Puerto Rico: otra encrucijada

Mario_R_Cancel_ExpresionPeriódico Expresión

Mario R. Cancel

Escritor e historiador

Pasados

En 1933 se incluyó al país en la PRERA durante la Gran Depresión. El Gobierno Federal dependió de Luis Muñoz Marín y su gente para administrarla. Muñoz era independentista de izquierda y militaba en el Partido Liberal. La Coalición Puertorriqueña, anexionista, no tenía la confianza de Washington.

En 1937 Muñoz fue expulsado del Partido Liberal y fundó otro que denominó “Auténtico.” Lo inscribió en Luquillo como Partido Popular Democrático. En 1940 fue Presidente del Senado, y Washington gobernó con los populares, como se sabe.

Desde 1952 hubo choques entre Washington y el PPD cada vez que se pidió más autonomía para el ELA. La alianza duró hasta 1964. El retiro de Muñoz en una Asamblea en Mayagüez, animó un nuevo anexionismo encabezado por Luis A. Ferré. En 1968 el Partido Nuevo Progresista se ganó el apoyo de Washington.

Las vendettas entre el fiscal Gil y Roselló González y la fiscal Rodríguez y Acevedo Vilá, han cambiado el panorama. Washington ha chocado con los dos partidos principales a fin de reafirmar que su poder en Puerto Rico sigue en pie. Un macroestado policiaco jurídico -el FBI y el Tribunal Federal- dominan el engranaje insular en última instancia.

Presentes

Las primarias y las acusaciones contra el Gobernador han conseguido varias cosas. Por un lado, afirman la desconfianza en los partidos tradicionales. La campaña de la Sociedad Civil ha comenzado a rendir frutos. La decisión de Acevedo Vilá de permanecer en la gobernación y como candidato para noviembre de 2008 ha sido un punto culminante en ese proceso. Pero el daño electoral al PPD ya está hecho y las imágenes no se renuevan en 6 meses.

La implosión del sistema bipartidista repunta. El PPR fiscalizando, y el PIP renovado con Edwin Irizarry Mora, son buenas noticias. Las organizaciones no gubernamentales que toman el escenario social para rescatar los espacios públicos y fiscalizar al estado, también representan una lección. En Vieques se intenta organizar una partido local para llamar la atención sobre el abandono del poder central. En Arecibo y Ponce, grupos descontentos con los resultados de las primarias retan al PNP y al PPD insisten en sus propuestas alternativas.

Los rosellistas ponen freno a la ficticia unidad del PNP proponiendo la candidatura write-in del doctor. La reprimida campaña Hernández Colón write in demuestra que la pasión de una asamblea no es suficiente para acomodar a los populares.  La mera mención de un Partido Estadista Incondicional demuestra que la oposición es más atrevida que en tiempos de Hernán Padilla y Carlos Pesquera.

La praxis bipartidista dominante desde 1968 está en crisis. El multipartidismo de la década del 1930 que produjo el nacimiento del PPD podría retornar en estos tiempos de incertidumbre. Ese es uno de los indicadores más interesantes del presente.

Futuros

El PPD / PNP fracturados y sin la confianza de Washington son idóneos para la Sociedad Civil Organizada gane el poder que la burocracia partisana le arrebató. El Fortuño purista que no debate para no ensuciarse las manos, y el Acevedo Vilá soberanista, son meros gestos publicitarios sin contenido.

El soberanismo de Acevedo Vilá – un moderado reconocido- es tan iluso como el Antonio Fernós Isern en 1959. Ambos trataron de inventar una soberanía sin soberanía que no arrasara los fundamentos del ELA que parte de la no soberanía. La peticiones de 2008 son palmariamente parecidas a las de 1959. En aquel momento les dijeron no a todas en Washington. Los riesgos de que lo mismo suceda ahora son enormes.

Las elecciones de 2008 serán únicas: en ellas vencerá el menos débil. Pero una Sociedad Civil (Des) Organizada solo servirá para que el jaque mate lo de otra vez los rojos o los azules. Espero que el reagrupamiento de fuerzas que se avecina se distancie de los poderes del centro. Las periferias cívico-políticas tienen la oportunidad de hacerse sentir electoralmente. Espero que pierdan la misma.

Publicado en Expresión (Mayo-junio de 2008)

Imagen de Betances

Mario R. CancelRamón Emeterio BetancesMario R. Cancel 

Ramón Emeterio Betances fue proscrito en Puerto Rico la mayor parte del siglo 19. Su condición de nacionalista y revolucionario ayudó a crear una leyenda que todavía perdura. Para el Estado español se trataba de una personalidad amenazante que atentaba contra un orden sagrado y sus símbolos. La imagen de Betances en la Historia de la Insurrección de Lares (1872) es un claro ejemplo de ello. Para los puertorriqueños y la gente común era un emblema romántico de rebeldía y apasionamiento. Su presencia pública concreta en Puerto Rico fue breve. Aparte de la infancia y la juventud, vivió en el país entre los años 1855 y 1867. Mayagüez era una ciudad comercial mediana, distante de los centros del poder político colonial. Pero aquellos 12 años fueron suficientes para transformar al médico en un mito cívico nacional. El Cirujano de Sanidad de la Ciudad, primero Interino y luego en Propiedad, estableció un estilo del Servicio Público que impresionó a la gente de su tiempo. El ejemplo más conocido fue su labor durante la epidemia de Cólera Morbo en 1855. 

En aquel contexto, el discurso médico convino con el del higienista moderno preocupado por la situación laboral de los esclavos. Betances se reconocía moreno o prietuzco y cuando aspiró a un puesto público en Mayagüez, tuvo que demostrar su pureza racial con un expediente de blancura. Entre el Betances médico, el abolicionista, el separatista y el nacionalista, había una conexión íntima. El Betances literato penetraba aquellas esferas cuando se expresaba como un volteriano radical en Los viajes de Escaldado, o cuando escribía como un romántico radical la leyenda Los dos indios. El Betances de las traducciones del latín o del francés, parece más bien un europeo nacido en Las Antillas. También hay algo de héroe trágico y melancólico en el episodio que culminó en la redacción de Virgen de Borinquen, el amor por la sobrina, la leyenda de su locura y en su condición de bandolero social, ideólogo anticlerical, perseguido político y desterrado. Por eso tras los arrestos de los rebeldes de Grito de Lares, se aclamaba a Betances en las calles de Mayagüez en una manifestación pública. La gente pensaba que apelando a su imagen se protestaba por la libertad de los presos políticos. Su fisonomía ante el Estado se hizo tenebrosa después de 1868. 

El espionaje gubernamental y el choteo esporádico lo reportaban caminando por Cabo Rojo, entrando clandestinamente por Arroyo o en reuniones secretas en San Juan. En realidad se encontraba en Saint Thomas, Jacmel, Puerto Príncipe o Nueva York. Todavía después de radicarse en París en 1872, el estado lo agitaba como un espantajo como parte de la propaganda de miedo típica de las colonias. Esa imagen contrasta vivamente con la que se recoge de lectura del Epistolario íntimo o de su correspondencia privada con Lola Rodríguez o cualquiera de la jovencitas y jovencitos que le rodeaban en París cuando ya era una leyenda viva y un anciano venerable.En 1898 las autoridades estadounidenses reconocieron la potencia de Betances y su peculiar dualidad. El médico había sido el adversario más notable de España. Pero también era el abolicionista y el demócrata que recordaba lo mejor de los ideales republicanos de la era de la Guerra Civil y la lucha por la Federación. En Mayagüez el gobierno militar lo celebró usando su nombre para designar una calle urbana. 

Betances y los estudios betancinos A pesar de todo, Betances fue una rareza en la bibliografía puertorriqueña. El culto a la figura se sostenía sobre su desconocimiento. La transformación Betances en una fuerza nacionalista viva es clara hacia el año 1920. Era el momento de la primera posguerra, una época llena de esperanzas de libertad y paz sobre la base de la Sociedad de Naciones (1919) que condujo al Espíritu de Locarno (1925). 

Ese año se enterraron los restos de Betances en el país y se reinventó su mito. Su identificación con la bandera inventada en Chimney Corner Hall en 1895 fue inmediata. Según ciertas memorias inéditas y la prensa de la época, el entierro produjo un reavivamiento nacionalista sin igual que llegó a preocupar a las autoridades coloniales. En 1921 el Gobernador Emmett Montgomery Riley y el jefe de la Policía Secreta el señor McGlure, desataron una campaña contra el nacionalismo y contra aquel “dirty rag” o “trapo sucio” como denominaban a la bandera puertorriqueña. Todavía hacia el 1950 las fuentes para estudiar a Betances eran pocas. Las principales eran el Betances de Luis Bonafoux, publicado en 1901, y el Epistolario de Manuel Guzmán Rodríguez, aparecido en 1943 en medio de la discusión de segundo Proyecto Tydings y la consolidación del Congreso Pro-Independencia en el seno del PPD. Más raro era el uso de la Historia de la insurrección de Lares del periodista conservador José Pérez Moris que databa de 1872 y que fue la base de la leyenda negra de Betances.  La creación de la Mesa de Lares y la Conmemoración del Centenario de la Insurrección en 1968, significó el surgimiento de los estudios betancinos. Los investigadores más cuidadosos Ada Suárez Díaz y Andrés Ramos Mattei en el país. El uruguayo Carlos M. Rama y, más tarde, el cubano Emilio Godínez Sosa, completaron la revitalización del tema. Las condiciones de las décadas del 1970 y el 1980 fueron peculiares. Betances se convirtió en un icono de la Nueva Lucha de Independencia y en uno de los pilares en el proceso de internacionalización de esa causa con el apoyo de la Revolución Cubana. El Betances que inventaron los socialistas de la generación de 1970, la de la recesión, fue un producto distinto y único. Volver sobre Betances ahora significa darle continuidad a una labor que comenzó en 1901. La Obra Completa de Betances es un proyecto que todos los estudiosos soñaron. La esperanza de que pronto se cumpla es una oportunidad que no se debe echar a perder.

Historia: Problemas del bachillerato en Historia General

HistoriaMario R. Cancel   

Documento de trabajo: generalidades 

El grado de Bachillerato en Historia General ofrecido en el Departamento de Ciencias Sociales, según está diseñado, es producto de la integración de los cursos de dos programas distintos. Uno, conducente a la especialización en Historia de América y otro a la de Historia de Europa. Todo parece indicar que en el proceso de unificación, no se evaluaron los componentes de una y otra especialización, ni se decidió que debía afirmarse y suprimirse a fin de que el concepto Historia General se convirtiera en un conjunto coherente. 

En la praxis, la oferta recogió todos los cursos de ambas especializaciones. El bachillerato tiene en su catálogo una cantidad enorme de títulos, pero en la práctica no hay especialistas capaces de ofrecer los mismos. Por esa razón, muchos de los cursos no se ofrecen con regularidad o no se ofrecen. La imagen que queda de la Sección de Historia es negativa. La oposición a suprimirlos parte de la premisa de que es muy difícil crear cursos y programas en el sistema universitario burocratizado en que laboramos.

Los temarios de los cursos, por otro lado, dan una idea de cuándo fueron pensados: la Segunda Posguerra Mundial, el periodo de la Guerra Fría, la Era de las Luchas Anticoloniales, la Era de la Contracultura, la Era de la Nueva Historia Socio-económica o New Economic History de tradición estadounidense más que francesa. Los estrechos vínculos de la Historiografía con las Ciencias Sociales, el estímulo de la cuantificación, la estadística y la cliometría son rasgos de aquel proceso. El programa, sin embargo, conserva notables elementos de la era del Positivismo Crítico académico.

No creo que deba aclarar que la mayor parte de los problemas discutidos en el temario de los cursos ha perdido pertinencia en la actualidad. Asuntos como la Primera o la Segunda Guerra Mundial se han ido transformando en problemas historiográficos propios para discutir modelos interpretativos en seminarios de teoría y para desarrollar modelos de la historicidad y la contingencia de la discursividad historiográfica. La forma en que se discuten esos cursos le dice poco a los estudiantes sobre la situación en que se vive en el presente. No son representativos del lenguaje de la historiografía en el siglo 21.

Como se sabe, el giro más allá de los marcos interpretativos de la Segunda Posguerra Mundial se transformó de manera definitiva después de 1990. Estos cursos trabajan la naturaleza de ese giro de manera precaria. Marc Bloch -de frente a la muerte- sugirió en alguna ocasión, que la plataforma desde la cual el historiador mira al mundo siempre es el presente. Esa aparente perogrullada es una dirección valiosa. Si la discusión de la historia no sirve para apropiar –comprender diría Bloch- el presente, la historia se convertirá en mero monumento o acto nostálgico a la manera en que Friedrich Nietzsche se refería a la historiografía positivista de fines del siglo 19. La idea del papel de la vida, en ese pensador alemán, lo que significa es que la imagen del pasado se elabora o inventa siempre desde el presente hacia el pasado, y no al revés.

Espacios para la revisión

Dado el giro de la discusión historiográfica, que se afirmó entre 1973 y 1990 en los centros historiográficos más influyentes, se pueden sugerir varios espacios para la revisión.

 Primero, es pertinente reducir el papel de los cursos de Historia Nacional de formaciones europeo-americanas que pueblan la oferta. Habría que hacer la excepción, claro está, con los que se requieren para la Licenciatura de Maestro o en otros departamentos académicos como es el caso de Historia de Puerto Rico, Estados Unidos y España. Resulta factible prescindir de cursos como el de Francia, Alemania, Rusia, Brasil o México  Esos espacios no tienen que desaparecer del panorama. De hecho, son materia de discusión de los cursos de historia Medieval, Moderna y Contemporánea de Europa o del de Hispanoamérica. Pero la tendencia ha sido obviar la discusión de la situación presente de esas formaciones histórico-culturales. La Rusia Soviética siempre fue invisible, la Rusia Pos-Soviética fue un asunto inexistente, la Francia y la Alemania de la Unión Europea no se problematiza. Creo que los historiadores tienen que reflexionar sobre ello y no lo están haciendo debido a problemas burocráticos y exigencias que los devalúan a la condición de agentes de servicio. 

Segundo, también debe revisarse la validez de ofrecer cursos circunscritos a asuntos o periodos cronológicos que ya no tienen la relevancia que tuvieron y que son parte de la secuencia de Historia General de Europa que estudia la Antigüedad, el Medioevo y la Modernidad. Los cursos de Renacimiento, Siglo 19, Siglo 20 se ofrecen apenas y por lo regular sus prontuarios también evaden la discusión del presente inmediato y divorcian su lenguaje de aquel que usan los académicos del presente. El núcleo de un Bachillerato en Historia General no puede ser una secuencia de la Historia de Europa y Estados Unidos. Eso es una percepción Occidentalista que ha sido criticada en los últimos decenios. Es una visión excluyente del mundo que conduce a la noción de que el mundo “es” en la medida en que Europa lo descubre, lo conquista y lo domina.

Tercero, las redes de prerrequisitos entre cursos, que es parte de la tradición académica progresista, lineal y organicista de la Ilustración y el Positivismo y de la pedagogía más autoritaria, restringe la posibilidad de abrir a la discusión campos nuevos.  La discusión sobre asuntos y temáticas de actualidad se cancela, porque se piensa que impediría al profesor cumplir con los deberes inherentes al puesto: repetir los cursos requeridos año tras año. La creatividad de quienes tiene deseos de crecer en el salón de clase queda podada. El profesor se convierte en un repetidor de cursos. La red de requisitos también atenta contra la posibilidad de ofrecer la mayoría de los cursos en catálogo. Nunca hay tiempo para ello porque el programa de 12 créditos se llena de inmediato con 9 créditos requeridos por un diseño anquilosado que requiere un orden preciso para que el programa sea funcional. Algunos de nosotros hemos tenido la voluntad de crear cursos tipo seminario monográfico, pero y hemos tenido que cancelar el proyecto porque hay que cubrir un requisito que ya está programado y el cual queda huérfano de conferenciante.  

Espacios para la invención

Primero, hay que reconocer que producir un maestro de historia, un profesor de historia y un historiador son asuntos distintos. Para determinar las diferencias habría que establecer una serie de cursos nucleares propios de un Bachillerato de Historia General. Los mismos deberían incluir destrezas informativas sobre la historia general del mundo (propias para un maestro); destrezas conducentes a los grados superiores en la disciplina como la discusión de la teoría, la discusión de las formas de la escritura historiográfica desde el ensayo hasta el libro, la discusión de la metodología de la investigación desde la oral, hasta la impresa, desde el artículo hasta la Internet (propia para un profesor de historia que habrá de hacer una tesis de grado y enseñar la materia); y un conjunto avanzado de discusiones que pongan en acción todas las otras destrezas (propia para el futuro historiador).  

Un candidato a maestro de historia no necesita un curso de teoría historiográfica tanto como un candidato a profesor de historia o un futuro historiador. Su rendimiento es bajo, el nivel del curso tiende a reducirse y quienes pierden en el asunto son los candidatos a profesores y los futuros historiadores. No se trata de partir de la nada. El programa ofrece títulos de cursos que pueden ser reformulados en una dirección u otra. Ya se sabe lo cuesta arriba que es crear cursos en un sistema altamente burocratizado e inmovilista como el nuestro. 

Segundo, se podrían estimular los cursos monográficos, tipo seminario, de actualidad con recursos que, dado que no se encuentra en la biblioteca ni hay esperanzas de que se puedan conseguir en lo inmediato por la precariedad presupuestaria en el territorio del libro, se obtengan de fuentes alternas como espacios confiables de la Internet. Los criterios pueden ser cronológicos y geográficos: la interpretación de una región y una época sobre la base de su pertinencia en el presente. Es crucial afirmar que la necesidad de ofrecer un curso básico o un requisito no puede convertirse en el medio de evitar la discusión historiográfica de otras áreas no requeridas que los estudiantes piden y necesitan. Eso es someter el pensamiento al empresarismo. También habría que considerar la formulación de algunos cursos: por qué las Antillas Hispanas y no el Caribe; por qué México y no Centro América, por qué Brasil e Hispanoamérica y no Latinoamérica, la Región Andina o el Cono Sur; por qué no África y Asia Oriental o Cercano Oriente.

Tercero, creo que se debe separar de manera nítida los cursos formativos e informativos, de los de metodología, los de redacción y los de teoría historiográfica e interpretación. El conjunto nuclear debería tener componentes de todas las áreas en el programa del candidato durante los primeros tres semestres.  El sistema debería dejar que en el resto del programa los estudiantes eligieran libremente los cursos, acorde a lo que aspiran y evitar el dirigismo que imponen los prerrequisitos. De este modo, el estudiante no estaría en cero al arribar al curso de investigación y tesis. Por el contrario, se podría presumir que sabe lo qué significa formarse en la historia para ser maestro, profesor o historiador y podría elaborar una investigación acorde con sus aspiraciones. Los cursos de investigación deben ser un taller para investigar y producir, no para aprender a hacerlo. Cuarto, hay que romper con el exclusivismo historiográfico y la idea de que sólo los profesores de historia pueden dictar un curso de historia. La discusión del problema del exclusivismo disciplinario desde la interdisciplinariedad, transdisciplinariedad o interdisciplinariedad es muy antiguo. Yo soy un postdisciplinario tolerante. No hay tal cosa como un lenguaje hierático propio de historiadores que pueda ser amenazado si un sociólogo o un humanista invade la disciplina. La discusión de la demolición de las fronteras entre los lenguajes disciplinares ha sido una de los logros más valiosos del siglo 20.  

La historiografía se ha caracterizado por su porosidad con los lenguajes de otras disciplinas humanísticas y científicas. Con ello ha ganado mucho.Conclusión Todo lo que señalo es parte de una reflexión que nace de mi praxis como profesor de historia, investigador e historiador: se trata de un asunto del salón de clase, no de un asunto teórico ficcional. La discusión no debe ser cerrada. Creo que hay colegas de otras disciplinas sociológicas y humanísticas que tiene mucho que aportar a este asunto. Los estudiantes de historia son no solo importantes sino cruciales. Propongo que, cuando esto se discuta, se invite a algunos de ellos a conversar y se les trate como lo que son: pares y colegas.

La historiografía después de la modernidad y el estructuralismo

Mario R. Cancel, perfilMario R. Cancel 

El posmodernismo es una discusión ideológica centrada en torno a los fundamentos del saber heredados de la modernidad. Su asociación a un tiempo histórico llamado postmodernidad, momento que implica una experiencia cultural y un ordenamiento social distinto a aquellos que distinguieron a la modernidad, es evidente. Los pensadores que han centrado la discusión en torno a este elusivo concepto difieren en torno a si la postmodernidad como momento histórico, representa una etapa nueva en la evolución de occidente, o si es meramente una fase nueva del desarrollo de la llamada alta modernidad. 

Algunos pensadores de extracción marxista como Fredric Jameson han conceptualizado el fenómeno bajo el código tardomoderno. Visto dentro de ese contexto cambiante, el pensamiento postmodernista es el conjunto de planteamientos ideológicos que caracterizan esta época de cambio que inició después de la Segunda Guerra Mundial en 1945, alcanzó su madurez en la inquieta década de 1960 y llegó a su culminación después de 1989 con la quiebra concreta de la solidez de la mayor parte de los paradigmas de la modernidad. El dominio de las comunicaciones, la virtualidad, el neoliberalismo, la globalización, el hiperconsumo y la reestructuración de las ideas sobre riqueza y pobreza serían el caldo de cultivo material de la nueva época.  El pensamiento postmoderno atañe a una amplia gama de disciplinas del saber. Se trata de una revolución hermenéutica por medio de la cual se van perdiendo la mayor parte de las garantías en torno a la estabilidad del saber heredado. El pensamiento posmoderno ha sido interpretado, usando el lenguaje de Jean F. Lyotard, como el espacio en cual terminan los metarrelatos, se lastiman los paradigmas explicativos y perecen las utopías heredadas de la modernidad, incluyendo el sueño de la democracia liberal y el socialismo. En ese sentido la filosofía, la ética y la teología, han visto desvanecerse los cimientos seguros en los cuales se montaban sus discursos en la medida en que se han trasformado en mera retórica o se han esclavizado a un utilitarismo extremo. La postfilosofía acepta la relatividad de la representación de las cosas y camina hacia los terrenos de la literatura, la posética se abraza a la disciplina del mercadeo, se deshace de los principios eternos y se guía por la finalidad del goce y la utilidad inmediatas. La posteología (re) inventa una divinidad con los fragmentos de múltiples sistemas religiosos y desarrolla una relación más liberal con la divinidad. El impacto de todo ello sobre la vida cotidiana es enorme. 

Algo análogo ocurre en la arquitectura y las artes plásticas en general en la medida en que la hibridez, el acopio de las tradiciones más diversas y anacrónicas, se imponen al purismo heredado de la modernidad. En este ámbito la ruptura con el estructuralismo moderno, esa percepción de que la realidad toda estaba organizada alrededor de un sistema simbólico común, resultó más patente. La revolución posmoderna consistió en que la presumida unidad elemental de significación, el principio de que el objeto cognoscible era siempre aprensible realmente por el sujeto cognoscente, perdió confiabilidad. No se cuestiona la capacidad de saber. Lo que se pone en duda es el carácter del conocimiento.  El efecto de ese proceso en las ciencias naturales y sociales es obvio. Aquellas disciplinas que servían para explicar al ser humano y su entorno, habían sido el producto más acabado de la modernidad. Todas ellas dependían de la noción ciencia como saber exacto, del artefacto de la razón como unidad o estructura universal de saber, del automatismo de la relación causa y efecto para apropiar una realidad comprensible, del determinismo que convertía la realidad en un proceso necesario e inevitable, y del principio de la evolución como sinónimo de progreso. Ese conjunto de principios servía para celebrar el “presente” que formuló aquellas percepciones. 

Los sistemas de interpretación asociados al postmodernismo y a la postmodernidad parten de la premisa de que los mencionados asertos de la modernidad son impugnables. En términos generales hoy preocupa más a los pensadores la forma en que se construye un saber o su representación, para usar el concepto de Roger Chartier, que el saber en sí. Preocupa más la hermeneusis o interpretación, que la epistemología o la gnoseología. La estructuración que se atribuye a lo real es una construcción tentativa que sirve en la medida en que es funcional y que puede ser sustituida por otra en condiciones particulares. En ese sentido el pensamiento posmoderno es el reino de la incertidumbre, de la inseguridad y de la sospecha, como decía Michel Foucault cuando celebraba la obra de Friedrich Nietzsche, Sigmund Freud y Kart Marx.. La muerte de la objetividad y el fin de los principios esenciales imposibilitan toda ciencia natural o social en el sentido moderno de la palabra. 

El pensamiento postestructural implica, precisamente, la aceptación de que las estructuras heredadas (ciencia, razón, causalidad, determinismo, universales, esencias, progreso) ya no son útiles para refrendar el saber. Los nombres de Jacques Derrida, Michel Foucault y Paul Ricouer están íntimamente ligados a esa tradición. Desde la perspectiva postestructural, para comprender o apropiar la realidad, es imperativo reconocer un nuevo nivel de complejidad en la misma. Si, según Friedrich Nietzsche, se sabe en perspectiva, la pluralidad de puntos de vista y la polisemia de la realidad son patentes. Si además de aceptar ese principio se erosionan las jerarquías de saber y se afirma un pluralismo democratizador, es posible que la postmodernidad sí represente un chance para la libertad como sugería Gianni Váttimo. 

Esa misma diversidad hace al posmodernismo difícil de definir y de aceptar por los pensadores de la modernidad o la altamodernidad. El carácter de la rebelión antimoderna de los postmodernos a fines del siglo 20, guarda alguna analogía con la rebelión romántica ante la herencia ilustrada en los primeros decenios del siglo 19. El posmodernismo niega la posibilidad del conocimiento objetivo y cuestiona el significado universal de las palabras y textos. El significado se transforma en una transacción ejecutada entre el emisor y el receptor. Si la razón y la verdad no son más que un acto de poder o la consolidación de las metáforas o las mentiras, entonces lo que se encuentra en juego es la noción central sobre la cual se cimentó la civilización cristiana occidental: la idea de la verdad. Una verdad degradada a la condición de artefacto mundano que es producida por medio de múltiples formas de la coartación, no se ajusta ni a los principios de la ilustración ni a los de la modernidad. En ello radica el núcleo creativo del postmodernismo.

Nueva historia:figuras

Marc Bloch

Marc Bloch nació el 6 de julio de 1886 y murió el 16 de junio de 1944. Fue un historiador francés, especializado en Francia medieval. Nació en Lyon, estudió en la Escuela Normal Superior y fue parte de la infantería en la Primera Guerra Mundial. Tras la guerra fue profesor en la Universidad de Estrasburgo y luego de 1940 trabajó en la Sorbona donde estuvo hasta la llegada del gobierno de Vichy ya que sus leyes racistas le prohibieron trabajar en el servicio público por ser judío. En 1929 fundó la revista Anales de historia y ciencias sociales junto a Lucien Febvre. Es a través de esta revista, y de su obra incompleta Introducción a la Historia, que traza algunas de las ideas fundamentales de la Nueva Historia: tomar en cuenta los rasgos sociales y económicos, y una nueva manera de acercarse a las fuentes. Esta última obra quedó incompleta porque fue fusilado por la Gestapo por su participación en la Resistencia Francesa.

En su escrito Introducción a la Historia Bloch habla sobre la diversidad de fuentes disponibles para el historiador y como el uso de estas puede crear distintos discursos. Menciona que las fuentes son infinitas pues todo con lo que el hombre (o mujer) tiene contacto nos puede dar información. Bloch ve necesario el no solo enfocarse en los grandes acontecimientos, pues también es historia lo cotidiano. En una parte del escrito hace mención de cómo Paul Valéry dice que la electricidad juega un lugar importante en la conquista del mundo, pero luego dice que estos detalles escapan al historiador necesariamente, por la falta de documentos sobre el tema. Esto indigna a Marc Bloch quien responde que es imposible la inexistencia de documentos sobre el tema ya que la Compañía de Electricidad debe tener archivos, estados de consumo, mapas de las redes, entre otras cosas. O sea, la información esta lo que hay que hacer es buscarla y analizarla.

El historiador debe evitar atarse a los documentos, sino observar la información que proviene del arte, las estructuras, las tumbas, etc.… Dado que el historiador no siempre es un experto en arte, en arqueología  o traducción es aquí que es necesaria la colaboración entre disciplinas. El historiador necesita de varias herramientas para poder enfrentarse a la complejidad de los hechos humanos.

Fernand Braudel

Braudel nació el 24 de agosto de 1902 y murió el 27 de noviembre de 1985. Historiador francés, nació en el Departamento de Mosa. En 1923 enseño historia en Argelia. Regresa a Francia en 1932 donde trabaja de maestro de escuela secundaria y se pone en contacto con Lucien Febvre. En 1939 entra de voluntario en la Segunda Guerra Mundial. Es capturado por los alemanes al año siguiente. Durante su tiempo como prisionero comienza a esquematizar su trabajo El Mediterráneo  y el Mundo Mediterráneo en la época de Felipe II. Luego de la guerra trabajo junto a Febvre en La Escuela de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales. 

En 1962 escribió Historia de las Civilizaciones como base para un curso básico de historia, pero como que no siguió la narrativa tradicional de enfoque en eventos superficiales, fue rechazado por el Ministerio Francés de Educación. Braudel tenía una visión del tiempo en tres niveles: largo, mediano y corto. Este ponía más énfasis en la larga duración y menos a la corta duración, que son los acontecimientos. En su escrito El Mediterráneo plantea  que es de mayor importancia prestarle atención a los procesos de la historia que a los acontecimientos y propone, además, la unión con las ciencias sociales. Fernand Braudel en su escrito La larga duración habla sobre las mediciones de tiempo en la historia. Todo trabajo histórico trabaja con el tiempo. Braudel critica la historia tradicional por solo prestarle atención a los acontecimientos. El acontecimiento es dramático, pero de poca duración. Otra herramienta de medición de tiempo de la historia tradicional es el dividirla en decenas, veintenas y cincuentenas, lo cual para Braudel encierra al historiador en una visión cíclica. Es el rompimiento con la historia tradicional lo cual abre el camino para la historia cuantitativa. Aquí el historiador pierde la necesidad de atarse a medidas cuantitativas de días o años, sino que se enfrenta a nuevas medidas como una curva de precios, cambios demográficos, movimientos de salario, fluctuaciones en las tasas de interés, entre otras.

Luego Braudel pasa a hablar sobre la estructura. Menciona que para el observador social es una organización o coherencia, una relación entre las masas y las realidades. Para el historiador es también un orden, pero además es una realidad que el tiempo tarda en desgastar. Es aquí que se ve el papel de la estructura en la historia, ya que puede ser sostén u obstáculo. Cabe recalcar que la historia estudia los cambios, si la estructura es desintegrada relativamente rápido no presenta un problema, pero cuando es duradera y resiste mutaciones obstruye la historia.

Georges Duby

Duby nació el 7 de octubre de 1919 y murió el 3 de diciembre de 1996. Historiador francés especialista en historia, sociedad y economía de la Edad Media. Comenzó estudiando geografía histórica. Enseñó en la Universidad de Aix-en-Provence y luego en el Colegio de Francia. Georges Duby estudió mucho las mentalidades o sea el sistema de valores de la gente y como estos perciben su mundo. En esta corriente esta su libro Los tres órdenes: y lo imaginario del Feudalismo y en La Edad de las Catedrales. También muestra un interés por la reinterpretación, lo cual se ve en su libro El domingo de Bouvines. Duby además fue el primer director de La Sept, una cadena de televisión de programación educativa. En su libro la Historia Continua expresa la importancia del historiador como figura pública que puede hacer el pasado importante y excitante a las personas hoy en día.

En el fragmento asignado de La Historia Continua Duby hace un recorrido por la vida del término “mentalidades”. Comienza haciendo mención de Lucien Febvre, quien ha sido un punto en común con todos los historiadores que he mencionado, y su interpretación de las mentalidades. Febvre cree que se debe escribir la historia de las sensibilidades, de los valores. Estos están en continuo cambio pues cada época evoca una nueva visión del mundo, además advierte que el historiador debe tratar de separarse de las suyas o se arriesga a no entender nada. La palabra mentalidad ha pasado por una serie de significados. Aparece en el siglo 19 como simplemente aquello que pasa en el espíritu. Poco a poco se fue profundizando en su significado: ciertas disposiciones psicológicas y morales a la hora de juzgar las cosas. Según Duby el significado se precisó en 1952 con Gastón Bouthoul: “especie de residuo psicológico estable, hecho de juicios, de conceptos y creencias a los que se adhieren en el fondo todos los individuos de una misma sociedad”. Georges Duby acepta solo parte de esta definición pues como seguidor de la nueva historia piensa que en una sola sociedad hay distintos “residuos” y obviamente no cree que estos sean estables, pues están en contacto con el ambiente cambiante que se mueve con los tiempos. Es a estos cambios precisamente que el historiador debe prestarle atención. Sin embargo Duby dice que ya no utiliza la palabra mentalidad, porque le parece insuficiente. Aunque acepta que tuvo su utilidad, ya que sirvió para definir esa nueva interpretación de la historia; No una historia material sino, una historia de la perspectiva.  Incluso los marxistas, con su historia material aceptan que todo comienza cuando se forma la conciencia de clases, confirmando así que la mentalidad juega un papel importante en su teoría histórica, aunque sea de orden materialista.

Yanina Valcárcel Santana, Estudiante

Las primarias y el ajedrez del poder

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Mario R. Cancel , Historiador y escritor

Unos antecedentes 

La campaña primarista en los partidos principales no sorprendió a nadie. Tanto en el caso del PPD como del PNP se caracterizó por un lenguaje acorde con estos tiempos de crisis. En una situación tan incierta—la recesión ya no está en el horizonte sino que es parte de la cotidianidad— Periódico Expresiónno quedó más remedio que echar mano de una discursividad tan fantástica y ofensiva como los medios pudieron tolerar.    Ello explica la insistencia en eliminación de la tasa estatal del IVU y la promesa de aumentar el salario de los maestros a $ 3,000; o la oferta de prescindir de las planillas de contribución sobre ingresos y la esperanza de conseguir una estadidad por petición. Es como si los programas nada importaran ante la imagen y el voto se interpretase como una acción instintiva de mercado. El liderato político de los partidos principales está tocando fondo. Mediante el difuso de lo inaudito se pretende capturar las ficciones del elector-consumidor. Los medios de comunicación convencionales se empeñaron en difundir la “información que vende.” Por eso la contienda Fortuño-Roselló ocupó la mayor parte de los titulares. La gente se enteró de todo pero no comprendió mucho. Pocos reconocieron que también en lugares como Ponce, Juana Díaz o Ceiba se jugaba una parte del destino de la unidad PPD. 

La revolución informática, al penetrar la campaña, ha abierto unos espacios nuevos para la confusión. Desde el hipotético anonimato o camuflaje cibernético, todo puede ser dicho. Los efectos de ello sobre las decisiones de los usuarios están por verse. Pero ese tipo de agresividad virtual ha llegado para quedarse. Habrá que pensar hasta donde conduce. 

Los dilemas del PNP   

El triunfo de la candidatura de Fortuño a la gobernación del PNP no pudo ser más emblemático. El hipotético poder de la imagen de Roselló se desinfló ante su empuje. El alegato de que aquel sería derrotado por alienígenas populares no se cumplió. Pero todo parece indicar que el papel protagónico de la juventud en el cambio tampoco fue determinante. A Roselló lo derrotó la militancia madura del PNP y una campaña bien articulada.    

La ventaja holgada del Comisionado Residente en Washington apunta al fin de una era y a la transformación de Roselló en un mito político del anexionismo en la postmodernidad. Su impacto en la historia de la praxis política contemporánea ha sido tan impresionante como el que tuvo el polémico Romero Barceló en la difícil transición de los años 1980.   

El hecho de que Roselló aceptara su derrota apenas 3 horas de cerrados colegios fue, en general, saludable para su organización. Fue un atajo contra el ilusionismo desesperante que estimula la violencia entre los partisanos y dio tiempo suficiente para crear el performance de la unidad de causa que dominó el resto de la noche. Su manifestación pública estuvo precedida por el silencio sepulcral de su acólitos y la falsa confianza manifiesta por su hijo Ricky y el representante Aponte ante las cámaras de televisión.    

Cualquier observador político entrenado iba a traducir aquel escenario en la embocadura de una tragedia. En efecto, los informes de los corredores rosellistas eran frustrantes. La lentitud del flujo de información del Comisionado Electoral del PNP, un rosellista convencido, a la Comisión Estatal de Elecciones completó el cuadro de desconfianza.    El llamado a la unidad penepé-puertorriqueña –unidad electoral y antipopulista – que penetró el inocuo mensaje de triunfo de Pierluisi, y el tradicional discurso de Fortuño, demuestran que el PNP sabe lo que arriesga si no va unido a la contienda de noviembre. La recuperación retro de los jingles de la Era de Luis Ferré, el Padre Fundador del anexionismo tardomoderno, es un indicador de que entre el discurso del cambio para el 2008 y el de la Nueva Vida de 1968 se pretende establecer una  vinculación simbólica. Se trata de una invitación al corazón del rollo para que mire hacia la nueva cara del anexionismo.    Fortuño va a ser proyectado como un nuevo Ferré para la Era Global. La percepción de que las heridas no sanan tan rápido es clara y la tirria larvada sobrevivirá en quienes no se ajusten del todo al dictum del nuevo presidente de la organización. Desde mi punto de vista la desaparición política de Roselló no terminará con el rosellismo. Si no se limpia la cara a la casa su influencia seguirá presente de numerosos modos.   

La invitación de Roselló a la capitulación, pasiva y cuidadosa, explica la discursividad contemporizadora de fanáticos como José Garriga Picó y Norma Burgos. Su presencia en la celebración de Fortuño, si bien será interpretada como madurez política, no desdice la inmadurez de la campaña de oposición al opositor que llevaron a cabo. La situación reafirma que tanto fortuñistas como rosellistas saben cuánto arriesgan si no se ajustan al giro.    

No creo que deba recordar que el PNP fue el fenómeno político de crecimiento más impresionante entre los años 1967 y 1980. Su emergencia en el panorama político nacional forzó la revisión programática del populismo en el momento de Hernández Colón. Pero lo cierto es que los procesos de crecimiento también tienen sus límites. La idea de que la figura de Roselló podía quebrar esos límites de crecimiento tras sus administraciones de 1992 a 1999 fue frenada.   

De cara a las elecciones de noviembre de 2008 falta mucho por hacer. A pesar de la debilidad de la imagen de Acevedo Vilá y el PPD, la victoria de Fortuño no es segura. Es plausible, pero el PNP tiene que trabajarla mucho. Resolver el desbarajuste presupuestario de la no-campaña rosellista es el menor de los dilemas. 

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Historia de Puerto Rico: economía y cultura 1898-1917

Capilla Hermanos CheoCentral Constancia en Toa Baja Mario R. Cancel   

La presencia de Estados Unidos en Puerto Rico alteró el mercado local y el mercado internacional de modo dramático. La presencia de capitalistas e inversiones americanas se convirtió en un asunto cotidiano. El impacto cultural y político de la situación cambió la vida del país de manera permanente. 

Industrias protegidas 

Las autoridades estadounidenses instituidas durante el régimen militar y la Ley Joe Foraker de 1900, favorecieron el sector económico de la caña de azúcar y sus derivados. La actitud se explica por el hecho de que aquel renglón había sido el nervio de las relaciones entre ambos territorios durante el siglo 19.  La situación estimuló el crecimiento de una clase de empresarios ricos que lo mismo militaba en el Partido Federal, luego Partido Unión de Puerto Rico, o en el Partido Republicano Puertorriqueño. Aquel sector favorecía la presencia de Estados Unidos en el país y la americanización política y económica de la colonia en diversos grados. Los otros sectores que recibieron una inyección de capital fueron la industria de las frutas tropicales y el tabaco. 

En los 3 casos se favoreció la inversión de capital americano en el país. La situación estimuló la dependencia de los pequeños y medianos propietarios agrarios en aquellos renglones del gran capital. La competencia por el control del mercado entre portorriqueños y americanos fue desigual. Por lo regular los capitalistas extranjeros -no americanos- se aliaron indistintamente con los de uno u otro origen.

Esa lucha de sectores, informada de un contenido político y cultural, fue uno de los fermentos del nacionalismo puertorriqueño del 1920. 

Industrias no protegidas 

Tras la invasión del 1898 el café perdió sus mercados europeos. El producto no fue protegido por Estados Unidos lo cual lo puso en una situación de desventaja enorme. Las pequeñas industrias y las artesanías vieron la incomparable competencia de la producción en serie e industrial que provenía del norte. El desplazamiento de esos dos sectores por las condiciones económicas de la nueva soberanía condujo, por un lado, a la oposición de carácter gremial de los primeros movimientos socialistas del siglo 20, pero numerosos cafetaleros y artesanos disgustados se asociaron al nacionalismo puertorriqueño de 1920.  Las relaciones culturales entre EU-PR Las áreas de mayor tensión fueron el territorio religioso y el educativo.  El caso de la religión es emblemático y tiene mucho que ver con la intolerancia del catolicismo hispano al evangelismo o protestantismo de tradición luterana. En el imaginario puertorriqueño Estados Unidos era un pueblo evangélico que se oponía a los valores tanto del catolicismo institucional como del popular. La asociación del catolicismo al Antiguo Régimen y del evangelismo a la modernidad fue clave en aquel proceso. 

En el caso de la educación se reconocía que Estados Unidos promovía la educación popular y masiva, acción social que los españoles siempre consideraron atentatoria contra el orden. Cuestiones accesorias de la pedagogía americana como la integración de varones y hembras en el salón de clase, también atentaban contra la estricta separación de sexos en el aula que había impuesto España. 

La idea dominante era que las autoridades de Estados Unidos iban a usar la religión y la educación popular masiva como medios de americanización. Pero la identificación de la americanización política, económica y cultural con la modernización y la civilización, le ganó el apoyo de mucha gente entre educada y no educada en la colonia. 

Las implicaciones jurídicas y en la vida cotidiana de la gente fueron muchas. La primera fue la separación efectiva de Iglesia-Estado que desamparó a un catolicismo que había dependido de los ingresos de hacienda desde el siglo 15. En la práctica ello significó la Romanización de la Iglesia Católica Puertorriqueña cuya jerarquía sería nombrada por el Papa en adelante.  Pero por lo regular en el nombramiento de los Obispos de Puerto Rico comenzó a mediar el Presidente y el Congreso, tanto como antes lo había hecho el Rey de España. También significó que la institución dejó de depender de la Corona Española y tuvo que desarrollar estructuras financieras nuevas. La segunda fue la efectiva libertad de práctica y difusión de cultos católicos, no católicos e incluso no cristianos que terminó con el exclusivismo cristiano-católico en el país. La situación disgustó a un segmento de la Iglesia Católica y del Catolicismo Popular puertorriqueños. La discusión académica católica y la resistencia de los católicos de base ante la imagen del misionero no católico fueron un componente valioso en el nacionalismo puertorriqueño de 1920. El camino al nacionalismo tradicionalista está mediado por el componente católico de la resistencia al otro. En el campo del Catolicismo Popular se concreto un notable reavivamiento católico que retó la americanización cultural y religiosa como una amenaza. Buena parte de aquel movimiento estuvo centrado en figuras femeninas carismáticas que se identificaban con la Virgen María. Un modelo de ello fue el fenómeno de la Hermana Eudoxia, activa en Quebradillas en 1899. El más conocido es el de Madre Elena de Jesús, activa entre San Lorenzo y Cayey entre los años 1899 y 1909. 

También hubo un movimiento centrado en figuras masculinas carismáticas identificadas con los Santos, en especial,  San Juan Evangelista el que  anuncia a Jesús. Las personalidades más notables fueron los señores José de los Santos Morales y José Rodríguez, conocidos como los Hermanos Cheo, Los Santos o Los escogidos. Aquella expresión político-religiosa creció entre Arecibo y Jayuya en el periodo que va de 1902 a 1907. Tras la acusación de herejía fueron reconocidos por la Iglesia católica en 1927 Los Hermanos Cheo actuaron como una asociación semi-secreta rural sincrética y antidogmática. Aquella facción católica fue tolerante con practicantes espiritistas, clarividentes y curanderos, despreciaba el ritualismo y en algún momento manifestó su disposición a la cruzada o guerra santa contra los invasores no católicos. Fueron intesos defensores  del culto a los santos de palo tradicional o santería, una artesanía rural muy respetada desde el siglo 16 al 19, que había sido rechazado por la jerarquía católica americana en beneficio de los santos de yeso de factura industrial.  Los hermanos Cheo veían el evangelismo como una amenaza al catolicismo y se consideraban mensajeros una Nueva Era con toda probabilidad la Reconciliación que sucede al Fin del Mundo. Esos sectores también animaron el nacionalismo de la década de 1920 afirmando el componente ético católico en el diseño de la nación. 

El tutelaje económico (1900-1938): Generalidades 

Estados Unidos elaboró su imperio combinando la práctica plutocrática y neoaristocrática. La posesión de Puerto Rico fue esencial en aquel proyecto. Entre 1898 y 1917 los intereses americanos se extendieron por las Grandes Pequeñas Antillas -Cuba, Puerto Rico e Islas Vírgenes- pero también consiguió enclaves en el Caribe Suramericano -Canal de Panamá- y en el Pacífico –Hawai, Samoa y Filipinas. Aquel fue un Imperio Tropical pequeño pero eficaz que suplía numerosas necesidades a su mercado. En gran medida suplía la producción del la Zona Sub-Tropical continental al sureste de la nación. 

Historiografía: socialismo ruso-soviético II

URSS-Cartel URSS-Escudo de ArmasEl Socialismo Ruso y Soviético: Los paradigmas o meta-dogmas 

La estabilidad del socialismo ruso-soviético se afirma en la presunción de la redención proletaria. Este paradigma sintetiza y supera aquello que para la tradición de 1789 significó la redención popular. Se trata de un concepto exclusivo que promueve un a mirada crítica sobre la concepción de lo popular.  La discursividad en torno a la redención proletaria adoptó un tono moralizador que universalizó el papel de la clase obrera y el proletariado. En general, la redención proletaria implicaba la redención a toda la humanidad por medio de un proceso de pensamiento que tiende a identifican a la clase obrera con la humanidad verdadera no alienada. En la praxis ello implicaba la ejecución de una revolución y la edificación de la dictadura del proletariado. El periodo dictatorial se ejecutaba con el propósito de liquidar el capitalismo y a los capitalistas y sus aliados. El hecho de que la meta se consideraba inevitable la hacía también moralmente válida.  La segunda presunción era el destino comunista. Se aceptaba que el fin del capitalismo era inevitable, que la destrucción de la propiedad suprimiría las diferencias de clase y la lucha entre ellas, lo cual dejaba el camino expedito hacia un mundo nuevo. Ese orbe permitiría la maduración de un hombre nuevo análogo en su pureza social al que dejó atrás el comunismo primitivo pero insuflado de racionalidad y de capacidad cósmica. El tipo de libertad de la que disfrutaría sería superior a la del comunismo primitivo y a la capitalismo avanzado.  La tercera presunción es la que asegura la necesidad de una vanguardia pequeña y disciplinado capaz de aprender y promover esos procesos. El concepto fue teorizado en Lenin en el texto ¿Qué hacer? (1903). La idea de la organización elitista parte de la premisa de que la posesión de los bienes político-culturales en un orden social no es homogénea. La clase obrera muestra niveles desiguales de conciencia. La vanguardia tiene una conciencia plena del papel de la clase. La misma debe ser organizada en un partido que, por su condición, representa a la clase, agita y propicia la revolución. Esa representación es transparente (glasnost).  La cuarta presunción es la dictadura del proletariado, concepto que tiene sus antecedentes en la obra de Carlos Marxen la Crítica del Programa de Gotha (1875) y en sus estudios sobre la Comuna de París. La estructura estatal no es rechazada a la hora del socialismo ruso-soviético. Por el contrario, el mismo debe ser usado para beneficio de la clase obrera. la idea e es transformar el Estado del Capitalismo Avanzado, no destruirlo. La Dictadura del Proletariado, como praxis, fue creación rusa-soviética. La primera fase de la dictadura del proletariado se veía forzada a conservar estructuras y rasgos del capitalismo. La mayor preocupación en ese nivel era la distribución igualitaria de la propiedad con el objeto de garantizar la igualdad formal de la comuna. Los socialistas ruso-soviéticos aceptan que el igualitarismo no equivale al comunismo. Durante esa etapa la clase obrera armada, por medio de su vanguardia, reprime a la clase burguesa. Una vez extinta la clase burguesa desaparece la explotación en la medida en que todos los comunitarios se transforman en trabajadores. La homogeneidad del sistema se garantiza dado que todos son empleados por un solo consorcio o patrono -el Estado-. La etapa fuerza a que se generalicen los medios de coerción, registro y control en la forma de una sociedad de la vigilancia. Para la clase obrera se trata de una dictadura indirecta por medio de la vanguardia organizada. 

La segunda fase de la dictadura del proletariado es el espacio-tiempo en que se manifiesta la transición al comunismo. En el proceso desaparecen las diferencias entre trabajo manual y trabajo intelectual –entre el hacer de la vanguardia y el hacer de la clase-. La muerte de las diferencias de clase garantiza la igualdad de hecho. En ese contexto el hombre nuevo se hacía presente y los -los coerción, registro y control del estado pueden desaparecer. En ese punto se inicia la auto-administración de las cosas o el comunismo propiamente dicho al modo de una sociedad automatizada.

Mario R. Cancel

Historiografía: socialismo ruso-soviético

Krupskaya y LeninEl Socialismo Ruso y Soviético: las grandes figuras 

Un panorama del socialismo ruso deja al estudioso la impresión de un asunto mal comprendido. La tendencia ha sido reducir aquella tradición a la figura de Lenin y sus acólitos y a la fórmula simplificadora del marxismo y el leninismo que asocia dos interpretaciones que no son similares.Trotsky y Lenin 

Los promotores del activismo y la discusión socialista en el Imperio Ruso fueron Georgi Plejanov y Pavel Axelrod los cuales resultan invisibles a la interpretación una vez se generalizron las posturas leninistas. Las figuras más emblemáticas y respetadas por su capacidad son, sin duda, Vladimir Ulianov @ Lenin (1870-1924) y Lev Trotski (1879-1940). La discusión en torno a sus contradicciones, que fue uno de los pilares de la etapa inicial de la Era del Stalinismo, sugiere que se trata de una interpretación rusa heterodoxa –la de Lenin- ante una interpretación penetrada por los valores europeos y la ortodoxia marxista germana-la de Trotsky-. 

Los grandes especialistas marxistas, en general poco conocidos, fueron entre otros,  Anatoli Lunachraski (1875-1933) en el territorio de la interpretación cultural y la administración de las expresiones populares en el marco de la construcción del socialismo y el hombre nuevo; Alexandra Kollontai (1872-1952) por su discusión radical del asunto de la mujer y la familia sobre la base de los argumentos de Friedrich Engels; y Nadezhda Krupskaya (1869-1939)  por su aportación en el espinoso campo de la educación en el camino al socialismo.  Los vulgarizadores más notables Nicolai Bujarin (1888-1953), Josip Visarionovich @ Stalin @ Koba (1879-1953). Los choques entre ambos vinieron a cuento del llamado debate sobre la Revolución Permanente y Trotsky que hacia 1924 era el la manzana de la discordia en el Partido Comunista Ruso. 

La condición de Lenin como una figura de culto muy poderosa, ha limitado la explicación del marxismo ruso soviético más allá de sus escritos trivializando una tradición rica y diversa que merece ser revisitada.  Los marxistas rusos interpretaron a Karl Marx y el marxismo como la síntsis de e corrientes distintivas de la modernidad y el siglo 19: la dialéctica hegeliana, la economía política inglesa y el socialismo francés. la metáfora dialéctica clásica sostiene que la síntesis es una negación de la negación y supone una superación de lo negado. El marxismo, en consecuencia, niega las tradiciones de las que proviene y establece un sistema superior y a toda prueba por su racionalidad y cientificidad. 

El Socialismo Ruso y Soviético: Rasgos dominantes  

Por un lado, se encuentra el culto al método dialéctico marxista. La actitud se asienta sobre una serie de premisas. la primera de ellas es que el método traduce o refleja con fidelidad  la realidad objetiva material. Una consecuencia de ese aserto es que el método pone en las manos del marxista la dialéctica de la realidad objetiva, un conocimiento verdadero del mundo. Por medio del método se pueden conocer las leyes generales que rigen la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. 

La lógica que domina es la de las ciencias naturales de la Era de Newton y las del materialismo científico del siglo que no conocen el relativismo de principios del siglo 20. La idea de que el conocimiento es un reflejo de la realidad es un signo de la modernidad y de la ciencia que el marxismo ruso-soviético afirma constantemente. La deriva natural o corolario es que el conocimiento sirve para transformar el mundo. De hecho, la legitimidad del conocimiento es que sirva para ese fin utilitario. Por esa vía la legitimidad del conocimiento es análoga al valor de uso de una mercancía: no basta con saber, hay que hacer porque la praxis o el hacer es el poder que juzga al pensar y el sujeto cognoscente. 

Por otro lado se afirma un culto autoritario a unos autores clásicos, del mismo modo que lo ejecutaba historiografía latina de la era de la república y el imperio. Por lo general los autores clásicos o canónicos se redujeron a Marx / Engels. La Revolución de Octubre de 1917 en Rusia añadió a Lenin a ese dueto selecto. Las reinterpretaciones a las que Lenin sometió a Marx y Engels se interpretan como una interpretación válida y una puesta al día a la luz del capitalismo cambiante de la Era del Imperialismo y la Gran guerra.  Lo cierto es que la Europa del capitalismo avanzado no era la Rusia Zarista del capitalismo desigual, concepto tan bien trabajado por Trotsky en su clásica historia de la revolución rusa.

El clásico se maneja como un modelo a imitar y completar. De ese modo, el texto se canoniza y es concebido concibe como la síntesis de verdades irrefutables pero a la vez limita su propia capacidad crítica y tiende a transformarse en un dogma fácil. Por último el socialismo ruso-soviético afirma unos paradigmas o meta-dogmas historiográficos medulares.

El primero es la concepción de la historia como un todo orgánico y racional que está sujeto a principios o leyes generales que son aprensibles por la razón y la ciencia. Nada más moderno que esos pilares de la ilustración.

El segundo es la concepción de una meta u objetivo definido el cual, mediante una la praxis social racional y científica, puede retrasarse o adelantarse. El tercero es la concepción de que la meta de la historia es la libertad y la igualdad y de que las mismas son forzosas e inevitables.  

La coincidencia con el liberalismo burgués se quiebra porque la libertad y la igualdad socialista se considera superior a la imaginada por aquellos: la niega y la supera dialécticamente como toda síntesis.

Mario R. Cancel

Formas de la democracia: elegir y ser elegido

Mario R. Cancel, perfilLa modernidad transformó la gente de súbditos en ciudadanos. Entre ambos conceptos había una gran enorme. Un súbdito es un sujeto de la autoridad de otro. Un ciudadano es un sujeto de derecho. La interpretación se justificaba mediante la creencia de que los seres humanos podían pensar, razonar y aprender la verdad.

La condición ciudadana promovió la conciencia política. La gente aceptó que las acciones colectivas podían influir al poder en beneficio del bien común. La conciencia política es también una forma de la conciencia histórica. Los seres presumen que conocen su pasado y desarrollan proyectos para el futuro. La idea de que el ciudadano actuaba como un fiscal del Estado se impuso.

La capacidad de elegir y ser elegido mediante sufragio fue una de las formas de la participación política. Pero el camino desde sufragio limitado por sexo, clase o posesiones, hasta el sufragio universal, ha sido largo y conflictivo. El derecho a elegir entre candidatos reconocía lo saludable de delegar funciones en la figura de representantes legítimos. Los partidos políticos fueron un mecanismo idóneo para organizar la opinión de la gente.

El voto fue también un tribunal sobre la labor cumplida. Al votar, se castigaba o premiaba a los delegados. Esto era válido tanto para las elecciones de funcionarios públicos, como para las elecciones internas de los partidos políticos.

Aquello era solo un modelo teórico. La modernidad suponía que al final del camino esperaban la libertad y la democracia soñadas por todos. Pero al final del camino no había nada.

Formas del mercado: vender y comprar imágenes

Los medios de comunicación sirvieron a la democracia para difundir ideas. Mediante la discusión pública, el elector racional escuchaba las propuestas y tomaba una decisión respecto a quién apoyar. El candidato representaba un programa y proyectaba una imagen. Esa era su oferta a la gente. Votar era depositar la confianza en ambas cosas

La segunda parte del siglo 20 marcó un fenómeno interesante. El crecimiento del poder de los medios masivos de comunicación alteró muchos patrones sociales. La presencia de los medios en los procesos de formación de opinión se intensificó. El balance tradicional entre el programa y la imagen se tronchó.

La elección de 1968 se realizó sobre la base de que Luis A Ferré era un candidato “fresco” que representaba una “burguesía exitosa.” Su spot publicitario “todo puertorriqueño, un capitalista” estaba acorde con la radicalización política propia de aquellos tiempos de crisis. Desde entonces los electores no consumen programas sino imágenes.

Votar en Puerto Rico

En marzo se levanta el telón para el PPD y el PNP. Las primarías son un taller que pone a prueba al sistema. Ante la victoria de los mejores, los perdedores deberían aceptar la voluntad popular. La idea de que la opinión mayoritaria es la correcta domina todavía. Pero la teoría y la vida no son la misma cosa.

El PNP decidirá entre dos imágenes y dos programas. Los argumentos para decidir los ofrece la publicidad. Luis Fortuño, aspira conquistar el “corazón del rollo” recurriendo al lenguaje de la guerra fría y acusa al PPD de separatista. Con ello reconoce que el núcleo del PNP está dominado por una derecha recalcitrante. Pero el PR que reconstruyen sus spots no es solo el de Acevedo Vilá. También pertenece a la Era de Roselló

Pedro Roselló ha dicho que no hará campaña. Se trata de un acto simbólico de fuerza. Con una actitud patriarcal propia de elegidos ha ofrecido el perdón a lo corruptos que así lo confiesen. La alusión a Nelson Mandela es una flecha contra las izq