Al final del camino, o del libro, me parece forzoso aceptar las bajezas de la historia según se concibió tradicionalmente. En ese sentido no me tiembla la mano al decir que está muerta. El mismo argumento se puede aplicar a la nueva historia. Estoy seguro que en algún momento, más pronto de lo que puedo imaginar, se dirá lo mismo de la tradición de mi generación. Pero la historia es como un Fénix y renacerá de las cenizas otra vez. Lo presiento con la seguridad de que siempre cae una tarde distinta.