Mario R. Cancel: Bitácora profesional

Historia y actualidad puertorriqueña

La Insurrección de Lares (Parte I)

Posted by Mario R. Cancel on Febrero 1, 2009

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

Los rebeldes que se alzaron el 23 de septiembre de 1868, tenían un programa concreto para Puerto Rice. En su sentido más general, aquella fue una propuesta política antimonárquica y republicana. La tradición revolucionaria francesa, tanto la de 1791 como la de 1848, estaba presente en sus ideólogos. La Insurrección aspiraba a establecer un gobierno civil que reconociera los derechos ciudadanos; protestó, en nombre de los hacendados y los jíbaros, contra el poder de los comerciantes españoles y su control del crédito agrario. Pero también dejó clara su oposición a la libreta de jornaleros y a la esclavitud negra, dos estructuras laborales que impedían la modernización del mercado del trabajo. El carácter antiespañol de su discurso era evidente.

La Insurrección de Lares

En el plano cultural, la Insurrección ayudó a crear un lenguaje simbólico lleno de contenido. El componente de una bandera, la que hoy significa a la municipalidad, una bandera roja y una bandera blanca, entre otras, fue muy significativo. El hecho de que la revuelta se asociara a un himno y a numerosas canciones populares que celebraban la revolución también. Se trataba de los signos de una nación-estado moderna en gestación.

La conspiración es descubierta

El levantamiento había sido señalado para el 29 de septiembre. En el Santoral Católico, ese es el día de Miguel, Rafael y Gabriel, Arcángeles que destierran a Lucifer del Cielo al Infierno. La selección de la fecha debió estar relacionada con esa tradición, sin duda.  Sin embargo, una vez descubierta la conjura, la misma fue adelantada para el 23 de septiembre, día del Equinoccio de Otoño que, en todo calendario mágico, sugiere la voluntad igualadora de la Naturaleza. El hecho de que buena parte del liderato rebelde estuviese ligado a la Masonería, podría explicar la elección de la nueva fecha.

lares2En el descubrimiento de la conspiración se conjugaron varios factores. Por un lado, un miliciano que escuchó la conversación casual de dos conspiradores en Camuy informó el asunto. Por otro lado, un espía informó desde San Tomás sobre actividades sospechosas que se relacionaban con la isla. Por último, el liberal Calixto Romero Togores informó al gobierno los acercamientos tendenciosos de algunos delegados revolucionarios quienes le solicitaron dinero para el proyecto. La pregunta de por qué se adelanto en lugar de posponerse todavía no ha sido respondida con propiedad.

La revuelta

La jefatura militar de la revuelta quedó en manos del hacendado cafetalero venezolano-puertorriqueño Manuel Rojas, quien tuvo a su disposición un ejército compuesto por civiles armados. La tropa se organizó en su Hacienda La Esperanza, avanzó hasta la zona urbana de Lares y, tras tomarla sin mucha oposición, proclamó la República por medio de un decreto sencillo. En esto consiste el “Grito” o declaración formal de la República. La elección de Francisco Ramírez como Presidente, y la sacralización del acto mediante una misa de agradecimiento o Te Deum, completó el ritual. Los rituales del Grito y la misa servían para dar legitimidad a la acción y asegurar el compromiso de la gente común.

La primera decisión militar de Rojas fue dirigirse a San Sebastián del Pepino. La meta era la toma de la Plaza Pública, el escenario del pueblo y, a la vez, el centro en donde convergía tanto el poder civil con el religioso. La comunidad y los cuerpos de milicianos de El Pepino los estaban esperando. El hecho de que fracasaran dos veces en tomar el objetivo, unido al temor de que llegaran los refuerzos de la Tropa Veterana de Aguadilla, un cuerpo profesional del ejército español, hizo que se retiraran. En cierto modo, la línea de mando fue rota por un acto de indisciplina. Rojas recomendó la ejecución de una tercera avanzadilla, pero su gente insistió en la negativa y, en cierto modo, se insubordinó. La actitud parece propia de un ejército de civiles con poco entrenamiento y mal armado.

A su regreso a Lares, la tropas se reunieron en la hacienda de Rojas a esperar noticias de otros actos rebeldes, o del desembarco de Ramón E. Betances con el barco “El Telégrafo” que había sido armado en la Antillas Menores y esperaban arribara desde Santo Domingo.  En ausencia de los mismos, se dispersaron por los montes de las Lomas de Lares en guerrillas pequeñas. Todo parece indicar que su capacidad de resistencia fue poca.

Una ola de arrestos de sospechosos caracterizó los meses de septiembre a diciembre de 1868. De acuerdo con el historiador Germán delgado Pasapera, 545 personas de todas las clases, profesiones y razas fueron puestas bajo arresto. Los convictos eran liberales, independentistas y anexionistas. Todo parece indicar que las autoridades utilizaron la insurrección como una excusa para “limpiar la casa.” Lo mismo sucedió con la ola de arrestos de 1887 y conocido como los “Compontes”; y con la confección de “Listas de subversivos” a la manera macartysta auspiciada por el populismo desde 1948.