazar viene a satisfacer varios espacios que han quedado sin cubrir en lo que se ha escrito sobre Tite Curet y sus composiciones musicales. Viene también a dar a conocer el quehacer poético del autor, que no era de conocimiento general. Veamos su organización.
El libro está compuesto de 25 partes o segmentos: una parte introductoria constituida por un “Prefacio”, en el que la autora comenta los antecedentes y el origen del libro, además de describir su configuración, particularmente con respecto a los estilos de escritura que emplea; un “Prólogo” de Ramón Luis Acevedo, y una “Introducción” en la que la autora, además de justificar el objeto de estudio de la obra, aborda todos los conceptos y marcos teóricos que sirven de base a su método de estudio y análisis.
Contínua con 12 secciones o apartados en los que se analiza la lírica de las composiciones a partir de los diferentes temas; estos son los temas: indígena, patriótico, social, romántico, negrista, jíbaro, santero, de películas, para niños, himnos religiosos, políticos, y deportivos. Cada una de estas partes se compone de un comentario inicial de contextualización, bien histórica o de otro tipo, y del análisis de las letras de las canciones que la autora cataloga según la temática.
Luego aparece, a modo de “entremés”, un poema que Curet Alonso le escribió a la autora quien, según ella confiesa, fue su compañera por años. El poema se titula “Tema para la dueña del amor que queda”. Este poema, según la autora lo evidencia con varios facsímiles, el compositor fue madurándolo poco a poco para “poder expresar lo que aquí se refleja”. Veamos su primera estrofa, un hermoso cuarteto endecasílabo:
“Yo no diré que es nuevo. Ya existía
y de pronto llegó sin decir cuando
y alegre hizo el lugar que está ocupando
dentro de mi habitual melancolía”.
Luego el libro continúa con un generoso segmento sobre la poesía negrista de Curet Alonso. En éste se recoge la muestra poética que aparecería en el último trabajo discográfico de Curet para el año 2001, y de la cual el grupo Pleni-Bom, antes Grupo Kaffir, había dado a conocer parte, principalmente en la voz de Norma Salazar, su directora. Le sigue a esta parte unas “Reflexiones finales” en las que la autora recapitula en cuanto a lo que fue su proceso de estudio y análisis. Reflexiona sobre espacios en que el libro no entra pero que ofrecen un amplio campo de estudio, como lo es el dominio de la expresión poética en el compositor. Finalmente, la autora invita a llevar a cabo otros estudios o acercamientos a la obra, la que según ella asevera, “requiere de una multiplicidad de acercamientos analíticos profundos desde diversas disciplinas”. Ofrece entonces su trabajo como “incentivo para estimular el inicio de dicho proceso”. Y sabiéndose afortunada por haber participado de la elaboración y degustación de la obra de Tite (338) invita al banquete que espera ser celebrado en torno a esta producción poético-musical que es la obra de Tite Curet Alonso. Para ello, anuncia que “La mesa está servida”.
Después de las “Referencias bibliográficas”, el libro cierra, a modo de coda, con seis apartados más: unos “Anejos” en los que se incluye una semblanza del compositor; una entrevista que la autora le hizo al compositor en 1995; un breve artículo de Anahi Lazarte Morales, titulado “La canción de Tite en boca de todos”; y concluye con una carta escrita por la autora y publicada en El Nuevo Día, el 25 de enero de 2006, tres años después de la muerte de Curet. En esta carta la autora le comenta al compositor sobre la postergación del homenaje-concierto que se ofrecería en su memoria. En la dedicatoria que acompaña a esta carta, le declara que su amor por él, “nunca será postergable”. Esta carta cierra con un hermoso belén que la autora le dedica al compositor y poeta.
A este inciso de la sección, le sigue uno titulado “De lo que queda en el tintero”, en el que se explica lo que es un “belén” y se cierra con un poema de Curet titulado “La canción que canto”. Luego se incluye la Biografía del compositor, seguida por unos “Datos biográficos de la autora” según registrados por la Fundación Nacional para la Cultura Popular. Y a modo de registro-inventario, a esta parte le sigue un impresionante y valioso catálogo onomástico de aquellos intérpretes y orquestas que han grabado canciones de Curet Alonso. Como mencioné anteriormente, suman alrededor de doscientos. El libro cierra entonces con una sección de “Agradecimientos”. No obstante; la autora ha dejado la puerta abierta para aquellos estudiosos que deseen participar de la mesa.
Este es el libro que hoy tenemos en frente; que nos ocupó por varios días en una lectura que disfruté; con el que confieso conocí algunos datos históricos que desconocía o conocía a medias. Este es un libro que con su aparente sencillez, y su estilo coloquial, según advierte la autora en el “Prefacio”, “para que los lectores de los sectores populares, se animen a leerlo”, se convirtió para mí en una interpelación para llevar a cabo, a partir de los datos y las aproximaciones que ofrece, otras lecturas, de éste y otros compositores de lo que comúnmente llamamos música popular. La música popular, expresión artística que distinguimos de las formas denominadas cultas pero que en realidad se convierte según profundizamos en su lectura, en un continente de datos y sentidos propios para el estudio no sólo de la música misma sino de nuestra cultura, nuestra idiosincrasia y nuestra historia. Y que, además, brindó a esas llamadas formas cultas, como las de vanguardia, medios de expresión que éstas estilizaron pero a los que no les lograron borrar su origen popular.
Una obra dentro del contexto histórico-
Entre los atributos más sobresalientes del libro está, además de la catalogación temática de la obra, la tarea de contextualización que la autora logra para cada unidad temática. En la “introducción” del libro, Norma justifica el porqué de esta contextualización histórica:
Resulta, para fines de contextualización y análisis social, y lírico-poético, según se indicara previamente, considerar el marco general de los acontecimientos nacionales e internacionales dentro del cual fue fraguándose, creándose y desarrollándose tanto el ser humano como la obra lírio-musical que constituyen, en tanto unidad, el sujeto del estudio y análisis aquí expuesto. Realizar el mismo ignorando dicha contextualización y el análisis del discurso social múltiple –y sin dudas discontinuo y contradictorio por su propia naturaleza- implicaría considerar al “sujeto del estudio” ubicado en un vacío inexpresivo y sin sentido.
Este libro, que para el comentario interpretativo de los textos lírico-musicales y poéticos, los inserta en un contexto histórico-social y cultural -además de incursionar en dimensiones de carácter autorial, filosófico e ideológico- se ofrece también como un protocolo de lectura para aquellos que quieran tener una visión general de la obra del autor, como para aquellos lectores más especializados que pretendan profundizar en el estudio y la discusión de ella.

En sus comentarios contextualizadores, la autora ofrece un panorama y un trasfondo documental importante para situar la obra en tiempo y espacio. Más que una discusión por temas es una aproximación a todos los factores que dieron origen a una obra tan compleja y minuciosa como la de Tite Curet Alonso, a pesar de su aparente simpleza. Es decir, el comentario no sólo procura explicar el origen de los temas y de las composiciones sino que es un acercamiento crítico a las circunstancias histórico-socio-culturales en las que la obra se inscribe. Asi, el libro se organiza también de una manera más o menos progresiva, de acuerdo a los contextos en que las unidades temáticas se inscriben. Por esta razón notamos en ella un orden, que va de lo particular a lo general, de lo nacional a lo internacional y del autor a su pueblo, a su nación y, de ahí, a lo universal.
Otra de las virtudes del libro es su orientación claramente didáctica, de ahí que en el texto pueda encontrarse una disparidad entre el estilo académico y formal de toda la parte teórica de la “Introducción”, y los comentarios de textos, en los que predomina lo coloquial, según visto anteriormente. En este rasgo se evidencia la naturaleza del libro, según comenté al principio, como un producto de convergencia entre lo intelectual-académico y lo vivencial. Creo que aquella divergencia de estilo responde a esta convergencia. Concurro con el autor del “Prólogo”, Ramón Luis Acevedo, en que este libro “es un homenaje motivado por el amor y la admiración” (12); no obstante, no creo que esto sea lo más notable sino lo anterior, esa convergencia que produce un texto escrito a dos voces. De lo que resulta un libro en el que se cruza el documento y el testimonio, el escrito académico y el comentario personal.
Para concluir, a manera de homenaje a Tite Curet Alonso, y a lo que él probablemente más amó, su cultura y su gente, deseo exponer mediante la lectura, y como posludio, la riqueza poética que caracterizó a muchas de sus composiciones. Una de ellas, cuyas imágenes la ubican, a mi parecer, como una de las creaciones poéticas más hermosas y elocuentes de nuestra literatura, al igual que su composición “La Perla”, es su canción-homenaje a “Las caras lindas de mi gente negra”*:
“Las caras lindas de mi gente negra
son un desfile de melaza en flor
que cuando pasan
frente a mi se alegra
de su negrura todo el corazón.
“Las caras lindas de mi raza prieta
tiene de llanto, de pena y dolor
son las verdades que la vida reta
pero que llevan dentro mucho amor.
“Somos la melaza que ríe
somos la melaza que llora
somos la melaza que ama
y en cada beso es conmovedora.
“Por eso vivo orgulloso de su colorido
somos betún amable
de clara poesía.
Tienen su ritmo, tienen melodía
las caras lindas de mi gente negra”.
*Letra de la canción ”Las caras lindas de mi gente negra”, original de Catalino “Tite” Curet Alonso.
(Reproducción del mensaje que el Dr. Jaime L. Martell Morales, catedrático de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, con motivo de la presentación del libro “Tite Curet Alonso: Lírica y canción” de Norma Salazar en el Museo de la Historia de Ponce.)
15/sept/07