Voces de Prepas

Cuentos de primera mano

Melitza Torres Orengo

Del 29 de junio de 1988. Estudia Microbiología Industrial. Entre sus metas está continuar estudiando y graduarse en Oncología Pediátrica. Lo que más le gusta del Colegio es que los profesores son accesibles para los estudiantes y brindan ayuda.

“Negarse a la posibilidad de amar por tener miedo

es como suicidarse por temer a morir”.

Anónimo

Déjate amar

La carretera estaba vacía, fría y oscura cuando Victoria la atravesó. Era como un reflejo de su alma. Pasaba por allí todas las noches después de salir de su trabajo en una cafetería para desvelados. Tenía veintitrés años y con tan poca edad había vivido muchas decepciones y frustraciones que drásticamente cambiaron su forma de ser. Le quedaba solamente su mejor amigo, Orlando, quien la amaba con toda su alma, en el más profundo secreto.

Tres años atrás le había sucedido una de sus más grandes decepciones. Había amado a un hombre que al principio parecía perfecto. Era muy atento con ella, le dedicaba tiempo, compartían todo, se hablaban y contaban todo y se amaban con furia y locura. Hasta que un día todo cambió. Ella no se explicaba lo que sucedía, pues él la había abandonado. Al poco tiempo, Victoria lo vio con otra mujer y se dio cuenta de que él solamente la había utilizado, humillado, lastimado y traicionado. Fue desde ese momento que ella cambió su forma de amar y ser amada. Le cerró todas las posibilidades al amor. Se hizo una mujer vacía, desconfiada, desesperanzada, solitaria y fría. La única persona que estuvo a su lado y lloró junto a ella como ya nadie lo hace fue
Orlando. Orlando tenía la misma edad de Victoria, con la diferencia de dos meses. Era tierno, sincero, maravilloso, un verdadero amigo. Él se había enamorado de Victoria desde antes de que ella conociera a aquel hombre que tanto daño le había hecho. Desde entonces él la amó sin reserva. Era capaz de buscar lo que fuera, donde fuera, para hacerla sonreír.

Después de un largo tiempo, Victoria comenzó a ver que el reflejo de los hermosos ojos de su mejor amigo tenía algo especial. Ella estaba segura de que el corazón de su amigo había encontrado un amor, ese amor que te hace ver todo perfecto al cual ella había renunciado. Orlando, por su parte, no lo negaba, más bien, lo admitía. Él sólo esperaba el momento oportuno para decirle lo que ella era capaz de producirle con tan sólo mirarlo. Fue aquella noche en la que Victoria salía de su trabajo cuando él se decidió a confesarle todo su amor. Victoria llegó a su apartamento y a los treinta minutos Orlando estaba frente a ella. Ella ya había dejado de pensar en aquel hombre pero se había propuesto nunca dejar que alguien la amara ni ella hacerlo.

Orlando fue muy perseverante. Pasaron seis meses desde aquella noche en la que ella había agotado todas sus lágrimas, puesto que no aceptaba los sentimientos del joven. Durante el transcurso de ese tiempo, ella decidió conocerlo de otra amanera, como hombre. Orlando la amaba cada día más. De pronto, ella se dio la oportunidad y floreció, de ese corazón lleno de miedo, un amor diferente al que se siente por un amigo, el amor al cual ella un día se había negado. Orlando le pidió que estuvieran juntos por el resto de los días de vida que les quedaban a ambos y Victoria aceptó. Él fue el hombre que hizo que su corazón fuera capaz de volver a latir, a tener esperanzas, a volver a vivir, a dejar que fuera amado.

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