Fri 21 Sep 2007
En los últimos años se habla de la inversión económica millonaria en la educación pública puertorriqueña sin resultados aparentes. Se buscan las causas, y como no se encuentran en definitiva, se habla de mala evaluación. Entonces vemos un clamor por ideas innovadoras que traigan cambios radicales. Pues aquí tengo una, “Implotemos todas las escuelas y rediseñemos pensando en el aprovechamiento, bienestar y salud de los estudiantes y no en el dinero”.
No soy un estudioso del tema pero si me ocupa. Durante mis primeros años de universidad fui a parar a una escuela de arquitectura de Puerto Rico. Durante los pocos cursos que tome con el Arquitecto Jorge Rigau descubrí el diseño arquitectónico como la creación de espacios habitables y no solo cuatro paredes y un techo. Me di a la tarea de buscar a quien se le ocurrió que cuatro paredes, un techo, dos puertas (si tiene suerte el educador) y algunas ventanas son lo ideal para que el estudiante aprenda.
Una de las cosas que encontré es que los salones que usamos en las escuelas y en algunas instituciones universitarias proceden del sistema de fábricas de Henry Ford al comienzo de la era industrial. Como mencionan Randall Fielding, Jeffery Lackney, Prakash Nair (2006) a alguien se le olvido avisarle al sistema educativo que esa era terminó. Ya ese modelo no tiene pertinencia ni utilidad para preparar a los estudiantes en esta nueva sociedad global de cambios acelerados.
Las investigaciones indican que con el diseño arquitectónico adecuado para cada una de las materias a enseñarse y estudiarse se puede mejorar el aprovechamiento académico de los estudiantes y el desempeño de los educadores. Pueden visitar la página Desing Share y ver el patrón de la escuela tradicional y los patrones de diseño recomendados por los arquitectos para la escuela del siglo 21 por área de especialidad o utilidad. Estos diseños deben ser sostenibles y ecológicos, integrando la conservación y renovación de energía así como la conservación del agua.
Espero que algún día el gobierno deje de preocuparse y se ocupe para que no le pase a nuestros hijos como a mí, que estudie en un edificio diseñado para una fábrica de autos y que ya era viejo y obsoleto cuando yo nací.
