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	<title>Mario R. Cancel: Bitácora profesional</title>
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	<description>Historia y actualidad puertorriqueña</description>
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		<title>Mario R. Cancel: Bitácora Profesional se muda</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 16:22:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mario R. Cancel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A los visitantes: El proyecto  Mario R. Cancel: Bitácora Profesional se muda y cambia de nombre. El mismo se llamará ahora Puerto Rico: su transformación en el tiempo y su dirección será http://historiapr.wordpress.com/ El presente espacio permanecerá en línea para su consulta, pero todos los nuevas entradas continuarán apereciendo en su nuevo espacio de WordPress.com Los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A los visitantes:</p>
<p>El proyecto  <em>Mario R. Cancel: Bitácora Profesional </em> se muda y cambia de nombre. El mismo se llamará ahora <em>Puerto Rico: su transformación en el tiempo</em> y su dirección será <a href="http://historiapr.wordpress.com/">http://historiapr.wordpress.com/</a></p>
<p>El presente espacio permanecerá en línea para su consulta, pero todos los nuevas entradas continuarán apereciendo en su nuevo espacio de <a href="http://es.wordpress.com/" target="_blank">WordPress.com</a></p>
<p>Los invitamos a ver el nuevo hogarcuando así lo deseen.</p>
<ul>
<li>Mario R. Cancel</li>
<li>Escritor y profesor universitario</li>
</ul>
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		<title>“We the People”. Comentarios introductorios</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2009 22:00:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mario R. Cancel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Colonialismo]]></category>
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		<category><![CDATA[José Anazagasty Rodríguez]]></category>
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		<description><![CDATA[Dr. José Anazagasty Sociólogo El pasado 18 de octubre se proclamó públicamente el Día Conmemorativo del Cambio de Soberanía. Según se reportó en El Nuevo Día el documento establece que hace 111 años se izó por última vez la bandera española y se elevó por primera vez la estadounidense, como representación de la transferencia del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<ul>
<li>Dr. José Anazagasty</li>
<li>Sociólogo</li>
</ul>
<p><a href="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/10/Jose_Anazagasty.jpg"><img class="size-full wp-image-234 alignright" title="Jose_Anazagasty" src="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/10/Jose_Anazagasty.jpg" alt="Jose_Anazagasty" width="169" height="180" /></a>El pasado 18 de octubre se proclamó públicamente el Día Conmemorativo del Cambio de Soberanía. Según se reportó en <em>El Nuevo Día</em> el documento establece que hace 111 años se izó por última vez la bandera española y se elevó por primera vez la estadounidense, como representación de la transferencia del control de la colonia por parte del gobierno español al estadounidense. Sobre ese cambio de soberanía el General Henry dijo en la ceremonia del “cambio de soberanía” el 18 de octubre de 1898:</p>
<blockquote><p>Alcalde and citizens: To-day the flag of the United States floats as an emblem of undisputed authority over the island of Puerto Rico, giving promise of protection to life, of liberty, prosperity, and the right of worship God in accordance with the dictates of conscience. The forty-five States represented by the stars emblazoned on the blue field of that flag unite in vouchsafing to your prosperity and protection as citizens of the American Union.</p></blockquote>
<p>Fueron muchos los puertorriqueños que celebraron aquel momento, precisamente porque para ellos la presencia de Estados Unidos representaba una garantía de democracia, progreso y modernización. Representaba además el establecimiento en Puerto Rico de un régimen laico, liberal e igualitario. Y es precisamente eso lo que celebra, según Kenneth McClintock, la proclama del Día Conmemorativo del Cambio de Soberanía. Para este, representante del gobernador en la graduación de 17 oficiales técnicos de la Guardia Nacional donde se hizo pública la proclama,</p>
<blockquote><p>La llegada de esa bandera nos ha garantizado tantos derechos y privilegios en los pasados 111 años. Antes no había plena libertad de culto, no existía el derecho al ‘hábeas corpus’, no podías decirle hijo de lo que fuera a un gobernante ni te podías tirar a la calle a protestar.</p></blockquote>
<p>Según McClintock es precisamente el régimen liberal inaugurado en Puerto Rico por los Estados Unidos el responsable de que ciudadanos como Residente de Calle 13 y la masa popular puedan protestar mediante paros o insultos las políticas del gobierno. Y que bueno que podamos hacerlo. Ciertamente, no podríamos ignorar los beneficios cívicos de ese régimen liberal. Pero las palabras de McClintock son interesantes no tanto por lo que emiten—la celebración de la inauguración de un alegado régimen liberal en Puerto Rico—sino mas bien por lo que omiten, por lo que excluyen.</p>
<p>Omiten que para muchos estadounidenses enarbolar la bandera ese octubre de 1898 era no solo afirmar la soberanía de su país sobre la isla sino además afirmar, desde una perspectiva patentemente etnocentrista, racista, e imperialista la alegada superioridad estadounidense sobre los puertorriqueños. Pero afirmar su superioridad era a su vez aseverar la inferioridad de los puertorriqueños. Y para ellos precisamente esa inferioridad—intelectual, física, cívica y moral—de los puertorriqueños era lo que demostraba que estos no estaban listos para el gobierno propio, para ese gobierno laico y liberal del que gozaban los estadounidenses.</p>
<p>Fue esa devaluación de los puertorriqueños —la que algunos asociamos a la alegoría maniquea—lo que caracteriza muchos de los libros sobre la isla escritos por varios estadounidenses poco después de la guerra hispanoamericana. Fue mi interés por esa alegoría lo que me llevó a unir fuerzas y recursos con Mario R. Cancel para realizar, con el auspicio de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades y la Universidad de Puerto Rico,  el seminario para educadores: Los Americanos y sus “Textos Imaginarios”: La Economía de la Alegoría Maniqueista y la Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926.  Nos propusimos ofrecer un seminario sabatino de siete días a educadores con el fin de brindarles la necesaria base teórica y practica para enriquecer su enseñanza de la historia de Puerto Rico y los Estados Unidos  a través del uso de una serie de libros de valor histórico publicados originalmente entre el 1898 y 1926, textos reimpresos en el 2005 por la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades bajo el nombre We the People: Puerto Rican Series. Varios colegas, entre ellos Michael González, Aníbal J. Aponte, José E. Martínez, Camille Krawiec, Walter Díaz y Lanny Thompson, así como Mario Cancel y yo, ofrecimos varias charlas sobre el maniqueísmo de estos textos durante el seminario.</p>
<p>El libro que presentamos hoy, <em>“We the People”: La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926</em>, recoge algunas de las ponencias ofrecidas por algunos de estos durante el seminario. Como lo resume la contraportada: “Este volumen recoge una serie de miradas alternativas a la invasión norteamericana del 1898. La interpretación de las textualidades generadas por los conquistadores, la construcción de una imagen de Puerto Rico sobre la base de una relación desigual y la utilización de esa imagen para justificar su presencia y articular la explotación del territorio conquistado, son el tema central de estos ensayos. Los textos de los invasores le dicen más al lector sobre ellos que sobre los puertorriqueños. Una reflexión necesaria después de un siglo de relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos. Y si algo pretendemos es que el libro nos ayude precisamente a reflexionar sobre la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Puerto Rico.</p>
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		<title>We the people y la bibliografía del 1898</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 13:51:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mario R. Cancel</dc:creator>
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		<category><![CDATA[José Anazagasty Rodríguez]]></category>
		<category><![CDATA[Mario R. Cancel]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto Rico en el siglo 19]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto Rico en el siglo 20]]></category>
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		<category><![CDATA[Historiografía]]></category>

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		<description><![CDATA[Mario R. Cancel Catedrático Asociado de Historia La invasión de 1898, inauguró el siglo 20 puertorriqueño y americano. La relación de la expansión ultramarina americana con el debilitamiento de la hegemonía europea es bien conocida. La imágenes del 1898 entre la intelectualidad puertorriqueña, sin embargo, variaron de modo notable durante el siglo 20. La épica [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<ul>
<li>Mario      R. Cancel</li>
<li>Catedrático      Asociado de Historia</li>
</ul>
<p>La invasión de 1898, inauguró el siglo 20 puertorriqueño y americano. La relación de la expansión ultramarina americana con el debilitamiento de la hegemonía europea es bien conocida. La imágenes del 1898 entre la intelectualidad puertorriqueña, sin embargo, variaron de modo notable durante el siglo 20.</p>
<p>La <em>épica</em> de la guerra en el escenario local, nunca sorprendió a nadie. En cierto modo, la guerra se peleó en Manila, Cavite, Santiago y La Habana. En San Juan, por el contrario, el cañoneo americano solo se dejó sentir en el Morro, el San Cristóbal, el Cuartel de Ballajá y la Iglesia de San José. La <em>historiografía estadounidense</em>, llegó a denominar el 1898 como la “Little Splendid War”, reduciéndola a una sacudida eléctrica poco memorable. Esa situación explica la metáfora del “1898 como picnic” de la legisladora Norma Burgos que provocó un tumulto en la UPR en 1997.</p>
<p><a href="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/09/We_the_people.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-217" title="We_the_people" src="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/09/We_the_people.jpg" alt="We_the_people" width="168" height="240" /></a>Las tradiciones interpretativas del 1930 y el 1950, convinieron en la idea manida del 1898 como un <em>trauma</em> o como una <em>ruptura</em> <em>histórica</em> en el tránsito hegeliano de la nación hacia la libertad. Toda la <em>historiografía nacionalista</em> así lo afirmó. La discontinuidad producida por la guerra se consideraba un problema. El <em>establishment</em> anexionista no vaciló en ver la invasión como una <em>superación</em> de la España aristocrática, y una garantía de que el país se encaminaría hacia la modernidad. Los sociólogos del <em>populismo</em>, celosos del desarrollismo y la estadística, dulcificaron el 1898 como la entrada en escena de un <em>hermano mayor</em> porque no querían animar el contencioso cultural entre los americanos y los puertorriqueños.</p>
<p>Desde la década del 1970 a esta parte, la percepción de los procesos que condujeron al 1898, ha cambiado mucho. La <em>nueva</em> <em>historiografía</em> <em>social</em>, que estaba a la vanguardia entonces, revisó la invasión desde el lenguaje de la lucha de clases, recalcó el papel de las <em>clases</em> <em>subalternas</em> –artesanos y obreros-; y reconoció en el 1898 la clave para explicar el <em>fin de la hegemonía de una clase</em>, la señorial y hacendada, y la intrusión de núcleos de <em>capitalistas</em> y <em>capital</em> <em>ausentistas</em> en la formación de una economía dependiente que siempre fue muy impopular y marcadamente injusta.</p>
<p>Durante la década del 1990 tres tendencias se afirmaron en la mirada del 1898: una concepción <em>geopolítica</em> y <em>macroscópica</em> que profundizó en el papel del valor geoestratégico de Puerto Rico para Estados Unidos y su Marina de Guerra durante el siglo. La otra fue una mirada <em>cultural</em> y <em>microscópica</em> que, con un lenguaje antropológico, se fijó en el impacto de la invasión en los pueblos y las comunidades que vivieron aquel proceso. La <em>literatura</em> <em>ficcional</em> sobre el 1898 fue esencial para la consolidación de aquel proceso revisionista, en particular dos textos narrativos publicados en los primeros años de la década del 1980: <em>La llegada</em> de José Luis González y <em>Seva</em> de Luis López Nieves. La tercera fue la relectura de la invasión a la luz de la <em>historiografía</em> <em>de</em> <em>las</em> <em>representaciones</em> y <em>cultural</em>, mediante la confrontación de algunos textos de la época deconstruidos con los instrumentos del <em>análisis</em> del <em>discurso</em>.</p>
<p>Un elemento común a la mayor parte de aquellos juicios ha sido que el 1898 siempre ha sido visto como un paso, legítimo o ilegítimo, hacia la modernización. El nuevo orden colonial de 1900 y sus metamorfosis hasta el presente, se han convertido en parte integral de la investigación de aquel acontecimiento. ¿Por qué publicar otro volumen sobre el 1898? <em>We the people: La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926,</em> es una aportación a la discusión por diversas razones.</p>
<p>En primer lugar, los textos han sido elaborados desde una diversidad de posiciones que inventan lenguajes originales para enfrentar un viejo problema. Aníbal J. Aponte, un especialista en teoría y desarrollo político; Michael González Cruz, especialista en el nacionalismo y la violencia política; Camille L. Krawiec, antropóloga cultural que se ocupa de la retórica ambiental y del impacto de los medios de comunicación en la era global; y José Eduardo Martínez, especialista en ecología política, articulan una propuesta renovadora sobre un problema intelectual inagotable.</p>
<p>En segundo lugar, la preocupación por la <em>representación</em> o la <em>invención</em> <em>del</em> <em>otro</em> sobre la base de la revisión de una serie de textos casi desconocidos, le da un tono nuevo. Lo que ocupa a los autores de este volumen es la <em>representación</em>, no la <em>cosa</em> y ello sin que la representación esté divorciada de la materialidad que la llena en parte. Me parece que re-visitar desde la postmodernidad un acontecimiento que ha sido considerado como el “fundador de un proyecto de modernidad” en Puerto Rico, siempre es valioso.</p>
<p>En tercer lugar, este libro demuestra que no todo ha sido dicho sobre el 1898. <em>We the people</em> es una manera de volver sobre una serie de fuentes primarias que fueron invisibilizadas durante mucho tiempo. El hecho de que las mismas no hubiesen sido reimpresas hasta el siglo 21, es relevante. El emborronamiento de aquellos textos  fue  usual a todas las estrategias interpretativas comentadas anteriormente.</p>
<p>Lo que plantea <em>We the people: La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926 </em>es la posibilidad de una <em>nueva lógica interpretativa</em> en donde la historiografía cultural y de las representaciones, la ciencia política, la antropología y las teoría de las comunicaciones han sido convocadas. La palabra ahora corresponde a los lectores.</p>
<p>Nota: Comentario en la presentación del libro en la Sala Álvarez-Nazario de la Biblioteca general del RUM. Si desea obtener una copia del libro comuníquese con Mario R. Cancel <a style="color: #909d73; text-decoration: none;" href="http://contacts/ui/ContactManager?js=RAW&amp;maximize=true&amp;hide=true&amp;position=absolute&amp;hl=es&amp;emailsLink=true&amp;sk=true&amp;titleBar=false&amp;border=NONE&amp;eventCallback=ParentStub1253497152579&amp;zx=wn1wcm-9pyuuy" target="_blank">mariocancel@gmail.com</a> o con José Anazagasty <a style="color: #909d73; text-decoration: none;" href="mailto:janazagasty@msn.com" target="_blank">janazagasty@msn.com</a></p>
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		<title>Ramón Pané: los behíques</title>
		<link>http://blogs.uprm.edu/mrcancel/2009/10/16/ramon-pane-los-behiques/</link>
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		<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 18:35:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mario R. Cancel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aruaco-taínos]]></category>
		<category><![CDATA[Cohoba]]></category>
		<category><![CDATA[Documento de historia de Puerto Rico]]></category>
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		<category><![CDATA[Sociedades agro-alfareras]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedades amerindias]]></category>

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		<description><![CDATA[Fray Ramón Pané, Relación acerca de las antigüedades de los indios. Santo Domingo, 1494 (Fragmentos) CAPÍTULO XV : De las observaciones de estos indios behíques, y cómo profesan la medicina, y enseñan a las gentes, y en sus curas medicinales muchas veces se engañan Todos, o la mayor parte de los de la isla Española, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fray Ramón Pané, <em>Relación acerca de las antigüedades de los indios</em>. Santo Domingo, 1494 (Fragmentos)</p>
<p>CAPÍTULO XV : De las observaciones de estos indios behíques, y cómo profesan la medicina, y enseñan a las gentes, y en sus curas medicinales muchas veces se engañan</p>
<p>Todos, o la mayor parte de los de la isla Española, tienen muchos cemíes de diversas suertes. Unos contienen los huesos de su padre, y de su madre, y parientes, y de sus antepasados; los cuales están hechos de piedra o de madera. Y de ambas clases tienen muchos; algunos que hablan, y otros que hacen nacer las cosas que comen, y otros que hacen llover, y otros que hacen soplar los vientos. Las cuales cosas creen aquellos simples ignorantes que hacen aquellos ídolos, o por hablar más propiamente, aquellos demonios, no teniendo conocimiento de nuestra santa fe. Cuando alguno está enfermo, le llevan el behíque, que es el médico sobredicho. El médico está obligado a guardar dieta, lo mismo que el paciente, y a poner cara de enfermo. Lo cual se hace de este modo que ahora sabréis. Es preciso que también se purgue como el enfermo; y para purgarse toman cierto polvo, llamado cohoba, aspirándolo por la nariz, el cual les embriaga de tal modo que no saben lo que se hacen; y así dicen muchas cosas fuera de juicio, en las cuales afirman que hablan con los cemíes, y que éstos les dicen que de ellos les ha venido la enfermedad.</p>
<p><em><a href="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/10/Behique.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-229" title="Behique" src="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/10/Behique.jpg" alt="Behique" width="184" height="280" /></a>CAPÍTULO XVI : </em>De lo que hacen dichos behíques</p>
<p>Cuando van a visitar a algún enfermo, antes de salir de casa toman hollín de las ollas o carbón molido, y se ponen la cara toda negra, para hacer creer al enfermo lo que les parece acerca de su enfermedad; y luego cogen algunos huesecillos y un poco de carne. Y envolviendo todo esto en alguna cosa para que no se caigan, se lo meten en la boca, estando ya el enfermo purgado con el polvo que hemos dicho. Entrado el médico en casa del enfermo, se sienta, y callan todos; y si hay niños los mandan fuera, para que no impidan su oficio al behíque, ni queda en la casa sino uno o dos de los más principales. Y estando así solos, toman algunas hierbas del güeyo…anchas, y otra hierba, envuelta en una hoja de cebolla, media cuarta de larga; y una de los dichos güeyos es la que toman todos comúnmente, y trituradas con las manos las amasan; y luego se la ponen en la boca para vomitar lo que han comido a fin de que no les haga daño. Entonces comienzan a entonar el canto susodicho; y encendiendo una antorcha toman aquel jugo. Hecho esto primero, después de estar algún tiempo quieto, se levanta el behíque, y va hacia el enfermo que está sentado solo en medio de la casa, como se ha dicho, y da dos vueltas alrededor de él, como le parece; y luego se le pone delante, y lo toma por las piernas, palpándolo por los muslos y siguiendo hasta los pies; después tira de él fuertemente, como si quisiera arrancar alguna cosa. De ahí va a la salida de la casa y cierra la puerta, y le habla diciendo: &#8220;Vete a la montaña, o al mar, o adonde quieras&#8221;. Y con un soplo, como quien sopla una paja, se vuelve una vez más, junta las manos y cierra la boca; y le tiemblan las manos, como cuando se tiene mucho frío, y se sopla las manos, y aspira el aliento, como cuando se sorbe el tuétano de un hueso, y chupa al enfermo por el cuello, o por el estómago, o por la espalda, o por las mejillas, o por el pecho, o por el vientre o por muchas partes del cuerpo. Hecho esto, comienza a toser y a hacer feos visajes, como si hubiese comido alguna cosa amarga, y escupe en la mano y saca lo que ya hemos dicho que en su casa, o por el camino, se había metido en la boca, sea piedra, o hueso, o carne, como ya se ha dicho. Y si es cosa de comer, le dice al enfermo:&#8221;Has de saber que has comido una cosa que te ha producido el mal que padeces; mira cómo te lo he sacado del cuerpo, que tu cemí te lo había puesto en el cuerpo porque no le hiciste oración, o no le fabricaste algún templo, o no le diste alguna heredad&#8221;. Y si es piedra, le dice: &#8220;Guárdala muy bien&#8221;.Y algunas veces tienen por cierto que aquellas piedras son buenas, y ayudan a hacer parir a las mujeres, y las guardan con mucho cuidado, envueltas en algodón, metiéndolas en pequeñas cestas, y les dan de comer de lo que ellos comen; y lo mismo hacen con los cemíes que tienen en casa. Algún día solemne, en que llevan mucho de comer, pescado, carne, o pan, o cualquier otra cosa, ponen de todo en la casa del cemí, para que coma de aquello el dicho ídolo. Al día siguiente llevan todas estas viandas a sus casas, después que ha comido el cemí. Y así les ayuda Dios como el cemí come de aquello, ni de otra cosa, siendo el cemí cosa muerta, formada de piedra o hecha de madera.</p>
<p><em>Comentario</em>:</p>
<p>El texto que antecede es un fragmento de un informe sobre los usos y costumbres de los “indios” de La Española preparado por el fraile Ramón Pané por órdenes de Cristóbal Colón entre 1493 y 1494. Su valor consiste en que se trata de la única fuente de información directa respecto a los naturales de la isla. A pesar de las limitaciones del fraile, de sus sesgos o prejuicios culturales, y de que la información se recogió en la isla vecina, la <em>Relación…</em> es una fuente invaluable para comprender a las comunidades que habitaban  Baneque-San Juan Bautista a la hora de la conquista.</p>
<p>El tema central del fragmento es la religión de los naturales comentada por un monoteísta radical y un cristiano fanático. La forma en que el autor destaca la multiplicidad y diversidad de los <em>cemíes</em>, y las actividades del <em>behíque</em> cuando ejecuta sus ceremonias confirmas el desprecio de Pané por la cultura del <em>otro</em>. La finalidad de desenmascarar el engaño de la magia natural se consigue mediante el relato del Capítulo XVI. En su afán por demostrar la falsedad de las creencias del <em>otro</em>, entra en numerosos detalles que hoy sirven para comprender mejor las prácticas mágico-religiosas de aquellos habitantes del Caribe.</p>
<ul>
<li>Mario R. Cancel</li>
<li>Historiador y escritor</li>
</ul>
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		<title>La  esclavitud: aspectos generales</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Oct 2009 12:05:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mario R. Cancel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Descubrimientos y exploraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Educación en historia]]></category>
		<category><![CDATA[Esclavitud negra]]></category>
		<category><![CDATA[Mercantilismo]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto Rico en el siglo 16]]></category>
		<category><![CDATA[Tráfico negrero]]></category>

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		<description><![CDATA[Mario R. Cancel Historiador y escritor La esclavitud es el sometimiento a un ser humano a la voluntad de otro para fines laborales o de todo tipo. La esclavitud, tal y como se conoció en el mundo caribeño y americano, no reconocía la condición humana del esclavo. Visto desde un punto de vista amplio, la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<ul>
<li>Mario R. Cancel</li>
<li>Historiador y escritor</li>
</ul>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-226" title="Esclavitud_Uruguay" src="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/10/Esclavitud_Uruguay.jpg" alt="Esclavitud_Uruguay" width="149" height="162" /></p>
<p>La esclavitud es el <em>sometimiento</em> a un ser humano a la voluntad de otro para fines <em>laborales </em> o de todo tipo. La esclavitud, tal y como se conoció en el mundo caribeño y americano, <em>no reconocía</em> la <em>condición humana</em> del esclavo. Visto desde un punto de vista amplio, la esclavitud <em>deshumanizaba </em>y <em>cosifica</em> al esclavo, en la medida en que lo trataba como una <em>mercancía</em> que en el mercado denominaban con el concepto <em>pieza</em>.</p>
<p>A lo largo de los siglos tanto el <em>derecho civil</em>,  el <em>mercantil</em> y el <em>eclesiástico</em>, legitimaron la institución. En la práctica, al igual que cualquier otra propiedad, el esclavo podía ser <em>transferido</em> o <em>cambiado</em> en el mercado, el producto de su <em>reproducción</em> era propiedad del amo o dueño, y el esclavo podía servir de <em>garantía</em> para obtener adelantos de dinero para la reinversión, es decir, podía ser hipotecado o empeñado.</p>
<p>El esclavo fue utilizado en lo fundamental para <em>fines laborales</em>. El sistema mercantilista reconocía su capacidad productiva y su habilidad para aprender una diversidad de destrezas, incluso especializadas, como era el caso de la labor de <em>químico</em> o <em>maestro</em> <em>azucarero</em> de los ingenios y fábricas de azúcar. El <em>trabajo esclavo</em> era compensado con el <em>sustento</em> y, en la medida en que el sistema se desarrolló, con un <em>jornal</em> <em>reducido</em> en especia o en metálico.</p>
<p>La imagen que el amo desarrollaba de sí mismo ante el esclavo era la de una <em>figura paternal</em> que actuaba con los mismas facultades de un <em>pater</em> que, desde su superioridad, premiaba y castigaba acorde con las circunstancias. Su responsabilidad, bien cumplida o no, de sostener, alimentar, educar y cristianizar al esclavo, afirmaban esa posición de control que caracterizó a los esclavistas durante siglos. Las armas con las que contaba el amo para ejecutar el castigo y el correctivo eran muchas. El <em>castigo físico</em> fue solamente una manifestación de aquel poder que reproducía el autoritarismo del <em>Estado</em> y de la relación con <em>Dios</em>, en el marco del mundo laboral. El <em>Estado</em> y la <em>Iglesia</em> convirtieron esa praxis en códigos preciso que autorizaba aquella relación desigual.</p>
<p><em>El problema histórico de la esclavitud</em></p>
<p>Antiguamente se advenía a la condición esclava por diversas razones. Como producto de de <em>un acto de bélico</em> o como consecuencia de una <em>guerra de despojo</em>. A veces con el fin legítimo de <em>cobrar</em> <em>deudas</em> no pagadas. Por motivaciones <em>religiosas</em>, como era el caso del Catolicismo que la justificó como un correctivo moral en aras de la salvación del alma. O por motivaciones <em>culturales</em>, que de un modo u otro se imbricaban y legitimaban con argumentos <em>raciales</em>. La <em>diferencia</em>, la incapacidad de apropiar al <em>otro</em> desde una perspectiva plural, ha sido el caldo de cultivo de la esclavitud.</p>
<p>Las premisas básicas de la esclavitud son difíciles de comprender desde el presente.  En primer lugar, el esclavista, al margen de su fe o de sus concepciones de derecho, acepta que los seres humanos <em>no son iguales</em> ni en <em>Estado Natural</em>, ni ante <em>Dios</em> ni ante la <em>Ley</em>. Por eso se  le hizo tan cuesta arriba a la Iglesia Católica condenar formalmente la institución. Por eso incluso potencias caracterizadas por su liberalismo y democracia como Estados Unidos, sostuvieron la legitimidad el esclavismo hasta el siglo 19.</p>
<p>En segundo lugar, el esclavista presume que los seres humanos <em>pueden ser</em> <em>igualados</em> simbólicamente por medios rituales. Un medio válido de igualarlos era integrándolos al <em>Pueblo de Dios</em> mediante la <em>conversión</em> a la fe verdadera. Como se habrá visto, en las situaciones aludidas, ni la <em>raza </em>ni la<em> cultura</em> resultaban esenciales para la esclavitud. El  papel de la <em>raza </em>y la<em> cultura</em> como signo de esclavitud solo se fueron afirmando después de 1400.</p>
<p><a href="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/10/Esclavos.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-227" title="Esclavos" src="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/10/Esclavos.jpg" alt="Esclavos" width="162" height="122" /></a>Los conflictos del siglo 15 pusieron en contacto <em>pueblos etno-culturalmente</em> distintos y desiguales. Los <em>cristianos</em> y los <em>musulmanes</em>, dos comunidades monoteístas radicales, tuvieron en el Norte de África un teatro principal de confrontación. Desde al África Mediterránea, los contactos con el África Negra se afianzaron. Los <em>cristianos</em> y los <em>musulmanes</em> vieron en el africano negro un ser susceptible de ser esclavizado. En cierto modo, su esclavización se reconfiguró como un deber moral que no se podía eludir en nombre de una presumida fe verdadera.</p>
<p>Al momento de las exploraciones iniciadas en 1492, la <em>esclavitud del africano</em> se había generalizado y con ello se echaron las bases de la idea de la <em>esclavitud negra</em> característica de los siglos 16 al 19 en América y El Caribe. No creo que sea exagerado indicar que el esclavismo musulmán y cristiano manifiesto en la experiencia portuguesa e inglesa, <em>racializaron la esclavitud</em> de manera radical. Los viajes de exploración y colonización, facilitaron la llegada de negros al Nuevo Mundo en la medida en que crearon un mercado laboral hambriento de brazos durante los siglos 16 y 17.</p>
<p><em>Los negros esclavos en América</em></p>
<p>Tan temprano como en el 1502, se autorizó la introducción de esclavos negros a La Española. Todo parece indicar que  la Corona desconfiaba de la institución, dado que  elaboró un estricto <em>sistema de permisos</em> que aspiraba a documentar la entrada de todo esclavo con el fin de controlarlos mejor. La pasión por la <em>pureza racial</em> propia de los hispano-europeos debió ser un factor crucial en el diseño de aquella política.</p>
<p>Los primeros esclavos negros eran definidos en el mercado de acuerdo con el nivel de su relación con el mundo que los esclavizaba. Se trata de una clasificación etnocentrista simple que distinguía entre los  aculturados y cristianizados –llamados <em>ladinos</em> o <em>latinos</em>-; y los  sin aculturar ni cristianizar provenientes directamente de África –conocidos como <em>bozales</em>-. En términos culturales, el <em>ladino</em> hablaba castellano y el <em>bozal</em> no. En términos semánticos, el concepto <em>ladino</em> sugería  un carácter astuto y pendenciero, y el <em>bozal</em> sugería la figura del tonto y el discapacitado. En la época aludida, un <em>bozal</em> se transformaba en <em>ladino</em> al cabo de más o menos un año de relaciones con los cristianos. Aprender la lengua, facilitaba el proceso de esclavización. El carácter despreciativo de los apelativos aplicados a los esclavos negros, reflejaba el carácter asimétrico de la relación entre las razas.</p>
<p>Para la cultura mercantil esclavista de la época, el <em>ladino</em> era una pieza entrenada y educada que se suponía más pasiva. El <em>bozal</em>, por el contrario representaba un costo extra dado que debía ser sometido y educado <em>in situ</em>. La idea de que los <em>bozales</em> eran rebeldes potenciales fue común. Pero las quejas documentadas de la época apuntaban que tanto los  <em>ladinos</em> como los  <em>bozales</em> se resistían al trabajo. El <em>entrenamiento</em> y la <em>educación</em> no hacían mucha diferencia. La necesidad de que los negros esclavos fuesen <em>sumisos</em> fue una utopía común durante 400 años.</p>
<p>En los primeros años del Imperio de Castilla, el esclavo era traficado por medio de suplidores portugueses. En 1518 Carlos I, autorizó la introducción en masa a las Antillas a razón de 4,000 al año y la institución se generalizó. La afirmación del poder hispano en tierras continentales –México- fue crucial en la decisión. Entre los años  1518 y 1886, más o menos 15 y 20 millones de negros fueron depositados en América en condición de esclavos. El porcentaje de muertos en los procesos de <em>captura</em>, en  la <em>travesía</em> y en los <em>barracones</em> era muy alto. Algunos especialistas sugieren que ello representó por lo menos 100 millones de negros africanos desarraigados por el mercado.</p>
<p>La esclavitud negra fue una de las bases de acumulación más importante en el camino hacia el <em>capitalismo moderno</em>. Del mismo modo, la pobreza endémica del África Negra se comprende mejor cuando se conoce este dato. Si los reinos africanos hubiesen estado en la posición de esclavizar a los blancos, la historia hubiese sido otra.</p>
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		<title>Reconquista, conquista y viajes de exploración</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Oct 2009 15:20:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mario R. Cancel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aruaco-taínos]]></category>
		<category><![CDATA[Colonialismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Mario R. Cancel Escritor e historiador La guerra de reconquista marcó la actitud de los hispano-europeos en el proceso del encuentro con América y El Caribe. En el caso concreto de Puerto Rico, los “cristianos” fueron propensos a denunciar al aruaco insular y al natural como un infiel y a insistir en que debía ser [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<ul>
<li>Mario R. Cancel</li>
<li>Escritor e historiador</li>
</ul>
<p>La <em>guerra de reconquista</em> marcó la actitud de los hispano-europeos en el proceso del encuentro con América y El Caribe. En el caso concreto de Puerto Rico, los “cristianos” fueron propensos a denunciar al <em>aruaco</em> <em>insular</em> y al <em>natural</em> como un <em>infiel</em> y a insistir en que debía ser <em>convertido</em> a la <em>fe verdadera</em>. Negarse ello no era una opción real ni para cristianos ni para infieles. La resistencia de los naturales solo sirvió para justificar el <em>uso de la fuerza</em>. Los textos de la conquista demuestran que la fuerza se aplicó sin escrúpulos en numerosas esferas.</p>
<p>La base ética de aquella actitud era la creencia generalizada de que el <em>aruaco insular</em> –y luego  el africano- no eran humanos. De hecho, la  <em>conversión</em> era un modo de humanizarlos. La metáfora de que <em>convertirlos</em> significaba <em>humanizarlos</em> convertía al bautismo en un pasaporte para la integración del <em>indio</em>, como le denominaban, en el <em>Pueblo de Dios</em>. Convertirlos a la fe verdadera era un <em>deber moral</em> impostergable que <em>salvaría sus almas.</em></p>
<p>Otro elemento dominante era la idea de que los <em>descubrimientos</em> eran obra de Dios y que representaban un premio a los sacrificios ejecutados por los cristianos durante la reconquista. La <em>Providencia</em> había puesto las Indias en manos de los <em>cristianos</em> para su beneficio por lo tanto, los cristianos no debían posponer el cumplimiento de su deber de ampliar el <em>Pueblo</em> <em>de</em> <em>Dios</em> a aquellas tierras antes desconocidas.</p>
<p><em><a href="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/10/exploraciones.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-224" title="exploraciones" src="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/10/exploraciones.jpg" alt="exploraciones" width="333" height="263" /></a>Efectos de los viajes de exploración</em></p>
<p>El resultado neto de los descubrimientos y viajes de exploración fue que dieron a los cristianos una ventaja <em>geo-estratégica</em> extraordinaria ante el poder musulmán. Lo más valioso  fue una <em>ruta comercial </em>alternativa<em> </em> a los mercados de India y China. Como se sabe, la <em>ruta mediterránea</em> –que pasaba por el Medio Oriente y el Norte de África- estaba en manos de musulmanes.</p>
<p>Los descubrimientos abrieron la posibilidad de una <em>ruta atlántica</em>. La concreción de ese proyecto no fue inmediata. La búsqueda de un <em>istmo</em>, un <em>canal natural </em> o un paso del Atlántico al Pacífico fue ardua. Los viajes de bojeo y la  circunvalando Sur América por el cono sur solo fue posible después de mucho tiempo. La ruta terminó siendo una de <em>mar</em> y <em>tierra</em> que combinaba el uso de embarcaciones de carga grandes con carreras de mulas, acorde con la geografía americana.</p>
<p>En el ínterin, los hispano-europeos y cristianos se dedicaron a la explotación de las tierras descubiertas. El <em>Nuevo Mundo</em> fue integrado al <em>mercado</em> <em>europeo</em> y aislado del mercado musulmán. Las formas del colonialismo moderno se fortalecieron en aquel momento. El <em>Nuevo Mundo</em> sería un <em>suplidor</em> <em>de</em> <em>lujos</em> y <em>materias primas</em> preciadas para los europeos. Aquel orbe en crecimiento también sería un <em>mercado de consumo</em> cautivo para los productos excedentes europeos. El <em>proteccionismo</em> de la producción de los empresarios peninsulares y la <em>prohibición de la competencia</em> de los productores de las Indias, fue un mecanismo de control muy eficaz. Lo que luego se llamó <em>mercado libre</em> era interpretado como una amenaza. Para ello se necesitaba un estado fuerte por lo que la <em>Monarquía</em> <em>Autoritaria</em> se afirmó: Carlos V y Felipe II son los mejores emblemas de aquel momento. El <em>Nuevo Mundo</em> fue sometido al <em>capital comercial europeo</em>: el <em>mercatilismo</em> moderno había hecho su aparición. Los beneficiarios inmediatos del proceso fueron las Monarquías Autoritarias Cristianas <em>Castilla</em> y <em>Portugal</em>.</p>
<p>La nueva situación aumentó el volumen de oro y plata en manos europeas y alteró el patrón de precios a nivel continental. Europa se fue convirtiendo en una zona económica capaz de competir con los grandes mercados del Sur y del Sudeste Asiático, el mítico Oriente Lejano. A la larga, India, China y Japón, quedarían a expensas del poder europeo. Los musulmanes perdieron mucho de su poder en aquella región. El  <em>Mundo Moderno</em> sería uno controlado por <em>Europa Occidental</em>.</p>
<p>Por último, los viajes de exploración provocaron un debate intelectual muy intenso. Las nociones geográficas tradicionales –la idea de origen trinitario de los 3 continentes- fueron revisadas. El hallazgo de culturas con las características de las encontradas en el <em>Nuevo Mundo</em>, puso en duda la idea del <em>progreso unitario</em> de la humanidad. La necesidad de explicar aquellos descubrimientos y administrar bien aquel espacio, estimuló una unidad más íntima entre el <em>Estado</em> y la <em>Iglesia</em>. En Castilla se convirtió a la Iglesia en una <em>dependencia</em> <em>del</em> <em>Estado</em>. Ello coadyuvó a crear un tipo de <em>Estado Fuerte</em> alrededor de la figura del <em>Monarca</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Conclusiones</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Los viajes fueron una <em>aventura</em> <em>geopolítica</em> y <em>religiosa </em>que ayuda a fundar las bases<em> </em>del<em> Mundo Moderno.</em> La nueva situación animó la <em>actividad empresarial</em> hispana. Ese procesó vinculó al <em>Estado</em> -la <em>Monarquía</em>- y la <em>Iglesia</em> <em>Católica</em>, al <em>capitalismo comercial ascendente</em>.El <em>Estado</em> las autorizaba y apoyaba materialmente; y la <em>Iglesia</em> las legitimaba y obtenía beneficios concretos para el <em>Pueblo de Dios</em>.</p>
<p>Siempre se trató de viajes regulados mediante un <em>Contrato</em> o <em>Capitulación</em> en el cual se establecían los beneficios de la <em>Monarquía</em> y del <em>Descubridor</em>, y los deberes de ambos con la <em>Iglesia Católica</em>. Convertir a los <em>infieles</em> era un deber contractual. La explotación económica de las tierras americanas se administró desde la ciudad de Sevilla, lugar en el que se desarrolló un poderoso  <em>gremio</em> o <em>cartel</em> <em>comercial</em>. Desde allí se establecieron las pautas económicas de  todo el proceso.</p>
<p>Los procesos de conquista y colonización establecieron un régimen de propiedad que duró hasta el siglo 18. Igual que el <em>mercado libre</em>, la <em>propiedad privada</em> de la tierra era una rareza. Las <em>tierras descubiertas</em> eran propiedad personal del Rey o Reina –realengas-.  Los únicos sectores con acceso a tierra titulada eran los conquistadores de primera generación. La <em>administración</em> de las tierras era responsabilidad del <em>Conquistador</em>. Los  <em>beneficios de la tierra</em> se distribuían entre el <em>Conquistador </em> y la <em>Corona</em>. La <em>Corona </em> y el <em>Conquistador</em> se comprometían a difundir la <em>fe verdadera</em>. Una economía social eficaz podía garantizar a la jerarquía eclesiástica y al cura común una vida holgada. Recuérdese que el cura vive de los <em>derechos de estola</em> y de los servicios que ofrece en la <em>cura de almas</em>. La utopía imperial se afirmaba sobre aquellos preceptos. La realidad era, sin embargo, muy distinta.</p>
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		<title>We the people: invitación a la lectura</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Oct 2009 18:56:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mario R. Cancel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia militar de Puerto Rico]]></category>
		<category><![CDATA[Historiografía y teoría]]></category>
		<category><![CDATA[Invasión de 1898]]></category>
		<category><![CDATA[José Anazagasty Rodríguez]]></category>
		<category><![CDATA[Mario R. Cancel]]></category>
		<category><![CDATA[Mercado y ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Política y ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto Rico en el siglo 20]]></category>
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		<description><![CDATA[We the people:  La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926, volumen editado por José Anazagasty Rodríguez y Mario R. Cancel (EMS, 2008) es una colección de lecturas transdisciplinaria sobre el momento del 1898. Se trata de una nueva conversación sobre el encuentro de dos mundos distintos como producto de una acción bélica a 11 años de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/09/We_the_people.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-217" title="We_the_people" src="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/09/We_the_people.jpg" alt="We_the_people" width="224" height="320" /></a>We the people:  La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926</em>, volumen editado por José Anazagasty Rodríguez y Mario R. Cancel (EMS, 2008) es una colección de lecturas transdisciplinaria sobre el momento del 1898. Se trata de una nueva conversación sobre el encuentro de dos mundos distintos como producto de una acción bélica a 11 años de la conmemoración oficial de su centenario. Al cabo de la lectura de esta colección no queda la menor duda del impacto que tuvo la asimetría de las partes involucradas en la representación que elaboraron del otro. Los valores de este libro son diversos.</p>
<p>En primer lugar, los textos han sido elaborados desde una diversidad de posiciones que inventan lenguajes nuevos para enfrentar un viejo problema. Aníbal J. Aponte, un especialista en teoría y desarrollo político; Michael González Cruz, especialista en nacionalismo y la violencia política; Camille L. Krawiec, antropóloga cultural que se ocupa de la retórica ambiental y del impacto de los medios de comunicación en la era global; y José Eduardo Martínez, especialista en ecología política, articulan una propuesta original sobre un problema intelectual inagotable. La preocupación cardinal por la <em>representación </em>o la <em>invención del otro</em> le da un tono nuevo: conduce al lector a pensar más en el <em>reflejo </em>que en la <em>cosa</em>.</p>
<p>En segundo lugar, la colección demuestra que la interpretación de la relación  entre Estados Unidos y Puerto Rico ha cambiado mucho durante el siglo. Los elementos que llamaban la atención en 1900 ya no son tan atractivos. En la frontera de la era global la mirada se ejecuta desde un lugar distinto, haciendo que la imagen que se obtiene también sea otra. Si bien las preocupaciones tradicionales no desaparecen del todo de estos textos, la manera de expresarlas diverge de aquella a la que el lector interesado está acostumbrado. Me parece que re-visitar desde la postmodernidad un acontecimiento complejo que ha sido considerado como el &#8220;fundador de un proyecto de modernidad&#8221; legítimo, siempre es valioso.</p>
<p>En tercer lugar, este libro demuestra una vez más que no todo ha sido dicho sobre el 1898. <em>We the people</em> es una manera de volver sobre una serie de fuentes primarias que fueron invisibilizadas durante mucho tiempo. El hecho de que las mismas no hubiesen sido reimpresas hasta el siglo 21, es crucial. El emborronamiento de aquellos textos  fue  común lo mismo a la <em>tradición historiográfica nacionalista</em> puertorriqueña nacida de la difícil era de la Gran Depresión; como a los intérpretes de la <em>sociología de la modernización</em> propia de la era del Populismo. Como se sabe, la <em>nueva historia social</em> del 1970 tampoco se ocupó de ellas. Los sociólogos del populismo, celosos del desarrollismo y la estadística, no necesitaban animar el contencioso cultural entre los americanos y los puertorriqueños. Los <em>nuevos historiadores sociales</em> no podían ver en estos libros una fuente legítima por consideraciones de metodología: en ellos las clases subalternas son dibujadas como un detalle pintoresco detestable y vacío de contenido.</p>
<p>Lo que plantea <em>We</em><em> the people:  La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926 </em>es la posibilidad de una nueva lógica interpretativa en donde la historiografía cultural y de las representaciones, la ciencia política, la antropología y las teoría de las comunicaciones han sido convocadas. La palabra ahora corresponde a los lectores.</p>
<p>Si desea obtener una copia del libro comuníquese con Mario R. Cancel <a href="http://contacts/ui/ContactManager?js=RAW&amp;maximize=true&amp;hide=true&amp;position=absolute&amp;hl=es&amp;emailsLink=true&amp;sk=true&amp;titleBar=false&amp;border=NONE&amp;eventCallback=ParentStub1253497152579&amp;zx=wn1wcm-9pyuuy" target="_blank">mariocancel@gmail.com</a> o con José Anazagasty <a href="mailto:janazagasty@msn.com" target="_blank">janazagasty@msn.com</a></p>
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		<title>Jean Baptiste Labat: la yuca</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Sep 2009 18:06:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mario R. Cancel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aruaco-taínos]]></category>
		<category><![CDATA[Educación en historia]]></category>
		<category><![CDATA[Jean Baptiste Labat]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto Rico en el siglo 16]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedades agro-alfareras]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedades amerindias]]></category>

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		<description><![CDATA[Padre Jean Baptiste Labat, Nuevo viaje a las Islas de la América. Volumen I. (Paris, 1772). Capítulo XVI (Fragmento) De la mandioca He dicho en algunos lugares más atrás que el casabe y la harina de mandioca sirven de pan a la mayor parte de los habitantes blancos, negros y rojos de las Islas, es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Padre Jean Baptiste Labat, <em>Nuevo viaje a las Islas de la América. Volumen I</em>. (Paris, 1772). Capítulo XVI (Fragmento)</p>
<p><em>De la mandioca</em></p>
<p>He dicho en algunos lugares más atrás que el casabe y la harina de mandioca sirven de pan a la mayor parte de los habitantes blancos, negros y rojos de las Islas, es decir, a los europeos, los negros y los salvajes. Y creo que es a propósito explicar aquí lo que es el casabe y la harina de mandioca después que haya descrito el árbol o arbolillo que la produce y la manera en que se le cultiva.</p>
<p><a href="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/09/Yuca.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-219" title="Yuca" src="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/09/Yuca.jpg" alt="Yuca" width="224" height="166" /></a>La mandioca es un arbolillo cuya corteza es gris, roja o violeta según las diferentes especies de albura que ella cubre. La corteza de todas las especies es muy delgada. Crece hasta una altura de siete u ocho pies. A esta altura el tronco es grueso como el brazo. El tronco y las ramas están llenas de nudos bastante cerca los unos de los otros, con pequeñas excrecencias que marcan los lugares donde estaban las hojas que han caído, pues a medida que el árbol crece, las hojas se desprenden de la parte inferior de las ramas, y no se las encuentra más que en las partes más altas. La madera es blanca y quebradiza; crece mejor de plantones que de semillas: al menos es seguro que no se tendrá sino poca raíz comestible si se siembra la semilla que produce. Su hoja es como un trébol alargado, o mejor como una hoja de vid mediana que se hubiese cortado a lo largo de sus nervaduras y a la que no se le hubiere dejado de cada lado más que medio dedo de ancho. Su raíz principal echa a su alrededor otras tres o cuatro y hasta seis o siete de diferente grueso y largo, según la edad del árbol y la bondad del terreno. Las he visto gruesas como la pierna, pero eso es extraordinario. Comúnmente son del tamaño de las más grandes remolachas. La corteza de las raíces es del color de la del árbol, es decir, gris cuando el árbol es gris, roja cuando el árbol es rojo, pero el interior es siempre blanco y de la consistencia de los nabos; hay raíces que están maduras en ocho meses. Se llama al árbol o mandioca que las produce, mandioca blanca o de bejuco. Las otras especies como la mandioca de hojas grandes, la mandioca roja y las demás especies necesitan catorce e incluso dieciocho meses para llegar a su pleno tamaño y madurez.</p>
<p>Se sabe ya que este arbolillo crece de plantones; todo lo que se necesita para plantarlo es hacer un hoyo de alrededor de un pie y medio de largo y de cinco a seis pulgadas de profundidad, en el cual se acuestan dos trozos de esta planta de quince a dieciséis pulgadas de largo, uno de cuyos extremos se deja un poco fuera de tierra, después de lo cual se los cubre con la tierra que se ha sacado del agujero donde se los ha puesto. Se alejan los hoyos unos de los otros de acuerdo a la bondad del terreno; por lo común se dejan entre ellos dos pies y medio de distancia. Se tiene cuidado de escardar las hierbas que crecen alrededor por temor a que sofoquen las nuevas plantas.</p>
<p>Cuando se juzga que las raíces han logrado todo el grosor y la madurez que pueden conseguir de acuerdo a la calidad de la mandioca que las ha producido, se las arranca de tierra a medida que se tiene necesidad de ellas, lo que se hace arrancando la planta toda entera, con lo cual las raíces no dejan de salir, y en caso de que alguna se separe, lo que es fácil de notar, se la excava con la azada. No se necesita gran fuerza para arrancar este tipo de plantas, pues además de que los terrenos no son extremadamente duros, las raíces no están muy adentro de la tierra. Una vez que se han sacado estas raíces, los negros destinados a esta tarea rascan o raspan la corteza con un cuchillo mellado, como se hace con los nabos, y las arrojan a una batea llena de agua donde se las lava bien, después de lo cual se las ralla, es decir, se las reduce a una especie de harina muy húmeda que parece un aserrín grueso de madera, lo que se hace pasando fuertemente la raíz sobre un rallador de cobre, como se pasa el azúcar. Estos ralladores de cobre se llaman rallos y el trabajo que se hace por medio de ellos rallar, y tienen de quince a dieciocho pulgadas de largo por diez o doce de ancho. Se los sujeta con clavitos a una tabla de tres pies y medio de largo y un pie: ancho, colocados no en toda su anchura, sino en el centro. El negro que ralla pone un extremo de la tabla con el rallador en una batea o cuba de madera y apoya el otro contra su estómago; tiene a su lado un cesto donde están las raíces bien raspadas y lavadas, y toma una en cada mano y las pasa y repasa sobre el rallo, apoyándolas fuertemente hasta que las ha reducido a harina.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-220" title="boinayel" src="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/09/boinayel.jpg" alt="boinayel" width="249" height="157" /></p>
<p>Después que se han rallado todas las raíces arrancadas, se toma la harina que está en la batea y se la lleva a la prensa para exprimirle todo el jugo de que está llena. Se considera este jugo como un veneno, no solamente para los hombres sino también para los animales que lo beben, o comen las raíces antes de que el jugo le haya sido exprimido. El padre Du Tertre y los otros que han hablado de este jugo dicen que no es un veneno malsano lo que causa la muerte, sino que al tener demasiada sustancia, el estómago de los animales no lo puede digerir y con ello se asfixian. Lo que se manifiesta en que los animales que mueren de ello no tienen alteradas las partes nobles, sino solamente el pecho hinchado.</p>
<p>Los diferentes experimentos que he hecho con este jugo me han convencido de que, además de esta abundancia de sustancia alimenticia, una parte de su malignidad consiste en su frialdad, que detiene la circulación de la sangre, entumece los humores y al final causa la muerte sin atacar las partes nobles del animal; la razón en la que me baso es que el mejor remedio que se ha encontrado hasta el presente para salvar la vida de los animales que de él han bebido es excitar en ellos violentos movimientos, haciéndoles correr lo más rápido que se pueda, calentándolos al hacerles tragar el ron más fuerte con la teriaca después de haberles hecho tomar aceite para excitarles a vomitar lo que han tomado; en una palabra, activando los humores y poniendo la sangre en movimiento.</p>
<p>El padre Du Tertre da tres remedios para impedir los malos efectos del jugo de la mandioca. El primero es hacer beber aceite de oliva con agua tibia, y eso excita el vómito y no puede dejar de dar alivio.</p>
<p>El segundo es beber gran cantidad de jugo de piña con algunas gotas de limón.</p>
<p>Yo sé que el jugo de piña es muy incisivo y muy frío, tal como el de limón, y es esto lo que me hace dudar de la bondad de este remedio, aunque él lo da por infalible.</p>
<p>El tercero es el jugo de la hierba de las culebras.</p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Comentario:</em></p>
<p>El primer apunte valioso del texto es el hecho de que hacia el siglo 18, el consumo de yuca y casabe se había generalizado en las Antillas y que era un alimento común de “los europeos, los negros y los salvajes”. Su lenguaje demuestra que, en la jerarquía de las etnias locales, los naturales ocupaban la posición más baja.</p>
<p>De inmediato hace una descripción de la planta propia de un naturalista, y de la forma en que la misma de reproduce: mediante plantones o espeques. Para hacer comprensible a un público europeo su información, compara la hoja de la yuca con el trébol y la vid, y el tamaño de la planta con el arbusto de remolacha, elementos conocidos por su público lector.</p>
<p>Los métodos de siembra, cosecha y preparación del producto ocupan buena parte del texto. El equipo para preparar el producto es reducido: un rallador o guayo de cobre y una batea, similares a los que se usaban para moler la pasta de azúcar moscabada con el fin de producir un granulado dulce.</p>
<p>La explicación de los efectos del veneno de la yuca puede ser de utilidad para comprender algunas prácticas de los aruaco-taínos comentados en las crónicas de Indias en especial sus prácticas de suicidio. La preocupación por encontrar un remedio para los efectos de la ingestión del veneno y los antídotos sugeridos, demuestra la forma en que la ciencia europea enfrentó realidades desconocidos con el fin de controlarlos y ponerlos a su servicio.</p>
<ul>
<li>Mario R. Cancel</li>
<li>Historiador y escritor</li>
</ul>
<ul></ul>
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		<title>“We the People”: La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Sep 2009 21:03:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mario R. Cancel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de Puerto Rico]]></category>
		<category><![CDATA[Historia militar de Puerto Rico]]></category>
		<category><![CDATA[Invasión de 1898]]></category>
		<category><![CDATA[José Anazagasty Rodríguez]]></category>
		<category><![CDATA[Mario R. Cancel]]></category>
		<category><![CDATA[We the people]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya está disponible el libro “We the People”: La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926, editado por José Anazagasty y Mario R. Cancel (2008). El libro reúne varias de las ponencias presentadas por varios especialistas en el Seminario Los Americanos y sus “Textos Imaginarios”: La Economía de la Alegoría Maniqueísta y la  Representación Americana de los Puertorriqueños, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/09/We_the_people.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-217" title="We_the_people" src="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/09/We_the_people.jpg" alt="We_the_people" width="179" height="256" /></a>Ya está disponible el libro “<em>We the People”: La Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926</em>, editado por José Anazagasty y Mario R. Cancel (2008). El libro reúne varias de las ponencias presentadas por varios especialistas en el Seminario <em>Los Americanos y sus “Textos Imaginarios”: La Economía de la Alegoría Maniqueísta y la  Representación Americana de los Puertorriqueños, 1898-1926</em>. Este Seminario fue auspiciado por La Fundación Puertorriqueña de las Humanidades y el Recinto Universitario de Mayagüez. El seminario giró alrededor de la colección <em>We the People: Puerto Rican Series</em> que la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, la National Endowement for the Humanities, la Academia Puertorriqueña de la Historia y la Oficina del Historiador Oficial de Puerto Rico hicieron posible en el 2005.</p>
<p>El volumen recoge una serie de miradas alternativas a la invasión norteamericana del 1898, entre ellas las Camille L. Krawiec, Michael González Cruz, Aníbal J. Aponte  y José E. Martínez. La interpretación de las textualidades producidas por los estadounidenses, la construcción de una imagen de Puerto Rico sobre la base de una relación desigual y el uso de esa imagen para justificar su intervención y explotación de la isla, son el tema central de estos ensayos. Los textos de los invasores le dicen más al lector sobre ellos que sobre los puertorriqueños. Los ensayos incluidos en este volumen constituyen la intervención importante de varios intelectuales en el enriquecimiento del conocimiento existente sobre la relación de los textos una vertiente ignorada de la historiografía puertorriqueña al discurso colonial estadounidense, la construcción estadounidense de la isla y sus habitantes, y la colaboración de esos textos en la realización de la administración colonial pos invasión en  la Isla.</p>
<p>Si desea obtener una copia del libro comuníquese con Mario R. Cancel   <a href="http://contacts/ui/ContactManager?js=RAW&amp;maximize=true&amp;hide=true&amp;position=absolute&amp;hl=es&amp;emailsLink=true&amp;sk=true&amp;titleBar=false&amp;border=NONE&amp;eventCallback=ParentStub1253497152579&amp;zx=wn1wcm-9pyuuy" target="_blank">mariocancel@gmail.com</a> ó con José Anazagasty <a href="mailto:janazagasty@msn.com" target="_blank">janazagasty@msn.com</a></p>
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		<title>El Gran Caribe, la geopolítica y la historia de Puerto Rico</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Aug 2009 14:12:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mario R. Cancel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
		<category><![CDATA[Gran Caribe]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de Puerto Rico]]></category>
		<category><![CDATA[Historia militar de Puerto Rico]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto Rico en el siglo 20]]></category>

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		<description><![CDATA[Mario R. Cancel Historiador y escritor Puerto Rico es un país caribeño. Su imagen está ligada a la condición geográfica desde que fue descubierto por los europeos. De acuerdo con los estudiosos, su localización geo-estratégica es quizá su recurso natural más importante y el más determinante en toda su historia política y social. Puerto Rico [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<ul>
<li>Mario R. Cancel</li>
<li>Historiador y escritor</li>
</ul>
<p>Puerto Rico es un país caribeño. Su imagen está ligada a la condición geográfica desde que fue descubierto por los europeos. De acuerdo con los estudiosos, su localización geo-estratégica es quizá su <em>recurso natural</em> más importante y el más determinante en toda su historia política y social.</p>
<p><em>Puerto Rico en el mundo</em></p>
<p>Desde el siglo 16 se reconoce que Puerto Rico ocupa una <em>posición central</em> para la comunicación entre 4 continentes. Viajando de África o Europa hacia la región del Golfo de México, esta es la <em>primera isla grande</em> con que se topa el viajero. Su posición en el centro de una cadena de islas, la convierte en un <em>eslabón</em> o <em>frontera</em> entre las Antillas Mayores y Menores. Pero esa situación también la transforma en una <em>frontera</em> entre el <em>Caribe Occidental </em>identificado con las Antillas Mayores,<em> </em>y el <em>Caribe Oriental</em> identificado con las Antillas Menores. Buena parte de la inestabilidad y el subdesarrollo de Puerto Rico durante los siglos 16, 17 y 18 tiene que ver con ello.</p>
<p>Los dos Caribes y sus islas han terminado siendo dos mundos distintos a pesar de la historia común y la cercanía geográfica. El <em>Caribe Occidental</em> fue una zona de dominada por la tradición hispana y que, durante el siglo 19, terminó bajo la influencia de Estados Unidos. La presencia francesa e inglesa en esta zona se limita Haití y Jamaica, sociedades en donde la presencia de un fuerte componente afrocaribeño es más visible que su origen europeo</p>
<p>El <em>Caribe Oriental</em>, por otro lado, aparece dominado por ingleses, franceses, daneses y holandeses especialmente desde principios del siglo 17. La nota dominante es la poca presencia hispánica. La influencia de Estados Unidos en la zona siempre ha sido indirecta. Ello no ha impedido la intervención directa de Estados Unidos en la zona. En octubre de 1983, el Gobierno Republicano de Ronald Reagan, ejecutó una invasión a la isla de con el fin de derrocar al Primer Ministro Maurice Bishop, quien había estrechado las relaciones políticas con Cuba y se hacía llamar socialista.</p>
<p>Lo cierto es que lo mismo en el <em>Caribe Occidental </em>como en el <em>Caribe Oriental</em>, el modelo americano de vida ha sido admirado desde el siglo 19 y que la emigración de los insulares a buscar la promesa de bienestar en estados Unidos, es un fenómeno común.</p>
<p>Puerto Rico se encuentra, en cierto modo, aislado de ambos Caribes. Visto desde España, el resto del Caribe e Hispanoamérica, por lo regular se le interpreta como “parte de Estados Unidos” y como portavoz de las posturas americanas en la zona.</p>
<p><a href="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/08/PR_Morden.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-214" title="PR_Morden" src="http://blogs.uprm.edu/mrcancel/files/2009/08/PR_Morden.jpg" alt="PR_Morden" width="315" height="274" /></a>La posición geográfica de Puerto Rico fue decisiva en la <em>evolución política</em> bajo España. Los peninsulares utilizaron el territorio para sus fines expansivos e imperialistas durante el siglo 16. Puerto Rico, entonces San Juan Bautista, fue una de las bases para garantizar la conquista de Perú desde 1534. Su condición de <em>frontera</em> entre el Caribe Occidental y Oriental, lo convirtió en punto de choque entre los intereses españoles y sus enemigos después de 1600.</p>
<p>Desde 1808 la isla fue usada como base de operaciones y de espionaje contra el separatismo de México y Caracas y las prisiones de la capital albergaron rebeldes internacionales en diversos momentos.</p>
<p>La posición geográfica de Puerto Rico también fue crucial en su traspaso a Estados Unidos en 1899. El nuevo soberano utilizó el territorio para afirmar sus intereses geoestratégicos de inmediato. Puerto Rico fue considerado una clave para la protección del Canal de Panamá abierto en 1914. También fue considerado clave en la fase de la “Guerra del Caribe” contra los alemanes en 1941. Cuando las relaciones con Cuba se pusieron tensas entre 1959 y 1961, Puerto Rico fue convertido en la “Vitrina de la Democracia. Y durante el periodo de 1983 a 1984, la Iniciativa para la Cuenca del Caribe de Ronald Reagan hizo de la economía local una avanzada del neoliberalismo. La relación de Puerto Rico con dos imperios se explica en buena medida cuando se reconoce el valor geoestratégico que posee.</p>
<p><em>Puerto Rico: un archipiélago caribeño</em></p>
<p>Puerto Rico es un conjunto de islas compuesto de una <em>Isla Grande</em>, dos <em>Islas Municipio</em> y numerosos <em>cayos e islotes</em> deshabitados con mucho valor turístico y científico. Para los intereses geoestratégico de Estados Unidos, el centro de interés ha estado en la <em>Isla</em> <em>Grande</em> y las <em>Islas</em> <em>Municipio</em>.</p>
<p>El ejército de Estados Unidos mostró mucha premura en ocupar las bases militares españolas cuando se retiró ese pode en 1899. En 1901 había reclamado Culebra y en 1903 el Yunque fue declarado reserva forestal. La Isla Grande ha sido zona de zona de inversión militar intensa desde 1937 debido al ambiente bélico que dominaba en Europa. La incursión Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial en 1942, afianzó la inversión. Desde 1947 en medio de la Guerra Fría contra el comunismo el proceso parecía no tener fin. La administraciones de Franklyn Delano Roosevelt y Harry S. Truman fueron cruciales en ello.</p>
<p>Las Islas Municipio fueron zonas de práctica de la Marina de Guerra de EU durante largos periodos de tiempo: <em>Vieques</em> (1947-2003) y <em>Culebra</em> (1901-1975). Sólo desde el 2003, han comenzado a marcarse una tendencia al cierre de las bases militares americanas del territorio. La recuperación económica de las zonas militarizadas no ha sido fácil, sin embargo. Los islotes de <em>Mona</em> y <em>Desecheo</em> son reservas naturales propias para el ecoturismo que, sin embargo, han sido subutilizadas para ese propósito. Todo parece indicar que falta una <em>visión integrada</em> de que el valor ecológico no es incompatible con el valor económico.</p>
<p>La idea de que Puerto Rico es parte de una comunidad mayor, el <em>Gran Caribe</em>, a la cual es necesario integrarse, es cada vez más pertinente.</p>
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