En la universidad se contratan a los profesores para llevar a cabo una tarea para la cual no han recibido ningún tipo de adiestramiento y después se espera que puedan enseñar de manera efectiva. No es posible ser efectivo enseñando ciencias, matemáticas, ingeniería, ciencias agrícolas y administración de empresas, si no se han preparado en torno al proceso de enseñar efectivamente. No es lo mismo ser un experto sobre una materia que ser exitoso en una sala de clases.

Varias universidades se han enfrentado a este problema creando centros de excelencia en la enseñanza y requiriendo que los profesores tomen una serie de talleres y completen horas de educación continua. A pesar de que veo algo positivo en esto, no es suficiente. Muchos de estos talleres le entran por un óido y le salen por el otro. El problema es uno de compromiso con el proceso de enseñanza-aprendizaje . El problema es que muchas veces el trabajo de profesor es meramente una excusa para hacer lo que realmente para ellos tiene “standing”: la investigación. Son primero investigadores y si hay un tiempo libre se lo pueden dedicar a mejorar como profesores. La prioridad es publicar, someter propuestas , obtener “grants” y compensaciones adicionales.

La Universidad tiene que enviar un mensaje claro a sus profesores: La prioridad es la enseñanza por encima de todo. La prioridad son nuestros estudiantes. La Universidad tiene que valorar de la misma manera tanto al buen profesor como al buen investigador. Hay que reconocer la labor de esos buenos profesores que día a día realizan una labor de excelencia dentro y fuera de la sala de clases. Hay que decirles que valoramos lo que hacen y que sin ellos no alcanzaríamos la excelencia a la cual aspiramos. Hay que decirles que de ellos depende que podamos salvar a la Universidad.