Irving E. Rivera Pérez
De Aguada. Nació el 30 de octubre de l987. Es un enamorado de Puerto Rico y le encantan los deportes, especialmente el béisbol, que practica desde los tres años. Aspira a unirse al equipo del Colegio. Estudia en el Departamento de Administración de Empresas y su rama es la Contabilidad porque quiere ser un Contador Público Autorizado y después estudiar leyes para convertirse en Abogado. Le gusta el ambiente de estudio del RUM y, por supuesto, el edificio de Administración de Empresas.
Dumbo Jumbo el salvador
Dumbo Jumbo era un elefante muy grande que vivía en el Este Celeste. Cuando salía de aventuras con sus amigos Lisa la Cotorra, Mono Loco y Bebe León, solía cargarlos en su espalda durante todo el tiempo. A sus amigos les gustaba y cuando llegaban al Río Frío, se resbalaban por su trompa para caer en el agua. Después de gozarse el agua, Dumbo Jumbo los secaba tirándoles una brisa muy fuerte con sus orejas muy grandes. Al terminar el día, Dumbo Jumbo se quedaba triste porque sus amigos nunca querían jugar con él porque era muy grande y ellos, muy pequeños.
Uno de los días, Dumbo Jumbo les preguntó a sus amigos si él podía jugar con ellos y contestaron que no. Le preguntaban que por qué mejor no se quedaba acostado debajo de la sombra de un palo y así no los lastimaba. De todas formas, era un camino largo de regreso y ellos no querían que Dumbo Jumbo se cansara, pues él los cargaba. El elefante nunca se quejaba, miraba a sus amigos jugando, veía qué ágiles y rápidos eran y solía preguntarse por qué él era tan grande y tan pesado, pues quería ser pequeño para jugar con ellos.
Un día de aventuras, mientras Dumbo Jumbo dormía a la sombra del palo, sus amigos jugaban y se bañaban en el río. Estaban tan divertidos y distraídos que no se dieron cuenta de que los animales salvajes del Norte Negro venían. Cuando éstos estaban a punto de hacerles daño, Dumbo Jumbo saltó y los protegió con su trompa y sus orejas. Los animales salvajes lo vieron tan grande que se asustaron y se fueron. Sus amigos se alegraron y dieron gracias al elefante por salvarlos. Desde ese día, la suerte del elefante cambió y él era el primero en comenzar a jugar.