Historia de Puerto Rico: economía y cultura 1898-1917

Capilla Hermanos CheoCentral Constancia en Toa Baja Mario R. Cancel   

La presencia de Estados Unidos en Puerto Rico alteró el mercado local y el mercado internacional de modo dramático. La presencia de capitalistas e inversiones americanas se convirtió en un asunto cotidiano. El impacto cultural y político de la situación cambió la vida del país de manera permanente. 

Industrias protegidas 

Las autoridades estadounidenses instituidas durante el régimen militar y la Ley Joe Foraker de 1900, favorecieron el sector económico de la caña de azúcar y sus derivados. La actitud se explica por el hecho de que aquel renglón había sido el nervio de las relaciones entre ambos territorios durante el siglo 19.  La situación estimuló el crecimiento de una clase de empresarios ricos que lo mismo militaba en el Partido Federal, luego Partido Unión de Puerto Rico, o en el Partido Republicano Puertorriqueño. Aquel sector favorecía la presencia de Estados Unidos en el país y la americanización política y económica de la colonia en diversos grados. Los otros sectores que recibieron una inyección de capital fueron la industria de las frutas tropicales y el tabaco. 

En los 3 casos se favoreció la inversión de capital americano en el país. La situación estimuló la dependencia de los pequeños y medianos propietarios agrarios en aquellos renglones del gran capital. La competencia por el control del mercado entre portorriqueños y americanos fue desigual. Por lo regular los capitalistas extranjeros -no americanos- se aliaron indistintamente con los de uno u otro origen.

Esa lucha de sectores, informada de un contenido político y cultural, fue uno de los fermentos del nacionalismo puertorriqueño del 1920. 

Industrias no protegidas 

Tras la invasión del 1898 el café perdió sus mercados europeos. El producto no fue protegido por Estados Unidos lo cual lo puso en una situación de desventaja enorme. Las pequeñas industrias y las artesanías vieron la incomparable competencia de la producción en serie e industrial que provenía del norte. El desplazamiento de esos dos sectores por las condiciones económicas de la nueva soberanía condujo, por un lado, a la oposición de carácter gremial de los primeros movimientos socialistas del siglo 20, pero numerosos cafetaleros y artesanos disgustados se asociaron al nacionalismo puertorriqueño de 1920.  Las relaciones culturales entre EU-PR Las áreas de mayor tensión fueron el territorio religioso y el educativo.  El caso de la religión es emblemático y tiene mucho que ver con la intolerancia del catolicismo hispano al evangelismo o protestantismo de tradición luterana. En el imaginario puertorriqueño Estados Unidos era un pueblo evangélico que se oponía a los valores tanto del catolicismo institucional como del popular. La asociación del catolicismo al Antiguo Régimen y del evangelismo a la modernidad fue clave en aquel proceso. 

En el caso de la educación se reconocía que Estados Unidos promovía la educación popular y masiva, acción social que los españoles siempre consideraron atentatoria contra el orden. Cuestiones accesorias de la pedagogía americana como la integración de varones y hembras en el salón de clase, también atentaban contra la estricta separación de sexos en el aula que había impuesto España. 

La idea dominante era que las autoridades de Estados Unidos iban a usar la religión y la educación popular masiva como medios de americanización. Pero la identificación de la americanización política, económica y cultural con la modernización y la civilización, le ganó el apoyo de mucha gente entre educada y no educada en la colonia. 

Las implicaciones jurídicas y en la vida cotidiana de la gente fueron muchas. La primera fue la separación efectiva de Iglesia-Estado que desamparó a un catolicismo que había dependido de los ingresos de hacienda desde el siglo 15. En la práctica ello significó la Romanización de la Iglesia Católica Puertorriqueña cuya jerarquía sería nombrada por el Papa en adelante.  Pero por lo regular en el nombramiento de los Obispos de Puerto Rico comenzó a mediar el Presidente y el Congreso, tanto como antes lo había hecho el Rey de España. También significó que la institución dejó de depender de la Corona Española y tuvo que desarrollar estructuras financieras nuevas. La segunda fue la efectiva libertad de práctica y difusión de cultos católicos, no católicos e incluso no cristianos que terminó con el exclusivismo cristiano-católico en el país. La situación disgustó a un segmento de la Iglesia Católica y del Catolicismo Popular puertorriqueños. La discusión académica católica y la resistencia de los católicos de base ante la imagen del misionero no católico fueron un componente valioso en el nacionalismo puertorriqueño de 1920. El camino al nacionalismo tradicionalista está mediado por el componente católico de la resistencia al otro. En el campo del Catolicismo Popular se concreto un notable reavivamiento católico que retó la americanización cultural y religiosa como una amenaza. Buena parte de aquel movimiento estuvo centrado en figuras femeninas carismáticas que se identificaban con la Virgen María. Un modelo de ello fue el fenómeno de la Hermana Eudoxia, activa en Quebradillas en 1899. El más conocido es el de Madre Elena de Jesús, activa entre San Lorenzo y Cayey entre los años 1899 y 1909. 

También hubo un movimiento centrado en figuras masculinas carismáticas identificadas con los Santos, en especial,  San Juan Evangelista el que  anuncia a Jesús. Las personalidades más notables fueron los señores José de los Santos Morales y José Rodríguez, conocidos como los Hermanos Cheo, Los Santos o Los escogidos. Aquella expresión político-religiosa creció entre Arecibo y Jayuya en el periodo que va de 1902 a 1907. Tras la acusación de herejía fueron reconocidos por la Iglesia católica en 1927 Los Hermanos Cheo actuaron como una asociación semi-secreta rural sincrética y antidogmática. Aquella facción católica fue tolerante con practicantes espiritistas, clarividentes y curanderos, despreciaba el ritualismo y en algún momento manifestó su disposición a la cruzada o guerra santa contra los invasores no católicos. Fueron intesos defensores  del culto a los santos de palo tradicional o santería, una artesanía rural muy respetada desde el siglo 16 al 19, que había sido rechazado por la jerarquía católica americana en beneficio de los santos de yeso de factura industrial.  Los hermanos Cheo veían el evangelismo como una amenaza al catolicismo y se consideraban mensajeros una Nueva Era con toda probabilidad la Reconciliación que sucede al Fin del Mundo. Esos sectores también animaron el nacionalismo de la década de 1920 afirmando el componente ético católico en el diseño de la nación. 

El tutelaje económico (1900-1938): Generalidades 

Estados Unidos elaboró su imperio combinando la práctica plutocrática y neoaristocrática. La posesión de Puerto Rico fue esencial en aquel proyecto. Entre 1898 y 1917 los intereses americanos se extendieron por las Grandes Pequeñas Antillas -Cuba, Puerto Rico e Islas Vírgenes- pero también consiguió enclaves en el Caribe Suramericano -Canal de Panamá- y en el Pacífico –Hawai, Samoa y Filipinas. Aquel fue un Imperio Tropical pequeño pero eficaz que suplía numerosas necesidades a su mercado. En gran medida suplía la producción del la Zona Sub-Tropical continental al sureste de la nación. 

2 Responses to “Historia de Puerto Rico: economía y cultura 1898-1917”

  1. Saludos:

    Excelente recurso. Gracias por su compromiso con la Historia de Puerto Rico.

  2. Me parece interesante la manera en que asocia el desprecio por el Antiguo Régimen por parte de los americanos con el deseo de estos de descatolizar a Puerto Rico o de por lo menos sacar la visión católica del cristianismo de las esferas políticas. Esto me hace pensar en la influencia de las ideas de la masonería en los procesos políticos norteamericanos.

    Esto se puede ver también en el hecho de que aunque se romanizó el catolicismo puertorriqueño las decisiones administrativas de la Iglesia se tomaban en Baltimore, la arquidiócesis del estado catolico: Maryland. Implicando esto la permisibidad hacia el culto católico pero conservando principios de tolerancia religiosa y libertad de culto.

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