Escrito por joseanazagasty el 1 de November, 2009

En memoria de mi hijo José Gabriel

DSC00589Sari Sari es encantador. La primera vez que vi la cascada, desde el rio que recoge sus aguas, me quedé boquiabierto.  Parado en las rocas del río admiré embelesado aquel espectáculo, aquella danza hermosa de aguas saltarinas y juguetonas lanzándose al rio para nadar en el mismo. Quisiera describirles la acción y el lugar con fidelidad, poder plasmar mediante la palabra los detalles de la belleza notable de aquel paisaje dominicano. Pero me temo que no puedo hacerlo.  Tristemente, debo aceptar que carezco de las destrezas necesarias para hacerlo. Estoy lejos de ser un gran escritor realista y naturalista. Pero, y por el otro lado, es simplemente imposible, aun para esos escritores realistas y naturalistas, describir con fidelidad cualquier paisaje, incluyendo el de Sari Sari. Eso es precisamente lo que planteaba Ramón Juliá Marín, autor de Tierra Adentro:

“Si fuera posible no mentir en la descripción de los hermosos paisajes, hallando en la frase el verdadero colorido, las tonalidades perfectas, para dar al cuadro realidad, vida, luz intensa y naturalidad, la ficción sería innecesaria en literatura, y las “Copias del Natural”, cosa harto facilísima para los escritores descriptivos.  La luz de los paisajes no se ha podido pintar todavía.”

Con esas palabras el autor planteaba la dificultad de describir paisajes. Para él, duplicarlos con exactitud, “sacar la copia”, era simplemente irrealizable. Para mí, describir Sari Sari es también ilusorio. Es simplemente imposible pintar la luz de aquel  paisaje dominicano. Demás esta decirles que tomé numerosas fotos del lugar, tratando de capturar su lindeza. Pero aún las fotos no son la copia exacta del paisaje que capturan.  El problema, sin embargo, no es solo describir el paisaje sino también relatar mi experiencia del mismo, sobretodo porque se trata de una experiencia dramática y dolorosa. Es innegable que las descripciones del paisaje están marcadas por las motivaciones y experiencias subjetivas del sujeto que lo describe, muchas veces experiencias y motivaciones contradictorias y conflictivas. Y debo confesarles que es muy difícil para mí compartir las emociones que en Sari Sari  sentí y expresé.  Pero siento que es una de esas cosas que debo hacer. Quizás espero que sea curativo.

Mis primeras emociones fueron alegres. Estaba gozoso porque hacía muchísimo tiempo que no visitaba un lugar tan bello como aquel.  Además, me había tomado un largo tiempo y una fatigosa caminata llegar allí. Eso hacía del paisaje uno aún más hermoso. El sendero que tomamos era tremendamente angosto. El suelo estaba muy húmedo y las hojas hacían del mismo uno muy resbaladizo. Casi tuve que gatear en algunas ocasiones. También tuvimos que cruzar el rio varias veces. Y las rocas del río eran lizas y muy, muy resbaladizas.  En una ocasión me resbalé y salí magullado.

Recuerdo que me paré sobre una de las rocas antes de cruzar el río y hasta me sostuve de un pasamano de madera colocado allí precisamente para ayudar a los visitantes. Pero la roca era demasiado resbaladiza y no pude evitar el resbalo. Pero mientras me precipitaba logré agarrarme con fuerza del pasamano, evitando caer de espaldas al rio. Lo hice en un intento por no mojar y dañar la costosa cámara que llevaba en mi bulto. Afortunadamente, la cámara se salvó de ahogarse pero, y lamentablemente, mi brazo derecho, heroico, sufrió consecuencias adversas. La magulladura o moretón no tardó en expresar su tiñe, estampilla  de mi visita a Sari Sari. No lo dudo, me dolió muchísimo. Me dolió muchísimo. Por algo el guía nos dijo en una ocasión que algunos visitantes terminaban por llamar el lugar Sorry, Sorry en vez de Sari Sari.  Pero el dolor no impidió que gozara mi travesía. Tras enderezarme  y bajar la roca continúe mi camino fascinado con el lugar. Pero mi brazo estaba deeply sorry.

Como señalé antes, me alegré muchísimo al ver la cascada. En el aire las gotas  viajeras, provenientes de las cascadas, nos mojaban el cuerpo. Era un espectáculo  hermoso, recompensa merecida por el esfuerzo de llegar allí. Yo, atónito, contemplaba sonriente y pasmado el paisaje hermoso. Quería acercarme más. Pero llegar a la base de la cascada requería sumergirse en el agua y nadar hasta la misma. La cámara volvió a servir de obstáculo y me impidió hacerlo. Me quedé donde estaba, con las rocas. No pude disfrutar de un buen baño en Sari Sari pero no me importó. Lo más que quería era verlas y admirarlas. Y hasta prefería admirar su hermosura desde donde estaba, sentado en las rocas.

DSC00582Estaba contento. Pero unos minutos después de regocijarme en  la belleza del paisaje la tristeza sustituyó la alegría. Allí, aun parado sobre las rocas, y mientras el roció de la cascada acariciaba suavemente mi rostro algo inesperado ocurrió. Mis ojos se volvieron delicadas cascadas de lágrimas tímidas.  Recordé a mi hijo. Aun no se con certeza que lo provocó pero en aquel momento no pude hacer otra cosa que re-memorar, inconsolable, la muerte de mi hijo José Gabriel. Mientras el rio y la cascada cantaban yo lloraba. No pude evitar expresar una vez más ese desconsuelo terrible que me provocó enfrentar el fallecimiento de mi hijo.  José Gabriel había fallecido unos meses atrás pero yo continuaba sobrellevando su rápida e inesperada partida, abatido por no tenerlo conmigo.

DSC00583Era insólito lo que me ocurrió en Sari Sari  En aquel extraordinario  lugar, en el mismo en el que hacía unos minutos había expresado alegría ahora expresaba una gran tristeza. Peor aún, allí yo avivaba el deseo por un escenario imposible: poder visitar Sari Sari con mi hijo. Imaginaba lo grandioso que hubiera sido que mi hijo y yo hubiéramos podido admirar juntos algún día aquellos inolvidables panoramas dominicanos. Mientras imaginaba lo irrealizable, mis lágrimas, fusionadas con la aguas de río, y junto a las aguas saltarinas de la cascada, comenzaban su travesía por el bosque.

Pasaron muchos minutos antes de que pudiera  componerme de aquella experiencia. Finalmente logré hacerlo, justo cuando los otros viajeros regresaban y se preparaban para iniciar la marcha de regreso. Ensimismado comencé la caminata por el mismo  sendero por el que llegué. Lo cierto es que me hubiera gustado pasar mucho más tiempo allí. Lamentablemente no pudo ser. Sin embargo,  ese episodio en Sari Sari, memorable y dramático, rondará mis memorias por mucho tiempo. Cuando recuerde a Sari Sari recordaré también el vaivén emocional que viví en el lugar, aquella oscilación entre el júbilo y el desconsuelo, la  aflicción y regocijo, el dolor y el placer.  Pero sobretodo recordaré a mi hijo y mi duelo en Sari Sari.

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3 comentarios en “Duelo en Sari Sari”

  1. Leo con cariño y con un no-se-qué agridulce tu descripción -tan genuina, tan sentida- de un paisaje que a mí también, desde acá y sin haberlo visto, se me antoja hermoso y triste. Un abrazo.

  2. wao! este articulo me ha sorprendido mucho! desde mi corazon siento lo de tu hijo, ahora confirme lo que sus estudiantes pensamos, que usted es un estupendo ser humano!

  3. Gracias a ambas por sus palabras. Wao! No se si ya sea un estupendo ser humano pero trabajo en ello. Me alegra que otros lo lean pues es un episodio de mi vida que quería compartir con otros.

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