Los aruaco-taínos

 Prof. Mario R. Cancel (RUM)

Los aruaco-taínos son la comunidad natural mejor conocida. Existe una notable arqueología profesional desde la II Guerra Mundial. A partir de la década del 1980, la arqueología puertorriqueña ha sido revisada y reinterpretada por los especialistas más jóvenes. Si a ello se unen las numerosas fuentes etnográficas e históricas que dejaron los conquistadores, se comprenderá mejor porqué se les conoce tan bien.

 

Si bien es cierto que los españoles generaron documentos sobre los taínos, se debe reconocer que los mismos estuvieron llenos de equívocos. La imagen del taíno en los mismos estuvo mediada por los prejuicios culturales de los conquistadores. El  propósito de los documentos generados no era conocer a los taínos, sino facilitar su control y explotación como fuerza laboral.

 

Los taínos dominaron todo Puerto Rico -Baneque- , Española -Aití- y el Oriente de Cuba - Cubanacán-. Los especialistas están de acuerdo en que alcanzaron el mayor grado de desarrollo entre Baneque y el este de Aití, hoy República Dominicana.

 

Restos arqueológicos

 

Los más notables restos arqueológico son las plazas ceremoniales, parques de pelota o bateyes. Los mismos se usaban para celebrar un juego ritual muy común entre las comunidades pre-hispánicas de América. El mismo era practicado por equipos de 20 o 30 personas de ambos sexos y diversas edades. Consistía en mantener una pelota dura -elaborada de raíces, hojas y caucho- en el aire golpeándola con el cuerpo. Si la bola caía al suelo, significaba una derrota. Probablemente se uso lo mismo como un entretenimiento colectivo que como un espacio para resolver conflictos entre grupos. Es probable que, en ocasiones, la derrota significara la muerte del perdedor

 

Los parque también se usaban para discutir problemas colectivos como la guerra o la paz, y para llevar a cabo ceremonias mágicas relativas a los ciclos agrarios. El modelo más importante de una plaza es Caguana con sus monolitos ilustrados demarcando el campo de juego.

 

El trabajo artístico más notable son ídolos de tres puntas, conocidos como trigonolitos y, popularmente como cemíes. Por lo regular, representaban al dios agrario principal: Yucahú. Su forma se ha asociado al signo de la montaña o el conuco. Las imágenes que en ello se grababan recuerdan el cuerpo de la rana y a la serpiente. En síntesis, se trata de símbolos ligados al agua y a fertilidad que auspician buenas cosechas. Su uso en los conucos, al lado de las semillas de yuca, parece reafirmarlo.

 

Otra muestra del arte de los taínos son los cinturones o collares de piedra y los codos de piedra. Se trata de piedras pesadas con diseños de rostros humanos o de animales, parecidos a los de los ídolos de tres puntas. Los collares, de uso desconocido, se han asociado al juego de pelota. Los codos han sido considerados por algunos implementos para el parto y, por lo tanto, propiciatorios de la fertilidad.

 

Por último, están los duhos o asientos ceremoniales, considerados un signo de poder social. Se trata de sillas o escabeles bajas, propiedad de caciques o jefes poderosos, a manera de trono. En una sociedad que acostumbra añangotarse cerca del suelo, el duho elevaba la imagen y daba una señal de dignidad especial.

 

El orden social

 

La sociedad aruaco-taína estaba estratificada de acuerdo con las destrezas y tareas sociales.

 

El Nitaíno representaba el sector social del cual emanaba el poder. Se trataba de administradores de la agricultura, de la cacería y la pesca, que fungían como jefes militares o asesores del cacique. Es probable que de ese sector social surgieran los caciques o jefes regionales e incluso, los behíques. La función del médico-brujo, el astrólogo y el hombre de ciencia, era tan importante como la del cacique. Los nitaínos son un grupo minoritario y respetado que disfrutaba de privilegios tales como una mejor alimentación y residencia. Debieron contar con distintivos de poder tales como más compañeras sexuales, objetos rituales como bastones o guanines de oro y hasta un maquillaje corpóreo más complejo. La sociedad taína no era una sociedad igualitaria, pero tampoco era una era una sociedad de clases.

 

Los naborías eran la gente común: los trabajadores, pescadores, cazadores que servían a las órdenes de los nitaínos y se sometían a la orientados de la ciencia del behíque. En los márgenes de la sociedad taína estaban los caracaracoles o desclasados. Se trataba de los “raros”, de gentes con deformidades físicas que eran considerados hombres mágicos. Todos los excesos sorprendían a los taínos: los partos múltiples eran fenómenos reverenciados, todo lo anormal era celebrado en los mitos aldeanos.

 

 

Culturas agro-alfareras o aruacas

Prof. Mario R. Cancel (RUM)

Se denomina de este modo a aquellas comunidades naturales que dominan la agricultura y la alfarería o la cerámica. Por ello se les considera sociedades más compleja. La organización de la vida social gira alrededor de la distribución de tareas agrarias, por ejemplo, la reparación de terreno, la siembra y la cosecha. Estas comunidades dominan numerosos elementos de climatología. Reconocen las temporadas de lluvia y las de sequía, y desarrollan conocimientos de astrología pues reconocen los ciclos lunares y solares.

 

Su agricultura se centra en el tubérculo de la yuca a partir del cual producen pan, almidón y veneno. Pero también manejan el grano de maíz el cual sirve para elaborar harinas y licor. Todo parece indicar que frutos como la yautía, también eran cultivados y consumidos por

estos grupos. La agricultura se combinaba con la recolección de frutas tropicales como la amona, la guanábana, el guamá, entre otras. No se puede asegurar que los cultivaran para ese fin.

 

La vida se vida se desarrolla en aldeas medianas y grandes en las cuales dominan las casas de paja y madera. Algunas son de base circular, otras de base rectangular. El tipo de bohíos marcaba ciertas distinciones sociales. Se supone que el amplio caney, de base rectangular y con ventanas, era vivienda de caciques o jefes. Las hileras de bohíos estaban separadas por caminos de tierra apisonada. Pero el centro de la comunidad siempre era la zona de cultivo o conuco.

 

La agricultura y la recolección eran combinadas con la cacería y la pesca en agua dulce y salada. Los consumos accesibles eran la jutía, los mamíferos marinos y los careyes. Los mariscos y los peces de agua dulce, el consumo de pájaros e insectos en los bosques, también debió ser común.

 

La alfarería o la cerámica de una sociedad agraria eran variadas. Lo mismo se elaboraban vajillas rústicas para uso doméstico, o vajillas ritual es para uso religioso. El alfarero debió ser una figura respetada en la comunidad acorde con sus destrezas. La cerámica variaba de acuerdo con su calidad -su dureza, el color-; y por su diseño u ornato -rostros de animales o de personas, caras que ríen o lloran-.

 

Las comunidades agro-alfareras desarrollaron una religión naturalista compleja. La misma interpretaba la naturaleza como un drama de númenes o espíritus, los cuales eran personificados. Esos dioses podían ser “propiciados” mediante peticiones y rituales. Poseían también ritos funerarios complejos los cuáles ejecutaban en cavernas o en descampado. Los cadáveres eran vestidos para la muerte, colocados en cuclillas y se les acompañaba con alimentos para la otra vida. Los huesos de los muertos eran recuperados al cabo de los años para fines rituales y mágicos, o simplemente para ser conservados en los bohíos caseros, como un recuerdo o un amuleto.

 

Los agroalfareros están asociados a la familia suramericana aruaca, la cual se expandió por las Antillas desde el 500 AC hasta el 1,200 DC. Sus restos arqueológicos más relevantes están en La Hueca, Vieques (170-200 A.C.); en Punta Candelero, Humacao (100 A.C.); y en Punta Ostiones, Cabo Rojo, Santa Elena, Toa Baja y Esperanza, Vieques (700-1200 DC).

 

Puerto Rico: Su transformación, en el tiempo. Memorias para marcar la piel

 

Dra. Anayra Santory

Departamento de Humanidades

Sept. 2, 2008

 

Hacía ayer tanto calor que la pregunta retórica de siempre —”¿hace calor, o soy yo?”—me pareció más boba que de costumbre. Consideré que había que sustituirla con un recurso conversacional más serio, con una pregunta casi enjundiosa. “No te parece,” musité “¿que éste ha sido el día más caliente del verano?”  No obtuve respuesta.  Me contestó una mirada incierta que parecía concluir que es imposible comparar el calor de cada día.  Me atuve al silencio.  Después de todo los “calores” son como la historia, son siempre de alguien y dependen de la fragilidad de sus memorias. ¿Cómo comparar uno con otro?  Hacia calor y por el momento no había más elaboración posible. Quizás la habrá mañana, me dije.  Quizás mañana atemos con un hilo imperceptible el calor de ayer con la tragedia que se cernía ominosa sobre una abatida Nueva Orleáns.  De haber resultado ciertos los peores pronósticos, el calor efímero retornarla a mi imaginación como una especie de ave de mal agüero.  Saltarla de mi piel para marcar la fragilidad de mi memoria.  Quedarla impreso junto a las imágenes vespertinas de las ráfagas distantes. “Gustav ocurrió un día de intenso calor”, habría recordado. Mientras aguardaba por las noticias de las seis pensaba en el tenue hilo con el que caprichosamente se tejen las memorias.

El libro de Mario Cancel y Héctor Feliciano Ramos, “Puerto Rico: su transformación en el tiempo” nos propone una ruta inversa a la del calor que recordamos si el dia termina en tragedia. Este libro seductor escrito a dos manos, o mejor dicho, compuesto  a dos manos como el collage  de dos artistas, me ofrece memorias que  aunque ajenas van quedándoseme impresas.  Las memorias de éste libro son memorias que saltan a la piel.  No son memorias cualesquiera, son memorias patrimoniales. Son nuestras como es nuestra una herencia. Como todas las herencias, constituyen un regalo y a la vez una explicación. Explican un poco quienes somos.  Y mientras no se rechacen, como toda herencia ofrecen una identidad.  Descubro que si las reclamo para mi, estas memorias se vuelven vicarias, memorias que otro tuvo en nuestro  lugar. Calores ajenos que se vuelven propios.  Imposible, por lo tanto, enfrentarse a estas páginas con frialdad o distancia.  Después de todo, tampoco seria apropiado.  Ante la lectura de un testamento, hay siempre cierto grado de nerviosismo y reverencia y así me acerco a este libro.  Así acepto, capitulo tras capitulo, las deudas contraídas por el legatario anónimo y así acepto también sus bienes.  Trato de dejarme transformar por lo que estas memorias han testado.  Me voy preguntando como he vivido sin ellas.  Me siento como los robots de Blade Runner cuando descubren que las memorias de la infancia que atesoran no son suyas, que le han sido implantadas. ¿Quién he sido? ¿Quién he dicho ser?  ¿Cómo he andado por el mundo vacía de estas memorias ajenas?

¿Cómo he podido desconocer los pocos nombres que se recuerdan de los esclavos que conspiraron y se rebelaron en nuestro lugar? Y digo en “nuestro lugar” en más de un sentido.  Primero, porque conspiraron en el lugar que llamamos nuestro, Puerto Rico; y segundo, porque queremos creer que en “su lugar” nosotros también hubiéramos conspirado.  Marcos Xiorro, Antonio Congo, Jaime Bangua, Goleta, Sogui, Goa, Dan, Bernabé, Enrique Longobá: ¡Presentes! Luchadores todos de la primera mitad de nuestro siglo XIX por su libertad, por su igualdad, por la posibilidad misma de cualquier fraternidad con los blancos.  ¿Cómo no recordar también a los hombres y mujeres que sufriendo en carne propia su condición de vasallos, y viviendo sin los derechos más elementales a la palabra o a la reunión declararon como prioridad concomitante a la suya, la libertad de sus hermanos más indefensos y recurrieron a todos los medios -legales e ilegales— para liberarlos? ¿Cómo desconocer, por ejemplo, a quienes valientemente presentaron en abril de 1867 ante las autoridades españolas el famoso Proyecto para la Abolición de la Esclavitud en Puerto Rico a pesar de que quedaba expresamente prohibida en la agenda esta discusión y a pesar de la disidencia de parte de la delegación puertorriqueña y cubana?  Segundo Ruiz Belvis, José Julián Acosta, Francisco Mariano Quiñones: ¡Presentes! ¿Cómo olvidar a Betances, orgulloso de ser “prietuzco”, maestro en todas las artes que llevan a la libertad? ¿O al maestro de José Julián Acosta, Rafael Cordero, tabaquero negro y fundador de una de las cuatro escuelas para niños con las que nos amaneció el siglo XIX? ¿Por qué no sabía yo que la hermana de éste Celestina abrió una escuela para niñas casi 20 años antes que su tan mal recordado hermano?  ¡Cuánto bien nos salió de esas primeras letras impartidas por manos negras a niños negros y blancos!

Es tan corto este testamento -corto a pesar de las 500 páginas frente a mí— que creo poder compensar los años perdidos aprendiéndolo de memoria.  Quiero hacer de estas memorias legadas, memorias propias.  Quiero que estas memorias ajenas, vicarias y ahora mías marquen mi piel.

Puerto Rico: su transformación en el tiempo” nos regala memorias hechas de piedra, papel y tijeras.  Memorias que saltan de registros formados por el barro y la piedra, por las letras olvidadas en el papel de las cartas, por las marcas en la piel de los esclavos, memorias recientemente recortadas por tijeras.  Las memorias que elaboran los autores comienzan en el Cretáceo Superior de la Era Mesozoica, cuando surgieron, casi con el tiempo mismo, esas estructuras antidiluvianas que los geólogos denominan el Batolito de San Lorenzo y el Complejo de Utuado. Comparable a la hazaña del director chino Zhang Yimou en su magistral condensación fílmica de 5,000 años de historia de la China al inicio de las Olimpiadas, nuestros autores reman del cretáceo hasta la orilla del presente.  Se detienen en la antepenúltima página del libro que publican ante una nueva formación de piedra, ésta vez del paleolítico jurídico puertorricense: el Paseo Caribe.  Lo proponen como ejemplo de la confrontación entre aquellos que defienden el escenario natural que tomó millones de años formar y los que lo consideran telón de trasfondo para sus oportunidades de ganancia.  Mencionan de un lado a Tito Kayak, del otro… la lista de compradores la ofrece Claridad  en la página 5 de la edición del 21 al 27 de agosto del presente año.  Olvidan nuestros autores mencionar lo que he aprendido en páginas anteriores.  Que muy cerca de ahí precisamente, y utilizando a San Jerónimo como apoyo, se libraron en 1797 las primeras batallas de milicianos puertorriqueños en la defensa de una tierra que sentían suya, aunque su gobierno estuviese en otras manos.  Nos cuentan: Más que la expulsión de los invasores ingleses, la importancia del hecho es que fue la primera vez que sectores considerables del pueblo puertorriqueño, aunaban esfuerzos para defender masivamente “su propia patria” Aunque hubo ocasiones en las que los hijos del país siempre hablan demostrado su valentía, en 1797 fue otra cosa muy diferente.  No se debió pensar únicamente en enfrentar y salir de un peligro inminente como era la invasión inglesa, sino que afloró una conciencia nueva por la que la gente debió tener claro que una victoria de los ingleses significarla la introducción en el país de cambios muy profundos. A eso, pensamos, no estaban dispuestos los puertorriqueños. (133) Paseo Caribe, en su modernidad depredadora de los bienes colectivos que son los recursos marítimo-terrestres, depreda también el muy tangible espacio de unas memorias intangibles.  El Tribunal Supremo de Puerto Rico, que no está para historias, desconsidera esta dimensión de los terrenos bajo litigio y nos compensa con un callejoncito escénico hacia el lugar de los hechos. Nuestro patrimonio queda reducido a un callejón.  Más logró en 1797 un tal “Pepe Díaz, el soldado más valiente que el Rey de España tenía.”

El libro que presentamos ante ustedes, aunque sirva de testamento, no debe confundirse en su forma.  Reiteramos, es un libro seductor.  Se abre lleno de fotos, ilustraciones, rutas y mapas en un afán por no imponerse, por ser polifónico, por invitarnos a jugar y a dejarnos seducir por la mirada.  A diferencia de los demás libros para adultos, éste no reclama que fijemos la atención en un sólo punto gris. Ni que nos movamos monótonamente de derecha a izquierda, de arriba hacia abajo. Al contrario, abrir las páginas de este libro es enfrentarse a una misteriosa fuerza centrifuga.  En cada esquina nos incita a ponerlo un lado y a seguir un rastro en la virtualidad de la web o en el mundo paralelo que trae contenido en un CD.  Más que libro, este libro quiere ser puerta y no puerta ornamental, orgullosa de sí, sino indispensable puerta de escape.

Decía Arcadio Díaz Quiñones en su ensayo La Memoria Rota que al final, “en todo enfrentamiento crítico del pasado late implícita la esperanza de un nuevo comienzo”.  Los autores concurren y apuestan sin decirlo a los efectos acumulativos que tendrá el que muchos atraviesen la puerta de su libro y crucen a ese universo ignoto de memorias ajenas que son también nuestras.  Y apuestan a que de allí surgirán gentes con una nueva voluntad de presente. Si así ocurriera, el presente tendría que ser distinto, y no por alguno de los cataclismos que ahora parecen inevitables, sino por una refrescada apreciación de nuestras encerronas.  A lo mejor simplemente porque nos cae de pronto un cansancio de siglos y por que se hará inevitable sacudírnoslo para seguir viviendo. O a lo mejor porque reconoceremos las múltiples ocasiones que hemos andado en círculos.  Como por ejemplo, en torno a la discusión del tema del status.   En uno de sus mejores capítulos los autores explican en detalle y concluyen valientemente lo que ni todavía el gobernador del país se atreve a afirmar.

(…) que la Ley 600 (Ley de Relaciones Federales con Puerto Rico) sólo se aprobó para permitir cambios en el gobierno interno del país, lo que se encomendó al pueblo y a la Asamblea Constituyente que se organizara según lo estipulado; pero las relaciones políticas y económicas entre los dos países quedaron intactas, como se hablan establecido por las leyes Foraker (1900) y Jones (1917). (350)

Y que por consiguiente, las relaciones entre ambos países se encuentran “más o menos en el mismo punto en que las dejó la Ley Foraker a principios del siglo XX.” (505)

Pero los ejemplos que hacen que el presente se parezca casi misteriosamente al pasado trascienden la improductividad de las estrategias oficiales para zanjar el asunto del status. Parecen amontonarse los informes acerca de la realidad del país: desde la Memoria de Melgarejo en 1582, los informes  de Alejandro O’Reilly en 1765, los Informes ante la Junta Informativa de Reformas en 1866, el Plan Chardón de 1934, dos informes de la Brookings Institution, uno en el siglo XX y otro en el que recién estrenamos. En fin, a excepción de la Cuba de los planes quinquenales debemos ser la sociedad más estudiada del Gran Caribe.

Igualmente semeja ser también un fenómeno de hondas raíces el entrecruce constante en nuestro país entre la ilegalidad y la legalidad, entre la oficialidad y la “brega”, entre la más alta alcurnia y lo que hoy llamamos ciertos aspectos de la “economía informal” y antes denominábamos meramente como contrabando. Fue Miguel Henríquez, y no otro, mulato y zapatero de oficio el primer millonario puertorriqueño, dueño de una flota de barcos, y quien, a pesar de los dudosos orígenes de su fortuna recibiera del rey Felipe Ven 1713 los títulos de Capitán de Mar y Tierras y Caballero de la Real Efigie (153).  Si ponemos a un lado el importantísimo aspecto de la utilidad social del contrabando en el siglo XVIII, el escándalo de Coquito y los narco-legisladores desaparece ante cualquier intento de comparación, sin que logre, claro está, condonación alguna.

Por último, quisiera señalar la lucha desesperada por los pocos espacios “de influencia”, según el decir de nuestros autores que existen desde el comienzo de nuestra vida colectiva.  Aparentaría ser que donde el gobierno propio es tan limitado, cualquier cuota de poder se disputa a muerte.  “A mediados del siglo XVI,” dicen Cancel y Feliciano, -como a principios del XXI, añado yo—en Puerto Rico se produjeron una serie de controversias por los reducidos espacios de poder que existían más allá de los que controlaban los gobernadores y obispos.  …Una de estas áreas fue la posesión de tierras [...] Otro campo de batalla política fue el control de los dos ayuntamientos isleños y de los puestos de regidores, alcaldes ordinarios y otros cargos.  Un último escenario de estas luchas fue el religioso. (120) Cualquier parecido con la lucha desesperada de Castro Font o Acevedo Vilá por los espacios en sus respectivos partidos es de seguro producto de una febril imaginación que lleva ya demasiado tiempo transitando por estas memorias. Escapo el ejercicio de ver el presente en los registros del pasado y me acojo al consejo final de nuestros amigos que nos advierten que a pesar de la importancia de la historia, y la desvalidez de carecer de las más elementales memorias, lo fundamental es que todos comencemos a pensar sobre el tiempo que se vive, desde el tiempo que se vive.”  Por que después de todo, “lo más complejo es apropiar el presente pero, dada la situación, esa es una responsabilidad que no podemos evitar.”

 

Puerto Rico: Su transformación en el tiempo de Mario R. Cancel y Héctor R. Feliciano. Comentarios Preliminares.

 

Dr. José Anazagasty Rodríguez

Departamento de Ciencias Sociales

Sept. 2, 2008

 

Cuando Mario R. Cancel me pidió que comentara Puerto Rico: Su Transformación en el Tiempo, y habiendo leído y revisado otros de sus escritos, accedí entusiasmado.  Además, también había tenido la oportunidad de conocer Héctor R. Feliciano, quien había enseñado cursos de historia en nuestro Departamento de Ciencia Sociales. Lo que no sabía era que tendría tan poco tiempo para leer y revisar el libro. Es por ello que mis comentarios sobre el mismo son el resultado de una lectura inicial del mismo y, por ende, preliminares. Lamentablemente, solo tuve la oportunidad de leer varios de sus capítulos antes de esta presentación.

Aunque no he leído todo el texto ya me atrevo a señalar que Puerto Rico: Su Transformación en el Tiempo es un libro excelente. Y, créanme, es difícil que yo me exprese así de un libro de texto.  Confieso que no me gustan los libros de texto; es muy raro que los utilice en mis cursos.  De hecho, para mis cursos de sociología, aun no he encontrado un libro de texto con el que me sienta satisfecho. Y los de historia tampoco son del todo satisfactorios. Es por ello que mientras leía Puerto Rico: Su Transformación en el Tiempo recordé otro libro, uno de esos títulos controversiales, que había utilizado en mis cursos de culturas estadounidenses y estudios étnicos en Washington State University. Se trata de Lies My Teacher Told Me de James W. Loewen.

En ese libro Loewen examina los libros de texto utilizados en las escuelas superiores estadounidenses para concluir que la mayoría contiene errores y omisiones, muchas de las cuales responden a la posición ideológica y nacionalista de sus autores. Sin embargo, sabemos muy bien, que esos errores y omisiones no se limitan a los libros de textos utilizados en escuelas superiores y tampoco se limitan a libros de la historia estadounidense. Aunque un estudio similar no se ha hecho en Puerto Rico, me atrevo a plantear como hipótesis que lo mismo ocurre con los libros de texto puertorriqueños, incluyendo los utilizados en las universidades del país. Pero ese no es el caso Puerto Rico: Su Transformación en el Tiempo.

Loewen comienza su libro planteando que la mayoría de los estudiantes de escuela superior odian los cursos de historia. Pero esto es también cierto de muchos estudiantes universitarios. Muchas veces escuchamos a nuestros estudiantes decir que los cursos de historia (y también los de las otras ciencias sociales y las humanidades) son irrelevantes y, sobre todo, aburridísimos. Si pudieran evitar tomar esos cursos lo harían con mucho gusto. Y cuando se ven obligados a tomarlos parece que reprimen lo aprendido, ya que muchos de ellos desconocen eventos, procesos y detalles importantes de nuestra historia. 

Para Loewen la actitud de los estudiantes es consecuencia de los libros de texto alrededor de los cuales son diseñados la mayoría de los cursos de historia. Estos cursos giran alrededor de esos libros.  Pero para muchos estudiantes esos libros son aburridísimos y muy extensos. Y la verdad es que la mayoría son pesados, y no solo en contenido. Es que de verdad pesan. Puerto Rico: Su Transformación en el Tiempo, por ejemplo, pesa poco más de 2 libras, y es extenso, sobre unas 500 paginas. Pero contrario a los libros descritos por Loewen su contenido esta muy lejos de ser pesado. Es un texto fácil de leer pero su contenido es profundo e inquisitivo, producto de un excelente trabajo investigativo. Además, su icnografía es sorprendente y posee suplementos interesantísimos, incluyendo un CD-ROM muy útil.  Finalmente, esta muy lejos de ser aburrido. Las “sugerencias de investigación” serían un reto intelectual para cualquier estudiante y prometen discusiones interesantísimas en aquellos cursos que adopten el texto. Es mas, esas sugerencias muy bien podrían ser utilizadas por estudiantes en los cursos de investigación histórica. El texto incluye además paginas de información sobre temas que, utilizados de manera adecuada, enriquecerían las discusiones y debates en los salones de clase. Y los estudiantes muy bien podrían hacerlo por si mismos.

Otro problema con los libros de texto identificado por Loewen es que los mismos rara vez utilizan el presente para iluminar el pasado ni el pasado para iluminar el presente.  Por un lado, el presente nunca es una fuente de información para los autores. En contraste, Puerto Rico: Su Transformación en el Tiempo, dedica un capítulo al Puerto Rico contemporáneo y a lo largo del texto incluye temas de actualidad como el Corredor Ecológico, el avance de la bioeconomía en la isla,  la congestión vehicular, y hasta los impuestos sobre las ventas y uso, entre numerosos otros temas. También plantea estos temas de tal manera que permiten al lector establecer conexiones entre el presente y el pasado, utilizar eventos y procesos pasados para entender nuestro presente. Por ejemplo, en el capítulo 17, Cancel y Feliciano relacionan el estado actual de industria lechera, la industria avícola, la pérdida de terrenos fértiles y la decadencia de la agricultura, al desarrollismo y su parcialidad a favor del desarrollo industrial.

Por otro lado, Puerto Rico: Su Transformación en el Tiempo, permiten también lo opuesto, utilizar el presente para entender el pasado. Por ejemplo, en la pregunta 5 del capítulo 4 Cancel y Feliciano invitan a los lectores a examinar la situación actual de los extranjeros caribeños en el contexto de los procesos demográficos que caracterizan la isla. Y en las preguntas 6 y 7 del capítulo 5, los autores exhortan a los estudiantes a examinar la presencia de las tradiciones indígenas y africanas en el Puerto Rico de hoy.  Partiendo del presente los estudiantes se enfrenta a la larga y compleja historia de esas tradiciones.

Para Loewen la mayoría de los libros de texto promueven una pedagogía y procesos de enseñanza y aprendizaje inefectivos y que promueven la memorización de la información, la “botella” como dicen nuestros estudiantes. El libro de Cancel y Feliciano, sin embargo, podría ser utilizado de otra forma, una que promueva el pensamiento crítico y reflexiones inteligentes y perspicaces sobre la vida social puertorriqueña y sobre temas controversiales. En fin, el libro nos ayuda a establecer conexiones entre nuestro presente y el pasado.

Quiero, antes de terminar, destacar otras dos contribuciones importantes de Puerto Rico: Su Transformación en el Tiempo.  La primera, es que el texto, contrario a muchos otros textos de nuestra historia, expone a los lectores a nuestra historia ambiental.  Toma en cuenta el cambio ecológico en la narración histórica, sobre todo las transformaciones ambientales de las que somos responsables. Ciertamente, el libro no es un libro de historia ambiental pero dirige la atención a la relación entre esos cambios ambientales y nuestra historia. Por ejemplo, en el capítulo 1 establece una relación entre la historia de las diversas representaciones geográficas y geopolíticas de la isla y nuestra historia económica y política. Y en el capítulo 3, Cancel y Feliciano destacan nuestra relación con la naturaleza, y como la misma ha transformado el ambiente dramáticamente. Examinan como nuestras intervenciones en la naturaleza, la explotación de sus recursos, han provocado numerosos problemas socio-ambientales como la deforestación, la degradación de los abastecimientos de agua, y la contaminación. 

La otra contribución que quiero destacar es que Cancel y Feliciano, a través de Puerto Rico: Su Transformación en el Tiempo, también exponen a sus lectores a un excelente panorama de nuestra historia cultural, una historia muchas veces ausente en los textos de historia tradicionales. De hecho, el libro es descrito como “una interpretación socio-cultural de la historia de Puerto Rico.” Nuestra historia cultural penetra casi todos los capítulos del libro, siendo los más importantes los capítulos 10, 15 y 21 que versan sobre la historia cultural del siglo 19, la relación entre cultura y educación entre 1900 y 1940 y la historia cultural desde los años 50 hasta el presente, respectivamente.

En fin, Puerto Rico: Su Transformación en el Tiempo es un libro de texto excelente escrito por dos destacados historiadores que son además dedicados educadores.  Es también uno de esos libros de referencia que todos deberíamos tener en nuestras anaqueles privados. Les invito a adquirir una copia y leerlo. Y si es maestro y/o profesor de historia considere asignarlo a sus estudiantes.  No se arrepentirá de hacerlo.

 

Mario R. Cancel: Escritor Distinguido del Año 2008

“Gota que cae sobre el crisol del mundo. Poema.
Una sola manera de examinar el caos.”
Mario R. Cancel

El PEN CLUB DE PUERTO RICO

Invita a su primer magno evento:

Escritor distinguido del Año 2008
Otorgado a:

Mario R. Cancel
Profesor, historiador, crítico, narrador, poeta
Buen amigo

Dictará la Conferencia Magistral

Reflexión sobre la literatura actual:
Escribir en Puerto Rico

Jueves 25 de septiembre de 2008
7:30 PM

Sala de Facultad
Universidad Sagrado Corazón
Santurce, Puerto Rico

Junta directiva del PEN Club de Puerto Rico

Mairym Cruz-Bernall
Ana María Fuster
Emilio del Carril
Elsa Tió

Información 787.645.9533 / 787.307.4066

Contaminación ambiental: un análisis cultural

AutopistaMario R. Cancel

Historiador y escritor

 

La contaminación ambiental es la alteración del balance ecológico por medio de agentes biológicos o químicos. Una variedad de actividades domésticas, agrarias e industriales producen contaminantes. Los especialistas están de acuerdo en que la contaminación ambiental es más intensa en sociedades con economías más complejas y desarrolladas que en aquellas que poseen economía simples y naturales.

 

La contaminación doméstica está relacionada con la generación de desperdicios sólidos en actividades corrientes y su disposición. Una estadística del año 2000 indicaba que en promedio cada puertorriqueño producía 5 libras de basura por día. Durante mucho tiempo esos desperdicios fueron depositados en vertederos convencionales. En 1990 el país tenía 64 vertederos activos, pero en 1994 las autoridades federales ordenaron el cierre de 32 de ellos. La conciencia del problema de cómo disponer de nuestros desperdicios sólidos se desarrolla a partir de aquel acontecimiento.

 

La alternativa viable que se estableció en aquella época fue el reciclaje. Reciclar significa estimular la reutilización del plástico, vidrio, aluminio, papel y cartón, hormigón, acero, cartón, papel, residuos de jardinería y madera, entre otros, con el fin de evitar que los mismo terminen en la naturaleza y dañar el ambiente. Las campañas de reciclaje proyectaron el mismo como un deber ciudadano, pero también dejaron abiertas las puertas para que se le viera como una empresa lucrativa. En 1993 se fundó el grupo Industria y Comercio Pro-Reciclaje (ICPRO) con el fin de capitalizar el reciclaje y promoverlo como una empresa lucrativa en la era global. La relación entre el discurso del reciclaje y el cierre de los vertederos es evidente.

 

Sin embargo, a pesar de que la ley ordena el reciclaje de 35 % de los desperdicios, las tasas de reciclaje en el 2006 ascendieron a solo el 15.31%. En 2007 la tasa ascendió a un 18.75% ambas muy por debajo del por ciento establecido por ley. Ante el fracaso parcial del desvío y reciclaje, el estado ha vuelto a considerar la posibilidad de reconvertir la basura en energía eléctrica mediante su incineración a pesar del carácter contaminante de las mismas.

 

La contaminación agraria está relacionada con el uso intensivo de pesticidas, plaguicidas y abonos químicos en los procesos agrarios. Esos procesos no solos contaminan los suelos sino los productos alimentarios. El uso indiscriminado de preservativos y aditivos, tan comunes tanto en la industria del trash food como en productos de uso doméstico corrientes, y la creación de alimentos genéticamente modificados, representan nuevas fronteras de las cuáles apenas se empieza a tomar conciencia.

 

Uno de los mayores problemas para enfrentar el fenómeno de la contaminación alimentaria tiene que ver con que, dado que la producción de alimentos está por debajo de las necesidades, el mercado estimula la experimentación como una garantía futura de nuevos ingresos para la industria. En cierto modo, las necesidades del mercado no estimulan el desarrollo de una agricultura y una industria alimentaria amigable al ambiente.

 

El consumo de ese tipo de contaminantes genera defectos en los fetos y afecta su sistema inmunológico y neurológico, del mismo modo que otros son potencialmente carcinógenos.

 

La contaminación industrial es, por demás, la más conocida y la más obvia. En el caso de Puerto Rico ha estado asociada a las refinerías de crudo y a las farmacéuticas. Se trata de los efectos que los disolventes, aceites usados, pinturas y partículas de metales pueden tener en los suelos y los acuíferos. Los efectos sobre la agricultura y sobre los costos del agua que consumimos son bien conocidos.

 

La contaminación urbana está relacionada con una diversidad de factores propios de la vida moderna: la ciudad es el paraíso de la contaminación. Las razones para ello son numerosas. La generación de desperdicios en la urbe es inmensa y los desperdicios biológicos humanos y sus sistemas de disposición son un foco de bacterias. Aparte de ello, la contaminación del aire producto de los vehículos de motor eleva los niveles de calor. Otras formas de la contaminación de las cuáles todavía no se tiene mucha conciencia son la de ruido, luz artificial, ondas de comunicación o, incluso, la que generan los billboards o pantallas electrónicas.

 

El paisaje urbano es un palimpsesto anárquico y atrayente por su condición de centro de trabajo y capital. Pero ello también las convierte en un foco de tensión nerviosa y afecciones físicas que no garantizan una vida sana ni genuina. El problema central de la conciencia de la contaminación urbana consiste en que muchos de los elementos contaminantes, son también iconos sociales muy valorados en sociedades acostumbrados al publicity y al consumo. Ese el caso, por ejemplo de los automóviles que usan combustibles fósiles, los billboards de promoción intensiva o de los teléfonos móviles en tiempo de comunicación salvaje. Dado que para la gente en el mercado poscapitalista el consumo es un medio de construcción de la identidad, es difícil convencerlos de que lo consumido puede representar un problema para su salud.

 

El caso del automóvil es emblemático. Hacia el año 2000 en el país había 51 carros por cada 100 habitantes para un total de 2, 150,000 autos. La recesión que se afirma desde 2005 y los aumentos en los costos del combustible contrajeron el mercado automotriz pero no desembocaron en un uso más intenso del transporte colectivo. Lo único que la gente hizo fue comprar vehículos que gastaban menos gasolina o adquirir híbridos. La tendencia a considerar el auto una necesidad y un componente de la identidad de mercado, sigue allí.

 

La contaminación nuclear es un fenómeno de la Guerra Fría (1947-1991). En ello jugó un papel crucial el valor geopolítico y militar de Puerto Rico para estados Unidos. La relación sumisión a ese país invisibilizó el problema en muchos casos. Entre 1963 y 1968, un reactor nuclear fue establecido en Rincón sin que las protestas de ciertos sectores pudiesen impedirlo. En 1965 se usó un predio de “El verde” en El Yunque para experimentar con cesio radioactivo. Los daños al ambiente fueron enormes y el mismo no se recuperó hasta 1989. Culebra (1902-1975) y Vieques (1947-2003) estuvieron en manos de la Marina de Guerra para sus prácticas de combate. El manejo de materiales radioactivos en los predios de ambas isla fue enorme sin que nunca se hayan podido fijar responsabilidades en este escabroso asunto.

 

En síntesis, una diversidad de factores económicos y políticos explican la contaminación ambiental en el país. A pesar de que las luchas comunales y civiles más notables hoy apropian el discurso ambiental, la conciencia ambiental de la ciudadanía es cuestionable. El fracaso de los proyectos políticos verdes o ambientalistas, y el hecho de que las izquierdas hayan adoptado un discurso verde solo después del fracaso del socialismo real, demuestran que el ambientalismo sigue siendo una propuesta subdesarrollada en el país.

Mitos, alianzas, elecciones

Mario R. Cancel 

 

 

Mario R. Cancel

Historiador y escritor

 

 

 

Las ruinas de Puerto Rico no son sus estructuras coloniales o sus espacios abandonados: son sus figuras públicas. Dos candidatos a gobernador –Acevedo Vilá y Fortuño—conversaron en un espacio radial sobre los alivios contributivos para la clase media. Un tercero –el único economista— arribó sin invitación. El cuarto no asomó la cara.

 

Un legislador de rango –Aponte— desautorizó a su jefe político y perdió los estribos ante la prensa. Al otro día convocó una “sesión extraordinaria” –en lugar de unas “vistas públicas”— para discutir los dichos alivios ¿Quién manda en el PNP?

 

La sesión despachó el asunto contributivo en minutos. Lo que querían era autorizar a Aponte a presidir una Periódico Expresióncomisión para investigar los gastos de la defensa del gobernador de sus 19 cargos federales. El asunto había llegado a los tribunales unos días antes. La oposición de las minorías fue reprimida apagando los micrófonos. San Inocencio gritó al tirano, y Vega Ramos solicitó la palabra sin éxito. Nelson del Valle, Lourdes Ramos y Rafael Rivera – de mayoría— celebraron la actitud de Aponte.

 

Es trágico que allí se encuentre el “futuro” del país

 

Mitos: elecciones 2008

 

No todos los ciudadanos han perdido la confianza en ese tipo de político profesional. A pesar de todo, un político agresivo y vulgar se ajusta a la imagen que atrae al elector promedio. Pero ¿cómo restituir la confianza de aquellos que se han resentido con esa praxis política? No se trata de un sector sin importancia sino del ciudadano opinionado que todavía espera que las elecciones pueden servir para algo.

 

Los publicistas de los partidos están jugando con una diversidad de mitos. Los expertos en imagen confían en el poder de esos relatos sintéticos, coherentes y mágicos.

 

El mito más poderoso y tradicional es el poder de la clase media. Convencer a ese sector de que los partidos están comprometidos con ellos no es fácil en un sistema que los expolia para pagar sus gastos excesivos.

 

El otro es el mito del pasado glorioso que conduce hasta el líder de turno. Las fiestas genesíacas de 25 y el 26 de julio sentaron a la mesa a Barbosa y Ferré con Fortuño; a Baldorioty y los Muñones con Acevedo Vilá. Irizarry Mora convocará a Lares, Albizu y Concepción como comensales. Figueroa, feliz de no tener pasado, se cuestionará si tiene futuro.

 

El tercero es la inocencia de los partidos políticos. La idea de que esas instituciones existen en nombre del bien común y no del bien privado, será funcional mientras llegan al poder. Tocados de esa imagen de “hombres santos” las figuras públicas descargan su “deber superior.” Después de enero de 2009, podrán traicionar el principio sin ninguna reserva.

 

Alianzas: elecciones 2008

 

¿Estamos ante un original realineamiento político? Por primera vez, tres partidos hablan de “soberanía” –popular, federal o nacional— El problema no está en la “soberanía” sino en el adjetivo que la acompaña. La “soberanía” significa diversas cosas pero el tablero de juego está dispuesto.

 

Claridad, un foro de las izquierdas, se alineó con el PPD otra vez. El sector de los “popustosianos antifederales,” confía en ese Acevedo Vilá enojado con el FBI. Una alusión al asesinato de Maravilla el 25 de julio fue suficiente para convencerlos. Para ellos siempre será preferible ser popular que pipiolo.

 

Un nuevo agente asoma la cabeza: los “pepereitas realengos” podrán regresar al PPD y al PNP cuando los expulsen de su organización por traición. Y la fantasmagoría de los “rosellistas empoderados” hará un valioso trabajo de zapa a favor del PPD.

 

El camino al infierno está lleno de extrañas intenciones… nadie ganará en noviembre de 2008.

Puerto Rico: otra encrucijada

Mario_R_Cancel_ExpresionPeriódico Expresión

Mario R. Cancel

Escritor e historiador

Pasados

En 1933 se incluyó al país en la PRERA durante la Gran Depresión. El Gobierno Federal dependió de Luis Muñoz Marín y su gente para administrarla. Muñoz era independentista de izquierda y militaba en el Partido Liberal. La Coalición Puertorriqueña, anexionista, no tenía la confianza de Washington.

En 1937 Muñoz fue expulsado del Partido Liberal y fundó otro que denominó “Auténtico.” Lo inscribió en Luquillo como Partido Popular Democrático. En 1940 fue Presidente del Senado, y Washington gobernó con los populares, como se sabe.

Desde 1952 hubo choques entre Washington y el PPD cada vez que se pidió más autonomía para el ELA. La alianza duró hasta 1964. El retiro de Muñoz en una Asamblea en Mayagüez, animó un nuevo anexionismo encabezado por Luis A. Ferré. En 1968 el Partido Nuevo Progresista se ganó el apoyo de Washington.

Las vendettas entre el fiscal Gil y Roselló González y la fiscal Rodríguez y Acevedo Vilá, han cambiado el panorama. Washington ha chocado con los dos partidos principales a fin de reafirmar que su poder en Puerto Rico sigue en pie. Un macroestado policiaco jurídico -el FBI y el Tribunal Federal- dominan el engranaje insular en última instancia.

Presentes

Las primarias y las acusaciones contra el Gobernador han conseguido varias cosas. Por un lado, afirman la desconfianza en los partidos tradicionales. La campaña de la Sociedad Civil ha comenzado a rendir frutos. La decisión de Acevedo Vilá de permanecer en la gobernación y como candidato para noviembre de 2008 ha sido un punto culminante en ese proceso. Pero el daño electoral al PPD ya está hecho y las imágenes no se renuevan en 6 meses.

La implosión del sistema bipartidista repunta. El PPR fiscalizando, y el PIP renovado con Edwin Irizarry Mora, son buenas noticias. Las organizaciones no gubernamentales que toman el escenario social para rescatar los espacios públicos y fiscalizar al estado, también representan una lección. En Vieques se intenta organizar una partido local para llamar la atención sobre el abandono del poder central. En Arecibo y Ponce, grupos descontentos con los resultados de las primarias retan al PNP y al PPD insisten en sus propuestas alternativas.

Los rosellistas ponen freno a la ficticia unidad del PNP proponiendo la candidatura write-in del doctor. La reprimida campaña Hernández Colón write in demuestra que la pasión de una asamblea no es suficiente para acomodar a los populares.  La mera mención de un Partido Estadista Incondicional demuestra que la oposición es más atrevida que en tiempos de Hernán Padilla y Carlos Pesquera.

La praxis bipartidista dominante desde 1968 está en crisis. El multipartidismo de la década del 1930 que produjo el nacimiento del PPD podría retornar en estos tiempos de incertidumbre. Ese es uno de los indicadores más interesantes del presente.

Futuros

El PPD / PNP fracturados y sin la confianza de Washington son idóneos para la Sociedad Civil Organizada gane el poder que la burocracia partisana le arrebató. El Fortuño purista que no debate para no ensuciarse las manos, y el Acevedo Vilá soberanista, son meros gestos publicitarios sin contenido.

El soberanismo de Acevedo Vilá – un moderado reconocido- es tan iluso como el Antonio Fernós Isern en 1959. Ambos trataron de inventar una soberanía sin soberanía que no arrasara los fundamentos del ELA que parte de la no soberanía. La peticiones de 2008 son palmariamente parecidas a las de 1959. En aquel momento les dijeron no a todas en Washington. Los riesgos de que lo mismo suceda ahora son enormes.

Las elecciones de 2008 serán únicas: en ellas vencerá el menos débil. Pero una Sociedad Civil (Des) Organizada solo servirá para que el jaque mate lo de otra vez los rojos o los azules. Espero que el reagrupamiento de fuerzas que se avecina se distancie de los poderes del centro. Las periferias cívico-políticas tienen la oportunidad de hacerse sentir electoralmente. Espero que pierdan la misma.

Publicado en Expresión (Mayo-junio de 2008)

Imagen de Betances

Mario R. CancelRamón Emeterio BetancesMario R. Cancel 

Ramón Emeterio Betances fue proscrito en Puerto Rico la mayor parte del siglo 19. Su condición de nacionalista y revolucionario ayudó a crear una leyenda que todavía perdura. Para el Estado español se trataba de una personalidad amenazante que atentaba contra un orden sagrado y sus símbolos. La imagen de Betances en la Historia de la Insurrección de Lares (1872) es un claro ejemplo de ello. Para los puertorriqueños y la gente común era un emblema romántico de rebeldía y apasionamiento. Su presencia pública concreta en Puerto Rico fue breve. Aparte de la infancia y la juventud, vivió en el país entre los años 1855 y 1867. Mayagüez era una ciudad comercial mediana, distante de los centros del poder político colonial. Pero aquellos 12 años fueron suficientes para transformar al médico en un mito cívico nacional. El Cirujano de Sanidad de la Ciudad, primero Interino y luego en Propiedad, estableció un estilo del Servicio Público que impresionó a la gente de su tiempo. El ejemplo más conocido fue su labor durante la epidemia de Cólera Morbo en 1855. 

En aquel contexto, el discurso médico convino con el del higienista moderno preocupado por la situación laboral de los esclavos. Betances se reconocía moreno o prietuzco y cuando aspiró a un puesto público en Mayagüez, tuvo que demostrar su pureza racial con un expediente de blancura. Entre el Betances médico, el abolicionista, el separatista y el nacionalista, había una conexión íntima. El Betances literato penetraba aquellas esferas cuando se expresaba como un volteriano radical en Los viajes de Escaldado, o cuando escribía como un romántico radical la leyenda Los dos indios. El Betances de las traducciones del latín o del francés, parece más bien un europeo nacido en Las Antillas. También hay algo de héroe trágico y melancólico en el episodio que culminó en la redacción de Virgen de Borinquen, el amor por la sobrina, la leyenda de su locura y en su condición de bandolero social, ideólogo anticlerical, perseguido político y desterrado. Por eso tras los arrestos de los rebeldes de Grito de Lares, se aclamaba a Betances en las calles de Mayagüez en una manifestación pública. La gente pensaba que apelando a su imagen se protestaba por la libertad de los presos políticos. Su fisonomía ante el Estado se hizo tenebrosa después de 1868. 

El espionaje gubernamental y el choteo esporádico lo reportaban caminando por Cabo Rojo, entrando clandestinamente por Arroyo o en reuniones secretas en San Juan. En realidad se encontraba en Saint Thomas, Jacmel, Puerto Príncipe o Nueva York. Todavía después de radicarse en París en 1872, el estado lo agitaba como un espantajo como parte de la propaganda de miedo típica de las colonias. Esa imagen contrasta vivamente con la que se recoge de lectura del Epistolario íntimo o de su correspondencia privada con Lola Rodríguez o cualquiera de la jovencitas y jovencitos que le rodeaban en París cuando ya era una leyenda viva y un anciano venerable.En 1898 las autoridades estadounidenses reconocieron la potencia de Betances y su peculiar dualidad. El médico había sido el adversario más notable de España. Pero también era el abolicionista y el demócrata que recordaba lo mejor de los ideales republicanos de la era de la Guerra Civil y la lucha por la Federación. En Mayagüez el gobierno militar lo celebró usando su nombre para designar una calle urbana. 

Betances y los estudios betancinos A pesar de todo, Betances fue una rareza en la bibliografía puertorriqueña. El culto a la figura se sostenía sobre su desconocimiento. La transformación Betances en una fuerza nacionalista viva es clara hacia el año 1920. Era el momento de la primera posguerra, una época llena de esperanzas de libertad y paz sobre la base de la Sociedad de Naciones (1919) que condujo al Espíritu de Locarno (1925). 

Ese año se enterraron los restos de Betances en el país y se reinventó su mito. Su identificación con la bandera inventada en Chimney Corner Hall en 1895 fue inmediata. Según ciertas memorias inéditas y la prensa de la época, el entierro produjo un reavivamiento nacionalista sin igual que llegó a preocupar a las autoridades coloniales. En 1921 el Gobernador Emmett Montgomery Riley y el jefe de la Policía Secreta el señor McGlure, desataron una campaña contra el nacionalismo y contra aquel “dirty rag” o “trapo sucio” como denominaban a la bandera puertorriqueña. Todavía hacia el 1950 las fuentes para estudiar a Betances eran pocas. Las principales eran el Betances de Luis Bonafoux, publicado en 1901, y el Epistolario de Manuel Guzmán Rodríguez, aparecido en 1943 en medio de la discusión de segundo Proyecto Tydings y la consolidación del Congreso Pro-Independencia en el seno del PPD. Más raro era el uso de la Historia de la insurrección de Lares del periodista conservador José Pérez Moris que databa de 1872 y que fue la base de la leyenda negra de Betances.  La creación de la Mesa de Lares y la Conmemoración del Centenario de la Insurrección en 1968, significó el surgimiento de los estudios betancinos. Los investigadores más cuidadosos Ada Suárez Díaz y Andrés Ramos Mattei en el país. El uruguayo Carlos M. Rama y, más tarde, el cubano Emilio Godínez Sosa, completaron la revitalización del tema. Las condiciones de las décadas del 1970 y el 1980 fueron peculiares. Betances se convirtió en un icono de la Nueva Lucha de Independencia y en uno de los pilares en el proceso de internacionalización de esa causa con el apoyo de la Revolución Cubana. El Betances que inventaron los socialistas de la generación de 1970, la de la recesión, fue un producto distinto y único. Volver sobre Betances ahora significa darle continuidad a una labor que comenzó en 1901. La Obra Completa de Betances es un proyecto que todos los estudiosos soñaron. La esperanza de que pronto se cumpla es una oportunidad que no se debe echar a perder.

Historia: Problemas del bachillerato en Historia General

HistoriaMario R. Cancel   

Documento de trabajo: generalidades 

El grado de Bachillerato en Historia General ofrecido en el Departamento de Ciencias Sociales, según está diseñado, es producto de la integración de los cursos de dos programas distintos. Uno, conducente a la especialización en Historia de América y otro a la de Historia de Europa. Todo parece indicar que en el proceso de unificación, no se evaluaron los componentes de una y otra especialización, ni se decidió que debía afirmarse y suprimirse a fin de que el concepto Historia General se convirtiera en un conjunto coherente. 

En la praxis, la oferta recogió todos los cursos de ambas especializaciones. El bachillerato tiene en su catálogo una cantidad enorme de títulos, pero en la práctica no hay especialistas capaces de ofrecer los mismos. Por esa razón, muchos de los cursos no se ofrecen con regularidad o no se ofrecen. La imagen que queda de la Sección de Historia es negativa. La oposición a suprimirlos parte de la premisa de que es muy difícil crear cursos y programas en el sistema universitario burocratizado en que laboramos.

Los temarios de los cursos, por otro lado, dan una idea de cuándo fueron pensados: la Segunda Posguerra Mundial, el periodo de la Guerra Fría, la Era de las Luchas Anticoloniales, la Era de la Contracultura, la Era de la Nueva Historia Socio-económica o New Economic History de tradición estadounidense más que francesa. Los estrechos vínculos de la Historiografía con las Ciencias Sociales, el estímulo de la cuantificación, la estadística y la cliometría son rasgos de aquel proceso. El programa, sin embargo, conserva notables elementos de la era del Positivismo Crítico académico.

No creo que deba aclarar que la mayor parte de los problemas discutidos en el temario de los cursos ha perdido pertinencia en la actualidad. Asuntos como la Primera o la Segunda Guerra Mundial se han ido transformando en problemas historiográficos propios para discutir modelos interpretativos en seminarios de teoría y para desarrollar modelos de la historicidad y la contingencia de la discursividad historiográfica. La forma en que se discuten esos cursos le dice poco a los estudiantes sobre la situación en que se vive en el presente. No son representativos del lenguaje de la historiografía en el siglo 21.

Como se sabe, el giro más allá de los marcos interpretativos de la Segunda Posguerra Mundial se transformó de manera definitiva después de 1990. Estos cursos trabajan la naturaleza de ese giro de manera precaria. Marc Bloch -de frente a la muerte- sugirió en alguna ocasión, que la plataforma desde la cual el historiador mira al mundo siempre es el presente. Esa aparente perogrullada es una dirección valiosa. Si la discusión de la historia no sirve para apropiar –comprender diría Bloch- el presente, la historia se convertirá en mero monumento o acto nostálgico a la manera en que Friedrich Nietzsche se refería a la historiografía positivista de fines del siglo 19. La idea del papel de la vida, en ese pensador alemán, lo que significa es que la imagen del pasado se elabora o inventa siempre desde el presente hacia el pasado, y no al revés.

Espacios para la revisión

Dado el giro de la discusión historiográfica, que se afirmó entre 1973 y 1990 en los centros historiográficos más influyentes, se pueden sugerir varios espacios para la revisión.

 Primero, es pertinente reducir el papel de los cursos de Historia Nacional de formaciones europeo-americanas que pueblan la oferta. Habría que hacer la excepción, claro está, con los que se requieren para la Licenciatura de Maestro o en otros departamentos académicos como es el caso de Historia de Puerto Rico, Estados Unidos y España. Resulta factible prescindir de cursos como el de Francia, Alemania, Rusia, Brasil o México  Esos espacios no tienen que desaparecer del panorama. De hecho, son materia de discusión de los cursos de historia Medieval, Moderna y Contemporánea de Europa o del de Hispanoamérica. Pero la tendencia ha sido obviar la discusión de la situación presente de esas formaciones histórico-culturales. La Rusia Soviética siempre fue invisible, la Rusia Pos-Soviética fue un asunto inexistente, la Francia y la Alemania de la Unión Europea no se problematiza. Creo que los historiadores tienen que reflexionar sobre ello y no lo están haciendo debido a problemas burocráticos y exigencias que los devalúan a la condición de agentes de servicio. 

Segundo, también debe revisarse la validez de ofrecer cursos circunscritos a asuntos o periodos cronológicos que ya no tienen la relevancia que tuvieron y que son parte de la secuencia de Historia General de Europa que estudia la Antigüedad, el Medioevo y la Modernidad. Los cursos de Renacimiento, Siglo 19, Siglo 20 se ofrecen apenas y por lo regular sus prontuarios también evaden la discusión del presente inmediato y divorcian su lenguaje de aquel que usan los académicos del presente. El núcleo de un Bachillerato en Historia General no puede ser una secuencia de la Historia de Europa y Estados Unidos. Eso es una percepción Occidentalista que ha sido criticada en los últimos decenios. Es una visión excluyente del mundo que conduce a la noción de que el mundo “es” en la medida en que Europa lo descubre, lo conquista y lo domina.

Tercero, las redes de prerrequisitos entre cursos, que es parte de la tradición académica progresista, lineal y organicista de la Ilustración y el Positivismo y de la pedagogía más autoritaria, restringe la posibilidad de abrir a la discusión campos nuevos.  La discusión sobre asuntos y temáticas de actualidad se cancela, porque se piensa que impediría al profesor cumplir con los deberes inherentes al puesto: repetir los cursos requeridos año tras año. La creatividad de quienes tiene deseos de crecer en el salón de clase queda podada. El profesor se convierte en un repetidor de cursos. La red de requisitos también atenta contra la posibilidad de ofrecer la mayoría de los cursos en catálogo. Nunca hay tiempo para ello porque el programa de 12 créditos se llena de inmediato con 9 créditos requeridos por un diseño anquilosado que requiere un orden preciso para que el programa sea funcional. Algunos de nosotros hemos tenido la voluntad de crear cursos tipo seminario monográfico, pero y hemos tenido que cancelar el proyecto porque hay que cubrir un requisito que ya está programado y el cual queda huérfano de conferenciante.  

Espacios para la invención

Primero, hay que reconocer que producir un maestro de historia, un profesor de historia y un historiador son asuntos distintos. Para determinar las diferencias habría que establecer una serie de cursos nucleares propios de un Bachillerato de Historia General. Los mismos deberían incluir destrezas informativas sobre la historia general del mundo (propias para un maestro); destrezas conducentes a los grados superiores en la disciplina como la discusión de la teoría, la discusión de las formas de la escritura historiográfica desde el ensayo hasta el libro, la discusión de la metodología de la investigación desde la oral, hasta la impresa, desde el artículo hasta la Internet (propia para un profesor de historia que habrá de hacer una tesis de grado y enseñar la materia); y un conjunto avanzado de discusiones que pongan en acción todas las otras destrezas (propia para el futuro historiador).  

Un candidato a maestro de historia no necesita un curso de teoría historiográfica tanto como un candidato a profesor de historia o un futuro historiador. Su rendimiento es bajo, el nivel del curso tiende a reducirse y quienes pierden en el asunto son los candidatos a profesores y los futuros historiadores. No se trata de partir de la nada. El programa ofrece títulos de cursos que pueden ser reformulados en una dirección u otra. Ya se sabe lo cuesta arriba que es crear cursos en un sistema altamente burocratizado e inmovilista como el nuestro. 

Segundo, se podrían estimular los cursos monográficos, tipo seminario, de actualidad con recursos que, dado que no se encuentra en la biblioteca ni hay esperanzas de que se puedan conseguir en lo inmediato por la precariedad presupuestaria en el territorio del libro, se obtengan de fuentes alternas como espacios confiables de la Internet. Los criterios pueden ser cronológicos y geográficos: la interpretación de una región y una época sobre la base de su pertinencia en el presente. Es crucial afirmar que la necesidad de ofrecer un curso básico o un requisito no puede convertirse en el medio de evitar la discusión historiográfica de otras áreas no requeridas que los estudiantes piden y necesitan. Eso es someter el pensamiento al empresarismo. También habría que considerar la formulación de algunos cursos: por qué las Antillas Hispanas y no el Caribe; por qué México y no Centro América, por qué Brasil e Hispanoamérica y no Latinoamérica, la Región Andina o el Cono Sur; por qué no África y Asia Oriental o Cercano Oriente.

Tercero, creo que se debe separar de manera nítida los cursos formativos e informativos, de los de metodología, los de redacción y los de teoría historiográfica e interpretación. El conjunto nuclear debería tener componentes de todas las áreas en el programa del candidato durante los primeros tres semestres.  El sistema debería dejar que en el resto del programa los estudiantes eligieran libremente los cursos, acorde a lo que aspiran y evitar el dirigismo que imponen los prerrequisitos. De este modo, el estudiante no estaría en cero al arribar al curso de investigación y tesis. Por el contrario, se podría presumir que sabe lo qué significa formarse en la historia para ser maestro, profesor o historiador y podría elaborar una investigación acorde con sus aspiraciones. Los cursos de investigación deben ser un taller para investigar y producir, no para aprender a hacerlo. Cuarto, hay que romper con el exclusivismo historiográfico y la idea de que sólo los profesores de historia pueden dictar un curso de historia. La discusión del problema del exclusivismo disciplinario desde la interdisciplinariedad, transdisciplinariedad o interdisciplinariedad es muy antiguo. Yo soy un postdisciplinario tolerante. No hay tal cosa como un lenguaje hierático propio de historiadores que pueda ser amenazado si un sociólogo o un humanista invade la disciplina. La discusión de la demolición de las fronteras entre los lenguajes disciplinares ha sido una de los logros más valiosos del siglo 20.  

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