Mención Honorífica: “Ragazza” por Tere Bruno

Posted by on Marzo 13, 2012   Category: Uncategorized    .

Llegué a la ciudad de Barcelona un siete de enero de 1994. Los barrenderos daban fin al último aliento de Navidad, amontonando con sus escobas las decepciones de un viejo año. A propósito me les acerqué y la emoción que llevaba en mis maletas hizo que el polvo que recogían levantara las ilusiones que traía desde mi país.

— ¡Buenos días — les dije con entonación de artista teatral—. ¿Saben dónde queda la Avenida Diagonal 383?

—Pffs, señorita, la tiene de frente, joder —y esa fue mi bienvenida.

El olor del elevador que me subió hasta el piso donde viviría por los próximos nueve meses me acordó a mi padre. La noche antes de irme de mipuertoricoquerido, su gabán y corbata tuvieron una conversación muy seria conmigo.

—Tú no estás como para seguir buscando aventura—me hablan los dos—. Ya tienes veintitrés años y es hora de que te tranquilices. (En otras palabras, que te busques otro gabán y otra corbata, como yo, para que cuelgues en tu armario hastaquelamuertelosepare).

Pero mis planes eran otros y nada tenían que ver ,como temía mi madre, con enseñarle el taparrabos a algún caballerodelviejomundo que me quisiera conquistar. Simplemente, lo que quería era aplazar lo más posible mi iniciación en la tribu de mujeresencantadoras y alargar la vida de desarreglo que llevaba.

Entré al piso donde me esperaba mi mamá española y la abracé presumiendo que el título establecía un cariño instintivo entre las dos. Ella se quedó tiesa; esa fue mi segunda bienvenida.

—¡Hola, yo soy Teresita!

—Ah no, o Tere o Teresa, pero eso de Teresita es de guardería y ya tú no eres ninguna mocosa.

Me sonreí con la dulzuracaribeña con que uno nace; igual que el ritmo que lleva el movimiento involuntario de las caderas al oír la bombayplena.

—En realidad, —continué, mitigando el tono—mi nombre completo es Teresa Angélica Monserrate, como la virgen de aquí.

—Se dice Monserrat, significa monte aserrado, la virgen se llama la Moreneta y desde Franco yo no visito una iglesia—dijo y yo decidí, de ahí en adelante, permanecer callada.

Después de las veintemilinstrucciones de cómo abrir la ducha, halar la cadena del inodoro, cerrar la puerta, marcar el teléfono y hacer mi cama, me tiró con la bombanuclear: Tienes que estar en casa antes de las doce de la noche o te quedas fuera hasta las seis. He aquí la razón por la cual conozco mejor los centros nocturnos de la ciudad que los que abrían con el sol.

Aunque el propósito oficial de mi vista era estudiar en un programa de intercambio en la Universidad de Barcelona, la intención era otra. Yo estaba allí para inmortalizar lo que quedaba de mi juventud; y lo mismo quería Ragazza.

La conocí en la Plaza de Cataluña después de una noche de tapas y tintos. Aunque los diezyseisbezos (ocho x dos) de mis nuevosamigosdelauniversidad habían tratado de darle fin a la fiesta, yo rehusaba despedirme del momento y decidí caminar, Al entrar a la plaza, divisé una persona recostada frente a un pedestal y me le acerqué. Era una joven hermosa, de facciones delicadas, casi perfectas y unos ojos que parpadeaban con la misma parsimonia del movimiento de su cuerpo.

— ¿Me regalas un cigarrillo?—dijimos las dos al mismo tiempo, cada una con un acento diferente.

— ¿De dónde eres?—le pregunté.

—De aquí. ¿Y tú?

—De allá— le contesté y en un instante nuestras risas solidificaron una amistad.

Ragazza y yo nos volvimos inseparables. De ahí en adelante nos encontramos todas las noches a la misma hora frente al pedestal y entre conversaciones y risas, nos adueñábamos de la plaza, hasta que el primer regaño del sol nos obligaba a despedirnos. Nos entendíamos, porque aunque veníamos de partesdiferentesdelmundo, queríamos lo mismo; que aquello no se acabara jamás.

Así celebramos dos estaciones y brindamos por la llegada del verano. Entre cañas y cubetas, confirmamos nuestra unión transoceánica y lloramos el día que nuestras latitudes regresaran a su lugar. Ese momento llegó como pasajero en un tren desmesurado.

La última noche que pasé en Barcelona, Ragazza no apareció. En vez, había una escultura en el pedestal de una mujer hecha de piedra con el nombre de Juventud. Estaba a medio vestir enseñando su vulnerabilidad; con sus pechospequeños y caderassobresalientes. La escultura mantenía la mirada hacia el suelo y llevaba los brazos recostados encima de la cabeza casi haciendo un cuadro.

Un movimiento letárgico llevó los ojos de Juventud hasta mi mirada. Quise correr, esconderme, gritar, pero no pude; mi cuerpo estaba tan petrificado como el de ella. Vi como, sin cambiar la expresión, sus labios quisieron sonreír y cuando al fin lo lograron, supe que era ella; Ragazza.

— ¿Tienes los brazos atados?—le pregunté con una naturalidad que me sorprendió a mí misma.

—Por el contrario, es una expresión de libertad.

— ¿Tu cara es de arrepentimiento?

—No, mi cara es de tranquilidad.

— ¿Quién eres?

—Soy Juventud, soy Ragazza, soy lo que tú quieres ser; juventud eterna.

Me acuerdo de la resignación de los barrenderos aquel siete de enero cuando llegué a esta ciudad a despedirme de lo que me quedaba de una adolescencia postergada. Me acuerdo de la nostalgia que me provocó oler la colonia de mi papá al entrar al elevador del edificio. Me acuerdo de muchas cosas de ese entonces; pero todavía no me puedo acordar cuando acepté intercambiar mi cuerpo con el de Ragazza para que ella tuviera mi vida y yo su juventud perpetua.

Por favor, si la ven, díganle que me equivoqué; que lo que quiero es seguir viviendo y que aquí la espero.





Make A Comment: ( None so far )

blockquote and a tags work here.

Liked it here?
Why not tryout the sites on the blogroll...